Las aulas asturianas no son un infierno
Asturias
Una investigación de la Consejería de Educación, con docentes y alumnos, determina que se dedica casi el 80% del tiempo a dar clase y que el ambiente es bueno
19 Mar 2017. Actualizado a las 05:00 h.
La falta de autoridad de los profesores, su creciente dificultad para impartir clase y el deteriorado ambiente en el aula son tres preocupaciones que en los últimos años han imbuido a los docentes. Las medios se hacen eco frecuentemente de nuevos casos de acoso entre iguales, entre maestros o estudiantes o con padres de por medio. De hecho, en el nuevo pacto educativo que se trata de negociar este es un tema que tendrá que abordarse. Así que la Consejería de Educación del Principado se ha preguntado ¿Son ordenadas nuestas clases?. Esta premisa es precisamente el título de una investigación que concluye que las aulas asturianas no son un infierno. El ambiente en clase es bueno, el tiempo que se dedica de forma efectiva a las lecciones es alto y las interrupciones, aunque frecuentes, no impiden seguir el ritmo. Esto es lo que concluye la investigación, que toma como base unos cuestionarios respondidos tanto por profesores como por estudiantes de cuarto de Primaria y de segundo de Secundaria. Curiosamente, los alumnos son más severos que sus maestros.
Las conclusiones se miden incluso en números. Los profesores de Primaria pueden dedicar el 80% de su tiempo a actividades propias del aprendizaje. En Secundaria ese porcentaje se reduce ligeramente hasta el 77%. Ambos indicadores están ligeramente por debajo de lo que recomiendan los estudios internacionales, que creen que tendría que ser del 85% en Primaria y del 80% en Secundaria. Los autores creen que los datos no son malos pero admiten que existe un pequeño margen de mejora. No han apreciado ninguna diferencia por género en cuanto a la dificultad para impartir clase. Pero sí la hay por experiencia. Los noveles dedican menos tiempo a las lecciones porque tienen que esforzarse más en mantener el orden. Un ejemplo: en cuarto de Primaria los profesores más jóvenes solo aprovechan el 75% del horario lectivo. Los compañeros con 18 años o más rebasan el 80%.
La valoración del ambiente que se respira en el aula es muy buena. Nueve de cada diez profesionales de Primaria y siete de cada diez de Secundaria coinciden en que es «satisfactorio». No obstante, los investigadores pericben cómo a medida que pasan los cursos los docentes reconocen que solo consiguen un clima de trabajo adecuado «a veces». Uno de cada cuatro en Primaria lamenta que las clases sean muy ruidosas. Lo mismo le sucede al 40% en Secundaria. De hecho, en la ESO, el 70% de los profesores admite que tiene estudiantes que alteran el orden.
Los estudiantes son más estrictos cuando valoran el ambiente que tienen en el aula. Cinco de cada seis alumnos de cuarto de Primaria -que tienen entre nueve o diez años- afirman que trabajan a gusto. Esa proporción cae al 60% en segundo de Secundaria, cuando ya han cumplido los 13 años. El 43% de los pequeños reconocen que las lecciones tardan en empeza porque no se consigue guardar silencio desde el primer momento. Los mayores elevan ese porcentaje diez puntos. Los investigadores concluyen que «las valoraciones del alumnado sobre el orden del aula tiende a ser más severas». No obstante, precisa que no existen contradicciones. Se basan en que hay muchos más casos en los que las percepciones de de profesores y estudiantes coinciden que en las que son divergentes.
«Lo que ocurre en el aula es uno de los factores más importantes para explicar la calidad de la oferta educativa de los centros», argumenta este estudio basado en los cuestionarios de contexto de las denominadas Evaluaciones de Diagnóstico que se realizaron entre 2009 y 2014. Esas evaluaciones eran pruebas para medir las habilidades del alumnado, con unas premisas similares a las que guían los estudios internacionales en los que participa el Principado. «Las prácticas de enseñanza y la gestión del aula están íntimamente ligadas y mutuamente condicionadas, ya que no es posible una buena práctica de aula sin una gestión adecuada de la misma», insisten.
Hay alumnos que se quejan de que es difícil escuchar al profesor porque hacen mucho ruido. Otros lamentan que haya que parar las clases para mantener la disciplina. Aún son más los que reconocen que se tarda en empezar las leccions porque los docentes tienen que imponer orden. Pero la conclusión final es que el ambiente no es malo y que las disrupciones no son un problema grave en la escuela asturiana.