La Voz de Asturias

Hermanos Campal: los sastres de 75 años que resisten en Nava en la era de la moda de usar y tirar

Asturias

Manuel Noval Moro
Sastrería Hermanos Campal

Ignacio y Aurelio siguen confeccionando trajes a medida, y enseñan el oficio a su descendiente, José Ignacio, para garantizar el relevo generacional

17 Jan 2024. Actualizado a las 05:00 h.

Ignacio y Aurelio Campal tenían doce años el día que su padre los llevó a una sastrería. «Fue una cosa espontánea, y ahora vemos que estuvo muy bien elegido, que acertaron con ello», recuerda Ignacio muchos años después. Entonces, cuando entraron por la puerta del taller de Manuel Nava, en San Julián de Bimenes, los gemelos no sabían que aquel iba a convertirse en su oficio para siempre. Y, por supuesto, tampoco podían saber que 63 años más tarde formarían parte de la resistencia. Sastrería Hermanos Campal, radicada en Nava, es uno de los pocos talleres de sastre artesanos que siguen activos en Asturias, nadando contra la abrumadora corriente de la moda rápida e impersonal y las telas baratas de usar y tirar.

Los gemelos eran casi unos niños cuando abrieron su propio taller en Nava. Tenían 18 años, muchas ganas de trabajar y el apoyo incondicional de su maestro. «Él siempre se portó muy bien con nosotros, y si precisábamos de saber algo, nos lo enseñaba. En esos primeros tiempos tenías dificultades y era siempre bueno que te echaran una mano», explica Ignacio.

Sastrería Hermanos CampalAlex Zapico

Por entonces, había mucho trabajo, porque los sastres confeccionaban toda la ropa: la de trabajo, la de vestir y cualquiera que se necesitase. Había varios sastres en San Julián y en Nava, pero el trabajo nunca le faltaba a ninguno. Pero los tiempos cambiaron. Y cambiaron mucho.«El cambio fue brutal en todos los sentidos. La competencia de fuera arrasó todo el textil y la sastrería bajó mucho, parecía que íbamos a caer del todo».

El doctor en Historia Contemporánea Míchel Suárez, estudioso y defensor de las sastrerías —y cliente de los hermanos Campal—, subraya la «catástrofe» que supusieron los años 90 y primera década del siglo XXI para las sastrerías, «que hicieron sentir con fuerza las cadenas de la moda rápida y basura, captando a la gente con prendas impersonales, malos cortes y malos tejidos». Por otra parte, explica que «el traje desapareció de las calles, de las oficinas y casi de las instituciones, de la política», y eso fue «un hándicap para la sastrería».

Pero hará unos diez años, empezaron a notar un cambio, un resurgimiento. Una de las razones puede haber sido, quizá, la reacción a los excesos de una moda tan apresurada y estandarizada. «Después de llegar tan bajo la gente se dio cuenta de que lo malo es malo y lo que tiene más calidad, tiene calidad», sostiene Ignacio.

El cambio empezó ya antes de la pandemia. «Lo notamos mucho en la llegada de novios, o de gente de empresa que querían tener buena imagen; hoy día, de trabajo estamos bien». El taller sigue en pie gracias al empeño familiar. Por una parte está la pasión de los sastres por lo que hacen. Por otra, la ayuda fundamental de la mujer de Ignacio, Vidalina, y de sus hijos Mayra y José Ignacio. Este último es, asimismo, la principal razón de que los gemelos sigan en activo. Está aprendiendo el oficio desde hace nueve años, y «si los hijos quieren seguir es lógico que les echemos una mano; para nosotros es una ilusión que sigan y que esto no termine».

Sastrería Hermanos CampalAlex Zapico

Pero todos son conscientes de que es un oficio difícil, porque requiere mucho trabajo y, aunque la demanda ha repuntado, es un repunte moderado. Es un trabajo que requiere habilidad y hay poca gente que sepa realmente trabajar. «Antes había mucha gente que sabía del oficio. Por ejemplo, muchas mujeres que hacían cosas. Gente que te hacía mangas, o que se especializaban en algunas partes. Ahora no hay nadie, ahora tienes que saberlo todo, y para una persona sola es difícil».

Y el margen de beneficio es bastante justo. Porque son muchas horas por prenda. Un traje de caballero, por ejemplo, les lleva unas 50 horas. Su gran valor es que hacen lo que el cliente les pide y se lo ajustan a la perfección a las características de su cuerpo. Es habitual que la gente llegue con una idea, con fotos de sus actores preferidos, de sus ídolos. Les dicen «quiero un traje como este». Ellos disponen, adaptan la hechura al cliente. «Lo nuestro es adaptarlo, hacemos siempre dos o tres pruebas y ellos mismos van diciendo si se ven o no se ven; te haces una idea de cómo les gusta y ves la forma de que cuadre bien».

Ellos visten sus propios trajes. Tienen buena planta y son elegantes, aunque son conscientes de que tienen que adaptar las prendas a su edad. «Ya no vestimos con pantalón pitillo y chaquetina, cada cosa debe ser con la edad que uno tiene; los jóvenes siguen queriendo el pitillo por abajo y la chaqueta ajustada, o el chaqué, que de por sí es ajustado, pero para nosotros es otra cosa».

Ignacio Campal se muestra muy agradecido con los clientes, porque son muchos los que se van satisfechos, los que repiten y los que les hablan a otros de su sastrería. Los hermanos tienen un trato muy amable, y en su taller el tiempo se detiene en unas formas de conducirse por la vida que se ven cada vez menos. Porque en las prendas de sastre, como sostiene Míchel Suárez, hay «ese poder evocador que no vas a encontrar en una prenda de usar y tirar». No se trata solo de la calidad de la prenda sino también del propio acto de elaborarla. Están las idas y venidas a la sastrería y el proceso de coproducción con el artesano. «Son todos esos detalles que ellos ejecutan pero al mismo tiempo eres copartícipe porque puedes ir modificando el proceso, es algo que está ausente en el proceso de cambiar una prenda por dinero. Esto no tiene nada que ver», dice el historiador. En el caso de los Campal, la gente repite, en palabras de Míchel Suárez, «porque la diferencia es abismal: la sisa, el ajuste de prendas, la durabilidad, te crea una relación afectiva muy estrecha con la prenda».

La sastrería, como casi todos los oficios artesanos, es muy estacional. Normalmente, a finales de año y en los meses de enero y febrero llegan los meses más flojos. Este año, sin embargo, la temporada ha empezado bien. Están empezando a hacer los primeros encargos para el verano que viene. Sobre todo, trajes de novio. Pero también confeccionan chaquetas, pantalones, abrigos, moda femenina. Toda una gama de prendas con una doble garantía: la del producto de calidad y la del mimo y la maestría con la que lo hacen dos enamorados de la confección.


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