La Voz de Asturias

Guillermo Antuña: «Asturias tiene los mimbres para convertirse en un polo industrial de referencia europea»

Asturias

Carmen Liedo Redaccion
Guillermo Antuña, profesor e investigador de Historia Económica de la Universidad de Barcelona

Investigador y docente de Historia Económica, prepara una tesis en la que analiza la dinámica del sector metalmecánico regional e identifica las potencialidades industriales que, en su opinión, todavía tiene y debe aprovechar Asturias

17 Nov 2021. Actualizado a las 05:00 h.

La vinculación de Guillermo Antuña (El Entrego, 1995) al sector industrial desde que iniciara su trayectoria profesional es lo que ha impulsado a este investigador y docente del Departamento de Historia Económica, Instituciones, Política y Economía Mundial de la Universidad de Barcelona a realizar su tesis doctoral sobre el sector metalmecánico asturiano en la segunda mitad del siglo XX. Con su trabajo pretende analizar la dinámica del sector en Asturias e identificar las potencialidades que, considera, aún tiene la región. De hecho, asegura que «en Asturias existen todos los mimbres necesarios para volver a convertirnos en un polo industrial de referencia a nivel europeo», aunque también se muestra consciente de que la industria asturiana del metal tiene muchos desafíos sobre la mesa.

Graduado en Comunicación (Publicidad y Relaciones Públicas) y Máster en Historia Económica por la Universidad de Barcelona, entre otros títulos, Guillermo Antuña comenzó su carrera como becario en FEMETAL, donde trabajó en la creación del clúster MetaIndustry4 y realizó una propuesta para la renovación de la concertación y las relaciones laborales del sector del metal en Asturias. Si bien posteriormente trabajó como consultor y analista en la empresa BICG, en la actualidad forma parte del Departamento de Historia Económica, Instituciones, Política y Economía Mundial de la Universidad de Barcelona a través de una beca FPU del Ministerio de Universidades. En paralelo, trabaja en estudios relacionados con la Geografía Económica y el Desarrollo Regional, Distritos Industriales y Clusters, la Historia Empresarial y la Historia del Trabajo.

-Está trabajando en una tesis sobre la industria en Asturias, ¿qué le anima a hacer una investigación sobre esa temática?

-Desde el inicio de mi carrera profesional he estado en mayor o menor medida vinculado al sector industrial y, más concretamente, al sector del metal en Asturias de la mano de Guillermo Ulacia. Cuando accedí a la carrera académica seguí este mismo camino junto a mis mentores Jordi Catalan, Joaquín Ocampo y Marc Prat. En el caso asturiano, no se entiende la historia de la región sin comprender su industria, y me pareció que existía un vacío importante más allá de sus tres sectores hegemónicos: la minería, la siderurgia y la construcción naval. Mi tesis intenta demostrar que, de forma contraintuitiva, la reconversión industrial no convirtió Asturias en un páramo industrial, sino que todas aquellas actividades que surgieron y crecieron al calor del carbón y el acero se han mantenido y han prosperado desde entonces. Por ello, es necesario identificarlas, así como los mecanismos por los que se han hecho cada vez más competitivas, y favorecer su progreso frente al declive de los grandes sectores tradicionales. Existe también un componente sentimental innegable. Habiendo pasado gran parte de mi vida entre la cuenca del Nalón y Avilés, he crecido rodeado por los últimos coletazos de todo un entramado fabril que dio lugar a una serie de relaciones y construcciones sociales únicas, que a día de hoy y por desgracia parece que están desapareciendo. Gran parte de la historia social de Asturias se escribe desde su industria, desde los movimientos y luchas sociales que se generaron en torno a ella, y debemos seguir reivindicándolos y ahondando en esta cuestión. 

-En el pasado, la industria asturiana fue motor de la economía española, ¿cuáles han sido, en su opinión, las razones de que pasara de ser cabeza tractora a estar en declive y se plantearan reconversiones?

