La Voz de Asturias

«La alianza táctica con el nacionalismo fue letal para la izquierda»

Asturias

Luis Ordóñez Candidato de Actúa
Gaspar Llamazares

Gaspar Llamazares encabeza la lista de Actúa en las próximas elecciones generales después de su ruptura con Izquierda Unida a la que ve disuelta en Podemos

25 Apr 2019. Actualizado a las 05:00 h.

Tras semanas en las que la tensión entre la dirección federal de IU, la coalición en Asturias y su portavoz parlamentario, se agudizaron en extremo en navidades, Gaspar Llamazares terminó por abandonar la formación para lanzarse a promover su propia plataforma Actúa que encabeza como candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales.

-Usted a fue candidato a la presidencia del Gobierno como coordinador de IU, en un momento de gran polarización, en las elecciones del 11M primero, en las que pesó mucho la llamada al voto útil, ¿no le parece una situación similar para promover Actúa siendo unos comicios en los que se llama a reagrupar el voto para frenar a la extrema derecha?

-Yo creo que ya forma parte de lo que podríamos denominar el sonido de fondo de las campañas electorales; no he vivido casi ninguna en que no hayamos sentido el aliento en la nuca del voto útil. En unos casos con mayor justificación, en otros reforzado por atentados terroristas, pero bueno, era muy difícil escoger el momento, nos ha convocado Sánchez, era una decisión que sólo le competía a él, y nosotros hubiéramos preferido las locales y autonómicas antes; si se nos hubiera dado a escoger, hubiéramos preferido las europeas antes de las generales. Más que voto útil, diría que en este caso gestionado por el PSOE, hablamos de voto del miedo. Creo que es muy mala señal, muy poco republicana, para una campaña en la que pretende comparar la primera posición. Y digo que es poco republicana porque, desde el punto de vista de los sentimientos, destacan los negativos, la inseguridad, el miedo; no aparece por ninguna parte la esperanza o la ilusión. Y el PSOE debería reflexionarlo porque hizo lo mismo en la campaña de las andaluzas y salió escaldado. Junto con el miedo tienen que aparecer otras cosas, porque el electorado ya ha experimentado en muchas ocasiones la inutilidad del voto útil y el carácter negativo del voto del miedo.

-En esta situación, ¿para quién se oferta Actúa, cuál es el electorado que quiere captar?

-Inicialmente la idea era ocupar un espacio que se había vaciado, un espacio que ocupaba en su momento Izquierda Unida, aunque no sólo, porque la izquierda ha cambiado mucho en estos años. Pero si no hubiéramos aparecido yo creo que habría que inventarnos porque, aparte de ocupar ese espacio vaciado también se trata de contener la hemorragia de Podemos. No sólo representar a la izquierda tradicional española, que se ha visto disuelta en un proyecto con el que culturalmente tiene muchas diferencias; si no que se trata también de intentar recoger a una parte de esa hemorragia que parece incontenible. De los 70 diputados iniciales ahora deben andar cerca de los 30, es un proyecto demediado en muy poco tiempo. No creo que haya muchos precedentes en Europa, y habría que buscarlos en el mundo, de una formación política con un ascenso tan súbito y de una caída tan rápida. Actúa se dirige a esa izquierda seria, que tiene una tradición de lucha y de gobierno, de movilización y de diálogo, pero también a nuevos sectores de izquierdas que, o bien no estaban, o bien en estos momentos están decepcionados con el proyecto de Podemos.

-Haciendo balance de lo que pasó desde navidades, ¿cómo recuerda su ruptura con IU? Formar Actúa ¿no ha terminado por dar la razón a quienes le achacaban que tenía la intención de trabajar para otro partido?

