El calor, un reto para la vivienda en Asturias
Asturias
Los nuevos estándares de eficiencia energética y las rehabilitaciones son claves para hacer frente a las temperaturas que crecen en la región
27 Aug 2023. Actualizado a las 05:00 h.
Aunque los veranos en Asturias siguen siendo inciertos, y nunca se sabe cuándo va a asomar el sol y cuándo van a aparecer las nubes grises, lo cierto es que en los últimos años se ha notado un ascenso de la temperatura durante largos periodos de la temporada estival que llevan a plantear una pregunta: ¿están las viviendas asturianas preparadas para el calor? La respuesta es sí y no, y el punto de inflexión lo marca la normativa.
Hasta principios de siglo, en Asturias, nadie se preocupaba por hacer que las viviendas hicieran frente con eficacia al calor. A decir verdad, ni siquiera había demasiada preocupación por hacer frente al frío. Entonces empezaron a oírse cada vez más dos palabras clave: «eficiencia energética». El cambio se produjo en 2006, con la aprobación del Código Técnico de Edificación.
Como explica el presidente del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Asturias, Antonio Suárez Colunga, cuando se aprobó el código «en España se empezó a considerar construir las viviendas con un mínimo de confort, cosa que hasta entonces no se había mirado; solo se hacían habitáculos para que la gente viviera, pero los temas de eficiencia energética y control ambiental no se contemplaban».
El problema está en que la mayor parte del parque de viviendas de Asturias se construyó, precisamente, hasta el año 2006. Poco después de que se aprobara la normativa, llegó la crisis financiera y la construcción cayó en picado. El sector tardó años en levantar cabeza y su recuperación es todavía lenta. Entonces, la mayoría de los edificios se construyeron sin tener en cuenta estos criterios técnicos.
Las viviendas que se construyeron a partir de 2006 ya cumplen mejor con los requisitos de eficiencia, especialmente a partir de una directiva europea aprobada a tal fin en 2011, que aumentó los estándares para mejorarla. El presidente de la Fundación Estudios Calidad Edificación Asturias (FECEA), Arturo Gutiérrez de Terán, sostiene que todas esta exigencias «van a beneficiar a la calidad de vida interior de los habitantes de las viviendas, a economizar su mantenimiento y a contribuir de una manera muy importante a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero».
Lo importante es que no haga falta «abrir las ventanas para que entre el frío ni el calor», porque tiene que existir «una tecnología adecuada para renovar el aire y mejorar la calidad del aire interior de un modo más saludable sin tener que utilizar el aire acondicionado o la calefacción». Esta última, no obstante, «siempre se utilizará en momentos fríos».
Lo importante es que se haga en menor medida, que haya menos necesidad de consumir. «Y por la misma razón, tiene que haber menos necesidad de consumir refrigeración». Y, según Gutiérrez de Terán, «ahora más que nunca los sistemas constructivos y los acabados de los edificios deben estar mejor elaborados por quienes construyen el edificio». Necesitamos, entonces, «una mano de obra cada vez más segura y adecuada con el grado de cualificación correspondiente, que es uno de los problemas que nos podemos encontrar a corto plazo»
Suárez Colunga señala que en Asturias «no estábamos acostumbrados hasta ahora a padecer los rigores del calor en el verano» como ocurre en otros lugares. Lo normal hasta ahora era dormir sin problema por las noches. Ahora «se están dando temperaturas de 26 grados, y se plantea un problema que no habíamos padecido».
Teniendo en cuenta que una gran mayoría de las viviendas de Asturias no se construyó con los nuevos estándares, se está tomando cartas en el asunto para acomodarlas a los nuevos tiempos, y el mejor camino son las rehabilitaciones. Son muchos los edificios asturianos que se están rehabilitando en pos de una mayor eficiencia energética gracias a las subvenciones de la Unión Europea.
Según Gutiérrez de Terán, estas rehabilitaciones «se han monitorizado para comprobar la eficacia y la mejora de la calidad de vida interior y la reducción del consumo, y se ha demostrado que son eficaces», si bien la eficacia es mayor o menor en función de qué materiales se estén utilizando y de qué parte del edificio se coloca el aislamiento.
Suárez Colunga recordó que, cuando Gijón comenzó de forma pionera a dar subvenciones para arreglar las fachadas, el principal motivo era estético. Sin embargo, «hoy está más enfocado a la eficiencia energética que al de mejora estética», y «en todas las fachadas que se rehabilitan se busca que tengan una envolvente lo más perfecta que se pueda hacer».
Tanto Gutiérrez de Terán como Suárez Colunga consideran que deberían emprenderse cuantas más rehabilitaciones, mejor, y dar facilidades a las comunidades de vecinos. Entre otras cosas, porque merece la pena no solo desde el punto de vista ambiental sino también del de los costes. El presidente del Colegio da Aparejadores aseguró que hay estudios que indican que la rehabilitación de las fachadas termina siendo rentable a medio plazo. En primer lugar, porque «una buena parte de la obra es subvencionada» y, por otra parte, porque «al ritmo que va el coste de la energía en un tiempo lo amortizará en ahorro energético».