La Voz de Asturias

Asturias, patria querida (y lejana)

Asturias

Natasha Martín Redacción

Asturianos que viven fuera del Principado cuentan cómo ha cambiado su vida y qué es lo que más echan de menos

08 Sep 2017. Actualizado a las 05:00 h.

Puede ser difícil abandonar Asturias. A pesar de su tiempo inestable y de las posibilidades que se dice que hay más allá de sus fronteras, una vez que la dejas atrás es inevitable echar de menos a la «tierrina». Buena parte de los emigrantes asturianos de la historia reciente, que tanto por voluntad propia como por necesidad imperante deciden buscarse la vida fuera, comparten nostalgias y un interrogante: ¿sería viable volver?

Adrián Pérez, asturiano y estudiante en Bruselas, siente que actualmente, Bélgica le aporta «más de lo que puede ofrecerme hoy en día Asturias» aunque espera «que esta situación cambie algún día». Si bien, afirma que vivir fuera del Principado aporta la ventaja de tener dos patrias. Por ello, «siempre vuelvo a Asturias al menos dos veces al año por un tiempo mínimo de dos semanas», asegura. También es asidua a volver Mariaje Amieva, profesora de español en Londres, que dejó su pequeña Arriondas hace siete años pero que, en cuanto Londres la satura, «me curo en Asturias y luego ya vuelvo», cuenta.

Las diferencias son notables, sobre todo cuando el cambio de residencia se produce hacia un lugar mucho más grande. Amieva afirma echar «muchísimo de menos» vivir en Asturias y, de cara al futuro, no le gustaría establecerse de forma permanente en la capital inglesa, sino «tal vez otro sitio más pequeño; estoy buscando mi Arriondas en Reino Unido».

Para Ainhoa Palacio, ovetense en Ámsterdam, «de Asturias, algunos días me falta de todo y otros días nada». Su mente la lleva al Principado «con cosas que ni pensaba: no llevo bien que no haya montañas, no consigo dormir de un tirón porque no usan persianas, esta gente no sabe de quesos y echo de menos hasta la carne de ternera». Por otra parte, también es capaz de dar con el lado positivo de emigrar. Según su experiencia, «los holandeses son mucho más prácticos que nosotros, dicen las cosas más de frente, afrontan los problemas de otra manera y a nadie le asusta cambiar de trabajo sin tener red de apoyo o ahorros debajo del colchón».

Ainhoa Palacio en el estadio del Ajax, en Amsterdam

Pero el futuro no se avecina del todo esperanzador. Las oportunidades laborales y las ganas de obtener experiencia, tanto profesional como personal, llevan a Pérez a pensar que «Asturias no tiene las mismas oportunidades que otros sitios de Europa». Si bien, no se trata de un pensamiento centrado en el Principado sino que se extrapola al conjunto del país ya que, según argumenta, «ni siquiera es del todo viable en Madrid o Barcelona, donde sí tienen más opciones pero con unas condiciones pésimas».

En el caso de Amieva, que como profesora actualmente está trabajando con agencias para, en un futuro próximo, adentrarse en el sistema educativo como suplente hasta que le pueda salir una posición permanente, «tal como está Asturias no apetece nada volver». ¿Sus motivos? El engaño de la idealización. «Yo creo que los emigrantes tenemos un recuerdo un poco idealizado de Asturias», cuenta. «Después de un tiempo fuera acabas por asumir que no vas a volver porque todo el recuerdo que tienes de Asturias es de unos tiempos pasados. La vida allí cambia para toda tu familia, para todos tus amigos, y cuando llegas a Asturias, tu vida tal cual era antes de emigrar ya no existe. En este sentido, sí, me gustaría volver, pero la Asturias a la que me gustaría volver ya no existe».

Por su parte, Pérez alude a los motivos económicos como el bache a su posible regreso. «Debido a la situación económica que ha atravesado Europa y a las políticas restrictivas de los Estados miembros, el tema de oportunidades laborales para los jóvenes es muy complicado por toda Europa. Pero, a diferencia de España, en Bélgica las condiciones suelen ser mejores ya que, aunque el salario no sea tan elevado, tienes casi siempre un contrato con bastante seguros, posibilidad de plan de pensiones y dietas. La razón es que a la empresa le sale más rentable remunerarte de estas formas que con dinero, por el cual debería pagar más impuestos. Si lo comparamos con la situación precaria de muchos jóvenes trabajadores en España no está nada mal». Esta unión de factores le ha llevado a tomar la decisión de acabar sus estudios en Bruselas «e intentar conseguir algún puesto de trabajo aquí».

Un Día de Asturias especial

Para muchos asturianos emigrados, este Día de Asturias va a ser especial por el derbi. Después de 14 años sin encontrarse, los principales equipos del Principado se verán las caras este fin de semana, lo que será una gran excusa para que los asturianos desperdigados por el mundo se unan. Así lo hará Amieva quien cuenta que «en Londres lo vamos a ir a ver un grupo juntos y será nuestra celebración especial del Día de Asturias». Como aficionada del fútbol, a Palacio le hubiese gustado estar en el Principado para disfrutar del acontecimiento deportivo, pero la suerte ha hecho que llegue a Oviedo «en un par de semanas después». Este será el tercer año que pasará el Día de Asturias en Amsterdam y, como allí no es festivo, «toca trabajar, así que no podré acompañar la comida con sidra ni llevar un pañuelo con algo de la Santina al cuello, y por supuesto nada de bollinos preñaos».

En días especiales como este, lo que más echa de menos Amieva es «la cultura social de Asturias; el irte a tomar algo por ahí después del trabajo». Un hábito que en varios países del resto de Europa no está extendido porque «entre la hora para ir al trabajo y la otra para volver, sumado a las nueve que estás trabajando más la de comer, al final estás trece horas dedicándote al trabajo y no tienes tiempo para irte a tomar una sidra», cuenta.

Inevitable es también pensar en las grandes y buenas «farturas» asturianas. Además de ello, Pérez siempre recuerda «el carácter de los asturianos», a los que «nunca les falta el humor o el buen ambiente. Los belgas no son muy graciosos, pero afortunadamente en Bruselas hay más internacionales que belgas».

Vuelvan o no, gracias a la hiperconexión del día a día, los asturianos exiliados tienen la facilidad de mantener un pie en la región. Palacio reconoce que «Twitter me ayuda a estar conectada sin tener la sensación de seguir allí, porque Amsterdam es mi casa ahora. Sigo la actualidad regional todo lo que puedo y me preocupa lo mismo desde la distancia». Además, siempre está dispuesta a promocionar «nuestro paraíso natural» a los holandeses «por si cuela», afirma divertida. «Claro que, sin vuelo directo y lo mirados que son por estas tierras con ‘les perres’, pocas veces funciona. Eso sí, cada vez que voy me piden queso ‘de lo vuestro’, he vuelto con botellas de sidra para regalar y quieren chorizo, lomo y hasta casadielles».


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