La Voz de Asturias

«A los negacionistas habría que llevarles a las UCI y recordarles a los que ya no están»

Asturias

Marcos Gutiérrez Asturias
Daniel Moro, médico de familia de La Lila (en primer plano), junto a más profesionales del centro

Daniel Moro, médico de familia en La Lila, cree que ha habido una relajación en la lucha frente a la COVID 19. «Tal vez por nuestro carácter latino, hasta que no vemos el palo no sentimos el miedo», destaca

24 Sep 2020. Actualizado a las 05:00 h.

Daniel Moro es médico de familia en el ambulatorio de La Lila, en Oviedo. Cuando, en febrero, estaba a punto de marcharse para disfrutar de unas merecidas vacaciones, el escenario que estaba dibujando la COVID 19 le hizo replantearse la salida de Asturias. En su lugar, optó por hincar los codos y aprender todo lo que fuera capaz del microscópico enemigo al que, con toda seguridad, iba a tener que enfrentarse.

En efecto, antes de la llegada de los primeros casos estuvo estudiando todo el material publicado a su alcance relacionado con el virus. El primer ‘susto’ llegó relativamente pronto. «Estuve de vacaciones en febrero y entré a trabajar el lunes 1 de marzo. El martes ya estuve en contacto con un paciente procedente de Italia, por lo que me aislaron nada más empezar», comenta.

En este sentido, al poco de ponerse a trabajar en el consultorio ovetense pudo comprobar «que todas las sospechas que tenía sobre el coronavirus eran ciertas y, además, que no teníamos material suficiente ni protocolo de actuación». Tras ese primer caso sospechoso, toda su planta de La Lila «tuvo que ser cerrada».

Daniel Moro explica que, en los albores de la pandemia en Asturias, los profesionales de este equipamiento tuvieron que diseñar sus propios protocolos y modo de organizarse, estudiando la actuación en lugares donde el virus ya había hecho acto de presencia. «Al principio nos restringían el uso de mascarillas y yo me compré mis monos específicos. Afortunadamente mascarillas ya tenemos», apunta.

Añade que «tardaron 40 días tras la declaración del estado de alarma en hacernos una PCR». «Gestionar todos los días el tránsito de entre 500 y 800 personas es tremendo», expone. Destaca que la sensación más habitual en esas primeras semanas era la de «miedo al verse uno desprotegido».

Tal vez por eso y por el sufrimiento experimentado por tantos cientos de miles de personas en todo el país no entiende que aún haya personas armadas de una desesperante necedad que niegan lo evidente. Perfiles falsos, trolls en redes sociales, profesionales del antagonismo y la noticia falsa y demás buscadores de tráfico fácil, para los que la opinión negacionista de un blog o un perfil de Twitter vale más que la de miles de médicos, biólogos, virólogos y científicos. .

«A esa gente habría que llevarla a las UCI y recordarle los nombres de los que ya no están, porque todo está muy bien hasta que no me toca a mí de cerca», asevera. Cree que este fenómeno de los que niegan el efecto del coronavirus es minoritario y que se trata, en general, de «personas de muy simple razonamiento, que entre ellos se retroalimentan en redes sociales».

Este médico de familia de La Lila constata que estos meses están siendo los más intensos que ha vivido en el ámbito profesional. «Nunca trabajé tanto en mi vida. Estamos desbordados y hay que redistribuir esa carga de trabajo», lamenta y advierte de que «va a venir la gripe y con el comienzo de las clases aumentarán los contagios. Estamos cometiendo los mismos errores en los que antes han caído otros países».

Pese a todo, considera que «en Asturias estamos mejor, también por el efecto barrera». En el aspecto en el que se muestra menos optimista es en el relacionado con la llegada de la vacuna frente a la COVID 19. «Si una vacuna, de media, tarda diez años en crearse para que sea segura, ¿cómo van a tenerla en un año? Esto es muy serio y una vacuna sin garantías puede producir efectos a largo plazo que se desconocen», alerta.

Cree que, desde el desconfinamiento, a nivel social «sin duda ha habido una relajación. Tal vez sea porque, por nuestro carácter latino, hasta que no vemos el palo no sentimos el miedo». Considera que «hay que protegerse, sin caer en la psicosis. Llevar mascarilla, mantener la distancia y hacer un frecuente y correcto lavado de manos, pero hay que vivir». Eso sí, también insiste en que «el virus está aquí y no es un invento, sino algo muy serio».


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