-La industria es clave para entender la historia de Asturias desde finales del siglo XVIII, y tiene dos momentos de máximo esplendor con relación al conjunto de España: el primero entre mediados del siglo XIX y hasta 1890 con el auge hullero y de la metalurgia básica previa al hacer; y el segundo, desde la implantación de Ensidesa hasta el inicio, precisamente, de la conocida como «reconversión industrial». Este proceso se dio en toda Europa y afectó a sectores que, habiendo resultado fundamentales en el desarrollo económico relacionado con la II Revolución Industrial y los modelos de producción en masa, ya no resultaban competitivos en el nuevo entorno global que se inició desde mediados de los años setenta: los mercados mundiales se liberalizaron, las cadenas productivas se fragmentaron y se saturó la demanda de muchos sectores que habían sido fundamentales para el crecimiento durante décadas (electrodomésticos, automóviles…) La especialización de la economía asturiana en tres de estos sectores hegemónicos (minería de carbón, siderurgia y construcción naval) hizo que la región fuera clave durante el franquismo, pero también que sufriera profundamente las consecuencias de las reconversiones derivadas del cambio de modelo productivo antes mencionado.

-En los últimos años han sido muchas las empresas del sector las que han pasado por dificultades y han acabado cerrando o necesitando apoyo inversor, ¿en qué situación valora que se encuentra la industria de la región actualmente?

-Por la propia naturaleza de su actividad, muy relacionada con la provisión de bienes intermedios para otras ramas, el sector metalmecánico se ve muy afectado por los ciclos económicos y las fluctuaciones de la inversión industrial. En 2007 alcanzó cifras históricas, sufrió mucho durante la Gran Recesión y fue capaz de recuperarse hasta alcanzar cifras similares a aquellas en 2019. Igualmente, ha sido uno de los sectores que mejor ha soportado la crisis derivada de la pandemia, tanto a nivel de actividad como a nivel de empleo, y ya muestra signos de crecimiento para los próximos años. Ambos sucesos reflejan que cuenta con una base sólida, con la flexibilidad necesaria para adaptarse a un entorno de incertidumbre y con un buen posicionamiento en sus mercados de destino, especialmente en los internacionales. Hay muchos desafíos sobre la mesa, pero soy optimista y creo que la industria asturiana del metal está preparada para afrontarlos.

«La transición ecológica supone un reto para la industria asturiana, pero también pueden ser una oportunidad»

-Los protocolos medioambientales, las políticas dirigidas a reducir las emisiones y la transición ecológica, ¿son azotes y hándicaps para mantener un sector industrial fuerte y potente en la región?

-Obviamente la descarbonización y la transición ecológica suponen un reto para la industria asturiana, pero creo que también pueden ser en cierta forma una oportunidad. El primer paso reside en el «cómo» realizar esa transición, y aquí el Gobierno debe tener en cuenta la particularidad del caso asturiano para permitir que este proceso se traduzca en una transformación del modelo productivo que aporte competitividad al sector. En segundo lugar, creo que se abren cadenas de valor a partir de nuevas formas de energía, como el hidrógeno verde, en las que Asturias podría tener mucho que decir, incluso desde su propia concepción, pues la tecnología necesaria para su producción está todavía en desarrollo. 

«En España es necesaria una reindustrialización, pero ni podemos ni debemos competir a coste con los países asiáticos»

-¿Ha dejado España y Europa que países de la zona de Asia nos comieran la sopa en lo que a producción industrial se refiere?

-En Europa, aunque con matices, nos estamos encontrado de cara con las consecuencias de haber renunciado al sector manufacturero como pilar de nuestras economías en beneficio de los servicios. En el medio-largo plazo, los procesos reconversores de los años setenta y ochenta cristalizaron en muchas ocasiones en claudicaciones y cierres, y no representaron apuestas estratégicas reales con vocación de futuro para la industria. Los gobiernos liberales de los años noventa apostaron por la «servilización» de la economía, favoreciendo la creación de burbujas especulativas y la precarización del empleo, sucesos que en el caso español se agravaron por el boom de la construcción y el turismo low-cost. Más que perder la industria, la hemos entregado, por eso ahora es necesario una reindustrialización que se oriente a los eslabones de mayor valor añadido pues, por el bien de la competitividad y el empleo, ni podemos ni debemos competir a coste con estos países.

