«Estaba ya en la puerta del avión, pero algo me dijo que volviese a por mi compañera de asiento»
Asturias
El heroico comportamiento de José Manuel Pulgar, el lenense que sobrevivió al accidente aéreo en México, ayudó a salvar la vida de una anciana y una familia que intentaban salir del avión en llamas
02 Aug 2018. Actualizado a las 11:06 h.
José Manuel Pulgar Hidalgo, el asturiano que viajaba en el vuelo de Aeroméxico estrellado ayer en Durango, no solo salvó su vida. También contribuyó con su conducta heroica a salvar la de otros pasajeros de Embraer 109 que cayó a tierra segundos después de haber despegado del aeropuerto mexicano; en concreto, de su vecina de asiento, una anciana, y de una familia a varios de cuyos miembros auxilió para que pudieran salir del avión en llamas. Es el propio minero de Pola de Lena quien lo recuerda en las primeras declaraciones desde su cama del Hospital Militar del Campo de Batalla 5 de Mayo de la Secretaría de Defensa Nacional mexicana, en Durango.
Contuso y quejoso de un fuerte golpe en el costado izquierdo, el asturiano, de 42 años rememora lo sucedido pocos minutos después de las 15,00 de la tarde (20.00 GMT) en el vuelo de Aeroméxico. Ocupó el asiento 7B, al lado de una mujer mayor, con quien comenzó a conversar, ya que por delante tenía un vuelo de una hora con 50 minutos con rumbo a la Ciudad de México. «Iba todo puntual, todo correcto, apenas comenzaba a llover, no se veía un diluvio, pero luego me explicaron que se juntaron dos tormentas y hubo un viento arrachado», narra Pulgar mientras se queja de un dolor en el costado izquierdo. Recuerda que cuando el avión despegó, sintió un primer golpe muy leve, después uno más fuerte y un tercero que fue el que causó que todas las maletas se salieran de los compartimentos y que el Embraer 109 con 10 años de antigüedad, comenzara a «desarmarse».
Mientras veía cómo el avión ya se deslizaba sobre el terreno, Pulgar comenzó a sentir calor en la espalda y después se dio cuenta de que la aeronave había empezado a arder, se desabrochó el cinturón, localizó una salida y se dirigió de inmediato hacia ella. Fue entonces, ya en la puerta del avión, cuando «algo» le dijo que tenía que volver a por su compañera de asiento, que no podía salir por sí misma. Después hizo lo mismo para ayudar a otro hombre a sacar a sus hijos y su esposa. «Tal vez el hecho de ver a los niños y recordar que tengo hijos me hizo ayudarlo», comenta José Manuel Pulgar.
Los niños, de 4 y 8 años, todavía no saben lo que ha sucedido a su padre. Permanecen con la familia de su mujer, Fabiola Gómez Romero, mexicana de 37 años. Junto a todos ellos, el lenense había acudido a Durango el 26 de junio para asistir a la boda de su cuñado, y se disponía a regresar a España desde la capital federal mexicana cuando todo sucedió. Su mujer, que se quedaba aún unos días con los pequeños en México, ahora «anda corre y corre» para efectuar los trámites ante la aerolínea y la embajada.
Pulgar dice que no sabe cuándo le van a dar de alta porque si bien sus lesiones son leves, los militares que lo atienden «como a un rey» le aseguran que debe estar todavía en observación. Ahora Pulgar esperará a recuperarse para regresar a España, a Asturias, donde el trabajo lo espera, pero el solo hecho de pensar en el despegue del avión le da pánico, pero sabe que debe superarlo porque no puede quedarse en Durango.
Además de este asturiano, una veintena de personas se mantiene bajo cuidado médico por las lesiones sufridas en el accidente de este 31 de julio y el resto ha recibido ya el alta, explicaron las autoridades