-No era mi opción A, y ellos lo sabían. Yo intentaba, como lo hice cuando fui coordinador de IU con gran descontento de Paco Frutos, ser coordinador de la organización pero también de los compañeros de viaje. Eso es imprescindible, la hegemonía de una fuerza política no son sus resultados electorales si no su capacidad de tener ideas que creen consenso amplio. Siempre fui así y no he cambiado en la concepción del partido. Pretendía esa concepción en Asturias y si alguien se fija en las gentes que me acompañan en la aventura de Actúa, son las personas con las que me he comprometido a lo largo de esta legislatura y que no formaban parte de IU, personas de investigación o que tienen que ver con la salud laboral. Hubiera deseado, y ese era mi plan A, que fuera compatible. Pero se me transmitió desde la dirección federal que era incompatible, que yo no podía servir a dos reyes, y que ellos claramente apostaban porque la fusión con Podemos dejase a algunas personas en el camino. Yo soy más leal a esas personas y esos colectivos que a la nueva coalición con Podemos. En determinado momento se me dijo que eso era incompatible y tomé la decisión de empezar un camino nuevo con Actúa. De hecho con posterioridad a mí, han saltado compañeros de Andalucía y de otras federaciones que seguían incluso en la ejecutiva de IU y con los que yo no tenía ninguna sintonía pero al final se han visto obligados a escoger. Porque la opción de Alberto Garzón era una opción sin matices y sin pluralidad; es la fusión en Podemos y la exclusión de la pluralidad propia y también la de Podemos, que es lo que les ha pasado. De hecho, sobrábamos nosotros en IU y también Íñigo Errejón en Podemos, no es casual. Esas adherencias heterodoxas se han eliminado para abrazar una misma ortodoxia, la de una camarilla que podemos denominar como la juventud comunista y la de otra camarilla del entorno de Pablo Iglesias. Camarilla o guardia de corps, pero no era mi opción. De hecho en Asturias yo me he tirado una legislatura de lo más dura y de lo más incómoda, porque la relación con Podemos en Asturias ha sido muy difícil y la situación de bloqueo en el parlamento yo no la creía posible. No la he vivido en mi vida en ninguna institución en la que haya participado. Yo no tenía la intención de que la aventura fuera en solitario, creía que había posibilidades de recomposición de la izquierda, con base en determinadas federaciones de IU como la de Asturias, pero en determinado momento se vio que era una situación insostenible. Era mala para ellos, porque estaban en el punto de mira, y era mala para mí porque continuamente estaba en boca de la dirección federal y no era cómodo para la dirección de Asturias. Al final decidí que no había alternativa.

-En Asturias es muy conocido, ¿es un territorio prioritario para su campaña, qué expectativas electorales tiene?

-De las dos prioridades que tiene Actúa en estas elecciones generales una es Asturias y otra es Madrid. Lo que ocurre es que tanto la situación interna como las posibilidades electorales son diferentes. En Madrid ya hace tiempo que se produjo la ruptura y hay organizaciones que ya tienen un trabajo hecho de cara a las próximas municipales, Madrid tenía un trayecto ya hecho. En Asturias no es así porque el proceso de clarificación no se ha culminado. Se mantiene un equilibrio inestable entre lo que podríamos denominar el garzonismo y la mayoría de Asturias. Eso dificulta desde el punto de vista organizativo el desarrollo de Actúa y la preparación electoral, es objetivo y es así. Si a ello le sumamos que el sistema electoral en Madrid es prácticamente proporcional puro y en Asturias se está al borde del sistema mayoritario, se puede decir que sí, las dos son prioridades pero que el nivel de desarrollo de una y otra es diferente. Es verdad que yo soy más conocido en Asturias y menos en Madrid, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Pero son dos sitios donde hay un electorado de izquierdas huérfano que está buscando un partido, una representación política y Actúa quiere serlo aunque le hayan cogido muy al principio de su trabajo como organización.

-Ha mencionado a Íñigo Errejón. En los momentos de su ruptura en Madrid se especuló con una posible alianza con ustedes, ¿qué hay de cierto en ello, lo contempla entre sus planes futuros?

-Tenemos una cercanía en la defensa del pluralismo interno dentro de la izquierda y también en la voluntad de acuerdo y diálogo con otras izquierdas. Esas dos cosas nos acercaron en su momento pero enseguida detectamos que el nivel de desarrollo de los proyectos era diferente, yo ya estaba gestionando un proyecto al margen de IU y, sin embargo, Íñigo no ha roto el cordón umbilical con Podemos, de hecho está disputando la paternidad. Frenamos las conversaciones, que sobre todo tenían que ver con las autonómicas en Madrid; en las municipales estaban más avanzadas con Carmena, y también las frenamos porque nos dimos cuenta de que estábamos alimentando a nuestros propios adversarios y en ese sentido no tenía mucha utilidad. Ellos tenían su prioridad en elecciones autonómicas y municipales y nosotros más en las generales. Pero creo que, objetivamente, en el futuro estamos condenados no sé si a entendernos pero sí a formar parte de los proyectos de renovación y reconstrucción de las izquierdas. También hay cosas que nos separan como la concepción populista de Íñigo que yo no la tengo. No me parece adecuada para este momento político y, de hecho, quien gestiona la cultura populista en Europa en este momento es la ultraderecha y ahí hay una diferencia que tendremos que superar.

-En su momento fue muy crítico con el posicionamiento de buena parte de las formaciones de izquierdas respecto al independentismo catalán, ¿cree que sobre este asunto también se ha dejado huérfano a una parte del electorado?