«Si queremos un modelo industrial sostenible, es necesario que olvidemos la política de la subvención»

-Por otro lado, ¿considera que hay demasiada permisividad en la legislación española para que las empresas se deslocalicen de territorios como Asturias y se vayan a otros países con el argumento de que producir allí es más barato? ¿Está suficientemente protegida la industria? Un caso de eso fue Vesuvius hace ahora dos años.

-Si queremos un modelo industrial sostenible, es necesario que olvidemos la política de la subvención y los incentivos cortoplacistas, como las exenciones fiscales. Por un lado, el Estado debe favorecer la atracción de iniciativas industriales duraderas y competitivas actuando sobre el entorno competitivo de las empresas, por ejemplo, alineando las formaciones técnicas y profesionales con los requerimientos de estas, ofreciendo una red óptima de infraestructuras, apoyando el desarrollo tecnológico y la innovación… Por otro, debe intervenir directamente sobre las prácticas comerciales injustas o asimétricas y, sobre todo, proteger el empleo y evitar la destrucción de puestos de trabajo derivada de prácticas empresariales que no respetan el entorno en que se asientan, ni buscan el bien común junto con el entorno social al que se circunscriben.

-Los elevados precios de la electricidad no parecen beneficiar nada a la industria asturiana, falta de un estatuto electrointensivo que la beneficie, ¿qué se puede, o debe, hacer a este respecto?

-La estructura industrial tan particular de Asturias demanda prácticamente un tratamiento ad hoc desde el punto de vista energético, y está claro que las medidas tomadas en esta materia no responden ni mucho menos a las necesidades de la región. Si realmente queremos que la industria asturiana recupere una posición estratégica en el conjunto del país y se convierta en referente de la transición energética, no podemos permitir que parta en clara desventaja. Esta situación se recrudece si ponemos el foco en el mercado internacional, hacia el que se orienta gran parte de nuestra actividad manufacturera, y en el que se hace muy difícil competir con unos costes energéticos comparativamente tan elevados.

«Asturias debe apostar por los servicios que faciliten la generación de sinergias los sectores productivos, especialmente con la industria»

-En los años de declive de la industria y la minería se hablaba de reconvertir la actividad económica de la región y dirigirla más hacia el sector servicios. Ese tipo de discursos ¿resultaron desalentadores para la industria? ¿denostaron al sector y lo pusieron en jaque?

-Lo cierto es que ese trasvase se llevó a cabo y, desde entonces, el peso de la industria en el total del PIB regional no ha dejado de caer. Asturias ya es una región de servicios, el problema es que la transición hacia este modelo no fue orgánica ni se basó en una lógica económica racional, sino que se impuso por conveniencia desde la óptica neoliberal, especialmente a partir de los años 90. Frente a las relaciones laborales robustas y las muy positivas externalidades que genera la industria en otras actividades (educación, innovación, sectores relacionados…) se optó por una terciarización mal entendida, que no apostaba por los sectores de mayor valor añadido sino por otros que favorecen la precarización del mercado laboral, la especulación y la generación de burbujas de crecimiento económico ficticio. Asturias debe apostar por los servicios, sí, pero por aquellos relacionados con el conocimiento y el desarrollo, y que faciliten la generación de sinergias con el resto de sectores productivos, especialmente con la industria.

-Por cierto, ¿qué opina del cerrojazo que se dio a la minería en Asturias cuando en otros países europeos se siguen explotando las reservas de carbón?

