La Voz de Asturias

Quince menores asturianos son abandonados cada año

Asturias

Susana D. Machargo Redacción

Infancia tramita expedientes de progenitores que desertan de sus funciones. Casi un centenar de padres reclama ayuda al Principado porque no puede controlar la conducta de sus hijos

18 May 2016. Actualizado a las 21:58 h.

En el año 2007 una gijonesa lanzaba un SOS a través de los medios de comunicación. «No puedo con mi hija», señalaba, y pedía al Gobierno del Principado que se hiciera cargo de la menor, que presentaba un grave problema de conducta. Nueve años después el Principado gestiona casi un centenar de expedientes al año de menores problemáticos que escapan al control de sus padres y tutores. Algunos no pisan el aula pese a estar en una edad de escolarización obligatoria, otros se fugan y los hay que presentan lo que se denomina conductas disruptivas. Pero casi la mitad tiene un origen mucho más concreto: la incapacidad parental de controlar la conducta del joven. Solo en 2015, el Instituto de la Infancia de Asturias atendió 44 de estos casos. Para la Administración asturiana, son situaciones de desprotección infantil que se deben atender con todas las precauciones.

Estas dificultades de conductas de los menores representan dos de cada diez de los casos que llegan al año al Instituto, que abre, en total, más de 400 expedientes. Otro de los campos que los especialistas gestionan es el abandono. 50 niños asturianos fueron abandonados en los últimos 12 meses. La mitad son menores extranjeros no acompañados, denominados Menas, que recalaron en la región. Hay situaciones de incapacidad o de ingreso en prisión de los padres. Otros consienten la adopción o delegan en otras personas. Sin embargo, hay unos quince abandonos literales al año de progenitores que se desentienden de sus hijos sin preocuparse por su futuro.

El listado de expedientes que se ven obligados a afrontar los trabajadores sociales es siniestro. Las denuncias por maltrato físico o emocional han caído en los últimos años pero continúan siendo importantes. Se han detectado hasta dos casos por explotación laboral y mendicidad. Casi 90 niños se han visto envueltos en problemas por la negligencia de sus tutores, más de un centenar viven en familias con serias dificultades.  

El psicólogo infantil Miguel Silveira reconoce que cada día más padres llegan a su despacho porque no son capaces de controlar a sus hijos. Silveira señala que tienen niños de 6, 8, 10 ó 12 años. Es decir, que el problema comienza pronto. Desde su experiencia puede decir que, salvo casos extremos, hasta los 10 años, es reconducible; entre los 10 y los 14 años, resulta complicado; a partir de los 14, el grado de dificultad se dispara. Hasta los 8 años, los progenitores tienen que corregir por sí mismos las conductas. Desde esa edad, ya se puede invitar al menor a colaborar. «Si no ven un control externo es muy difícil que puedan aprender», precisa. Los pacientes de Silveira son más los padres que los niños. Es a ellos a los que realmente debe enseñar estrategias para reconducir el comportamiento disruptivo de los hijos.

 

 


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