-Por una razón táctica hemos roto con la antropología de la izquierda española. Es que no es verdad que la idea de nación española, singular o plural, sea una idea de derechas, es una idea del progresismo español. Otra cosa es que, en el último tramo, el franquismo se hiciera con la bandera y con la patria; pero en absoluto es así. La izquierda ha confundido las relaciones tácticas que en cada momento pueda tener con sectores nacionalistas o independentistas con una suerte de confluencia estratégica con ellos para llegar a la república. Y a mí me parece que es una barbaridad, esa confluencia estratégica lo que nos aleja es precisamente de la república y de la izquierda y del federalismo, por supuesto. Cuando vi que en la Pompeu Fabra se había formulado esto como derecho a decidir empecé claramente a desmarcarme porque creía que era una alianza letal para la izquierda y además está en el trasfondo de la desconfianza y la decepción de una parte del electorado tradicional de la izquierda con Unidos Podemos. El instinto y la ideología muestran al proyecto independentista catalán como un proyecto claramente insolidario, para mí no es muy diferente del proyecto de la Padania, salvando las distancias evidentes que tienen que ver con el hecho cultural, la lengua y demás, pero que es un proyecto de las élites y que es un proyecto insolidario para mí no cabe ninguna duda. La diferencia con la Padania es que aquí la izquierda ha quedado abducida, con una pretensión, que este proyecto era de alguna manera republicano, antimonárquico y por tanto antioligárquico y que finalmente nos iba a acercar a una transformación casi casi para algunos revolucionaria en España. Y al contrario, lo que nos ha provocado es la mayor reacción que se ha conocido en España desde la época del Franquismo. Una reacción en la que Vox y los independentistas se retroalimentan. Ha sido un gran error, letal para Podemos, letal para la izquierda y que tenemos que recomponer. La izquierda catalana la primera.

-¿Es el procés la causa fundamental del auge de Vox?

-Yo diría que hay un detonante, que es el procés y que detona una carga de profundidad que es la crisis económica y el malestar ciudadano, por una parte y por otra parte, la crisis democrática provocada por la corrupción y por la desafección política. El detonante final es el procés, que se intenta aprovechar de la crisis social y la crisis política, para eludir su responsabilidad en Cataluña, en parte lo consigue, pero en el resto del Estado lo que provoca es el nacionalismo reactivo español como Fernando VII frente a las cortes de Cádiz. El detonante es el procés aunque en el trasfondo, al igual que en el populismo de la extrema derecha en toda Europa, al igual que en el caso del Brexit, esté el malestar social de la política de austeridad en torno a la crisis junto a la crisis democrática que ha alimentado la corrupción.

-¿Cuáles son sus propuestas de agenda social en estas elecciones?

-Nosotros no vamos a proponer la luna ni tampoco a cambio de nada. Hacemos una propuesta política de un cambio, como dije muchas veces en Asturias, un cambio posible con una correlación de fuerzas muy determinada. No voy a proponer reformas constitucionales porque sé que no tengo mayoría para ello, ni tampoco reformas profundas de leyes orgánicas. Sí voy a proponer que hay un margen mucho más amplio del que usó Sánchez para un nuevo contrato social con empleo digno y para consolidar y ampliar los servicios públicos, para hacer que este estado del malestar que tenemos sea un estado del bienestar. Para eso hay margen, como también lo hay para la lucha contra la corrupción. Estoy escandalizado de cómo se ha olvidado en esta campaña electoral como si fuera una cosa del otro partido y no cosa mía. Lo niego. A parte de que haya un partido que se ha enfangado en la corrupción como el PP, en todos los partidos hay que tener alertas, en todas las instituciones, porque la corrupción es humana y siempre hay potenciales corruptos; por tanto lo que hay que adoptar son medidas preventivas, de alerta y punitivas. Creo que no se están adoptando y se está perdiendo un tiempo precioso para recomponer y regenerar la imagen de la práctica de la democracia, que nos la estamos jugando. Y de la misma manera en el debate nadie habló de la financiación de las comunidades autónomas, que se habla de ellas como si fueran un hecho incontrovertible, pero bueno, se nutrirán de algo ¿no? Igual que me asustó también la subasta fiscal, con el propio Podemos hablando de rebajas del IVA, lo que no se puede hacer es transmitir el mensaje de que es posible mantener el Estado social y al mismo tiempo tener los más bajos impuestos a las rentas más altas y a los patrimonios más altos de Europa. Eso es inviable. Esos son los elementos que ponemos sobre la mesa, además de un talante. Decimos, no me mires sólo mi programa, mira mi trayectoria, si mi trayectoria avala mi programa; y no mires únicamente lo que tenemos en la izquierda sino mira también las posibilidades de acuerdos más allá de la izquierda. Alguna vez parará esta lógica agitadora, de confrontación y crispación y se recuperará la lógica política que necesita del diálogo, del reconocimiento mutuo. Tenemos la idea de un nuevo contrato social y de lucha contra la corrupción, desarrollo del modelo solidario de estado, pero también ten en cuenta mi trayectoria y capacidad de diálogo. Nos presentamos como una fuerza de izquierdas seria y dialogante. Creemos que es lo que en estos momentos necesita la izquierda española.                


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