-No puedo dejar de pensar que, en buena parte, se ha empezado la casa por el tejado. La transición energética es necesaria y comparto que España y su industria deben tomar en él una posición de liderazgo, pero creo que, en el caso asturiano, y más concretamente en el de las cuencas mineras, no se está cumpliendo con la transición justa. Pesa demasiado en el imaginario la mala gestión realizada con buena parte de los fondos mineros y, más allá de la previsión de inversiones, no creo que haya un plan concreto de reindustrialización para los valles que las haga útiles. Desde hace muchos años esta zona, que es la mía, sufre continuamente la destrucción de empleo, el cierre de empresas, el despoblamiento y el reverso demográfico. No es solamente una cuestión económica: el cierre precipitado de la actividad hullera ha rematado la fragmentación del tejido social asturiano que ya se inició con la reconversión industrial, y urge encontrar una solución a esta situación de una vez por todas.

-Pensando en el futuro ¿hay oportunidad de mantener en Asturias un sector industrial potente y que sea compatible con la sostenibilidad y el medioambiente?

-Creo sinceramente que en Asturias existen todos los mimbres necesarios para volver a convertirnos en un polo industrial de referencia a nivel europeo. Si bien es uno de los grandes retos a los que se enfrenta la industria asturiana, la transición energética abre también la puerta a la orientación hacia nuevas actividades. El Estado y las empresas deben ser capaces de invertir los recursos y el empeño necesarios para que esta transición se haga de forma que no lastre la competitividad de la industria asturiana, porque el potencial necesario para la reindustrialización y el crecimiento sin duda existe.

-¿Qué papel tiene que jugar la industria en la economía española? O dicho de otro modo ¿qué papel debe exigírsele al Estado para el sector y para Asturias?

-La respuesta a la segunda pregunta responde a la primera. La crisis provocada por la pandemia del Covid-19 ha puesto de manifiesto el grave déficit manufacturero que sufre la Unión Europea, e hizo muy palpable las consecuencias que esto acarrea en términos de autoabastecimientos mínimos y capacidad de respuesta ante shocks externos. Esta situación ha hecho más vigente que nunca el debate sobre la reindustrialización necesaria de la Unión, y creo que España debería dar un paso al frente en esta materia. Existen regiones, como Asturias, que cuentan con una larga tradición industrial sobre la que sentar las bases de este proceso. El papel del Estado debe ser el de identificar el potencial latente de estas regiones e incentivar su desarrollo. Esto no pasa únicamente por financiar iniciativas o conceder ayudas, sino que el Gobierno debe liderar esta transformación, primero, sentando las líneas estratégicas que orientarán la evolución de la actividad industrial (en base al potencial latente antes mencionado); segundo, actuando como intermediador de referencia entre agentes sociales y otros organismos relacionados (centros de conocimiento, de investigación…) para articular y posibilitar ese avance, haciendo primar siempre los intereses sociales sobre los de mercado. El Estado es responsable de conseguir que la Especialización Inteligente sea eso, además de especializada, inteligente.

-En su encuentro con el presidente del Principado comentó que la industria puede ser el eje de la recuperación. ¿Qué políticas deben hacerse o qué medidas se deben tomar para que el sector asturiano vuelva a ser motor económico?

-En línea con la respuesta anterior, la primera y muy obvia cuestión que debemos resolver es si realmente queremos que eso suceda. En caso afirmativo, el primer paso es establecer una política industrial clara y planificada que se estructure a tres niveles: cuál es el potencial del que partimos y cuáles son las líneas de desarrollo a impulsar, qué políticas queremos y podemos implementar para que esto suceda, y cuáles son las medidas y acciones a implementar para cumplir esas políticas. En segundo lugar, hay que sacar ese proyecto del cajón. El Gobierno debe mantener contacto estrecho y constante con empresas, trabajadores, agentes sociales y otros relacionados para conocer sus necesidades, coordinar planes y actuaciones… En aquel encuentro trasladé al Presidente todo mi empeño y entusiasmo ante la necesidad de convertir la industria en el motor de la recuperación económica asturiana, de igual manera que él defendió su acuerdo y compromiso ante este planteamiento.


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