La Voz de Asturias

«La ola de calor nos la comeremos con patatas»

Asturias

Noelia Rodríguez Avilés
Alberto Suárez inicia su peregrinaje de Málaga a Candás

Alberto Suárez inicia su peregrinaje de Málaga a Candás para recaudar fondos a favor de la Asociación Española Contra el Cáncer

13 Jul 2017. Actualizado a las 05:00 h.

«Ya me dijo la señora que me dio la llave del albergue que a qué velocidad habría venido porque los peregrinos suelen llegar más tarde», explica Alberto Suárez desde Almogía, donde descansa tras el final de la primera etapa de su reto Uniendo mares contra el cáncer. El candasín salió este miércoles a las 8 de la mañana de la playa de La Malagueta y minutos después de la 1 daba por finalizados los primeros 22,5 kilómetros de su recorrido, ese que le llevará hasta Asturias para reencontrarse con su padre. Al teléfono se muestra «muy contento» y deseando saber «cómo se va a desarrollar» el resto de la ruta. Por delante aún le quedan otras 41 etapas, algunas más cortas, como la de este jueves, pero otras más largas, que superan los 30 kilómetros. «No sé si podré completarla todos en un día, pero si no puedo pararé, montaré la tienda y al día siguiente lo retomo», explica. Desde que se imaginó haciendo este trayecto, su peculiar peregrinaje, tuvo claro que no le importaba qué día iba a llegar, sino hacerlo. También tenía claro que la partida debía ser el 12 de julio, el día en que se cumplen dos años y medio de la muerte de su madre, víctima del cáncer. Desde entonces se le había hecho muy duro volver a casa. Lo hará este verano y a pie. Allí le espera su padre, aunque puede que también le acompañe durante los últimos kilómetros del trayecto.

Llegará a la playa de Candás, si todo sigue según lo previsto, tras haber andado los mil kilómetros que separan a la que ha sido su casa en los últimos tiempos con la de su padre, y llevando como único equipaje una mochila que ahora pesa casi ocho kilos pero que espera aligerar. «Cuando salí de Málaga me parecía que pesaba, pero al rato ya no la sentía», explica. En ella lleva algo de ropa, un saco de dormir, una tienda de campaña, algo de comida y agua, algo que será fundamental durante los próximos días. «Salí con litro y medio pensando que iba a ser suficiente y la última parte la hice con mucha sed, hasta que encontré a un ciclista que me guió hacia una fuente», recuerda. No tiene miedo al calor, y eso que anuncian una nueva ola de calor para buena parte de la península. «Voy muy bien protegido con este sombrero de explorador», bromea, pero reconoce que lo peor está por llegar: Mérida y Córdoba. «Ahí no baja de 40º, pero imagino que me vaya aclimatando», confía. «La ola de calor nos la comeremos con patatas, pero yo para adelante, no podía dejar el viaje para septiembre, tenía que ser ahora», declara.

El primer día de ruta ha resultado más duro de lo que esperaba. «A las ocho empecé a darle a la zapatilla, paré a comer un bocata y fui derecho, derecho», explica. En apenas cinco horas Alberto Suárez había completado la primera etapa, en la que al principio fue acompañado por miembros de la Asociación Contra el Cáncer, para la que recauda fondos con este proyecto. «Se me ha hecho bastante largo», reconoce y apunta a que durante la segunda parte del trayecto las cuestas fueron habituales y no había sitio donde ponerse a la sombra». Y a eso hay que añadir que el día anterior sólo había dormido dos horas por los nervios de iniciar semejante aventura. Pero también le ha servido para aprender. Tiene claro que a partir de ahora saldrá primero. «Mañana intentaré salir a las 6.30 o a las 7», para aprovechar las horas en que aún el sol no está en lo alto ni hace tanto calor. Al acabar la ruta descansa y actualiza las redes sociales de Uniendo mares contra el cáncer, donde va narrando a sus seguidores cómo está siendo la experiencia con fotos y vídeos del camino.

La experiencia del peregrino

Suárez asegura que le resulta más placentero esta ruta que el terreno de ciudad por el que se había entrenado en las últimas semanas. «Se hace más pesado, tienes que parar en los semáforos. Aquí no, nada te para, es todo seguir y seguir y este entorno natural, con olivos, a mi me encanta», reconoce. También es diferente el trato con la gente y, de momento, con la que se ha encontrado ha sido bueno. «Cuando alguien va en ruta es habitual pararse y ofrecer. Un ciclista me dijo que no llevaba nada pero sí dónde podía encontrar una fuente y le comenté el reto», explica. «Esos son los gestos humanos en la ruta que más valoro», comentó después en Facebook. Dice que a la gente del lugar les ha extrañado que no haya elegido otra época del año para hacer la ruta. Tal es así que el albergue de  Almogía, en donde ya descansaba, estaba cerrado. No suele haber peregrinos en estas fechas. «Llegué al ayuntamiento y pregunté a un policía si tenían albergue o dónde podía montar la tienda de campaña y me lo arregló en un momento, me dejaron la llave en una panadería. La gente del pueblo es muy amable», declara. Por delante le quedan aún más de un centenar de pueblos que conocer, casi medio centenar de días de dura caminata y 6.000 euros por recaudar hasta poner los pies en la playa de Candás.


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