Las bebidas energéticas, un mal hábito para los jóvenes
Asturias
Asturias estudia prohibir su consumo a niños y adolescentes por su alto contenido en cafeína, azúcares y otras sustancias
11 Oct 2024. Actualizado a las 05:00 h.
Asturias se está planteando prohibir el consumo de bebidas energéticas a menores de 18 años, siguiendo así el camino que ha andado Galicia, donde ya están prohibidas. La principal razón está en su alto contenido en cafeína y azúcares, que pueden resultar perjudiciales para niños y adolescentes.
Un informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) considera bebidas con alto contenido en cafeína aquellas que contienen más de 15 miligramos de esta sustancia por 100 mililitros de bebida. Las bebidas energéticas tienen de media 32mg/100ml. Una lata de 250 ml equivaldría a un café expreso.
Esto es un problema si se tiene en cuenta que la cafeína puede tener efectos nocivos sobre la salud de los menores. La propia AESAN señala que un consumo excesivo de cafeína puede provocar efectos adversos en el organismo.
Por una parte, habla del peligro del consumo regular de cafeína, que puede causar dependencia física moderada a partir de 100 mg/día y también tolerancia, esto es, la necesidad de consumir una dosis cada vez mayor para sentir sus efectos.
Por otra, en cuanto al consumo en adolescentes, entre los 11 y los 17 años, más de 60 miligramos de cafeína (unos 200 mililitros de bebida energética con 32 mg de cafeína/100ml) puede provocar alteraciones del sueño. Y a partir de 160 miligramos de cafeína (la contenida en dos latas de 250 ml de estas bebidas) puede provocar efectos adversos generales para la salud: efectos psicológicos y alteraciones comportamentales y trastornos cardiovasculares, que se sumarían a los de otros alimentos que pueden contener también cafeína, como el café, el té o el chocolate.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) advierte también de los riesgos de la ingesta de estas bebidas en menores. «La cafeína, en dosis ajustadas, puede ser beneficiosa: aumenta el estado de alerta y reduce la somnolencia, pero en exceso estos beneficios se convierten en un riesgo real: ansiedad, problemas de sueño, problemas cardiovasculares…», advierte la organización, que por otra parte indica que muchas de las bebidas contienen «otras sustancias estimulantes como el ginseng, la glucoronolactona o la taurina, de la que se sabe que, consumida en exceso, puede causar temblores y dolor en el pecho».
La borrachera despierta
Según la OCU, no solo está aumentando el consumo de bebidas energéticas entre los adolescentes sino que ocurre algo más preocupante: las mezclan cada vez más con alcohol. Esta combinación tiene dos perjuicios evidentes. El primero, la propia ingesta de cafeína. El segundo, lo que han dado en llamar la «borrachera despierta», el hecho de que la cafeína reduce la somnolencia y también la percepción de intoxicación etílica, con lo que el consumo de alcohol aumenta, y el daño es entonces mayor. Por eso, la OCU no deja de pedir que se dé un mensaje claro «Una bebida energética no es un refresco inocuo, son 'bombas de cafeína' y es necesario avisar de ello de una manera más clara».
Esta diferenciación debería hacerse, en primer lugar, en los puntos de venta. Ya que no son refrescos, deberían estar separados de las bebidas que sí lo son. Por otra parte, está el etiquetado. Según los consumidores, debería indicarse con claridad el contenido en cafeína en las propias latas de bebida. Es cierto que existe un reglamento europeo que obliga a incluir la advertencia: «Contenido elevado de cafeína: No recomendado para niños ni mujeres embarazadas o en período de lactancia», pero la organización considera que «esa información no es muy visible» y por ello solicita que no puedan pasar desapercibidas, como ocurre con los paquetes de tabaco, en los que la advertencia ocupa el 65 por ciento de la imagen..
Por otra parte, AESAN señala que «las bebidas energéticas con azúcares» pueden contribuir a exceder la ingesta diaria recomendada de azúcares simples (50 g al día según la recomendación de la OMS) ya que una lata de 250 ml aporta entre 27,5 y 30 gramos y el envase de 500 ml entre 55 y 60 gramos.
Asimismo, advierte a los deportistas de que las bebidas energéticas no suelen ser adecuadas para la práctica deportiva porque no han sido diseñadas para la rehidratación, y en ningún caso pueden sustituir a la hidratación y recuperación de metabolitos por medios convencionales como el agua o las bebidas isotónicas.
Algo a tener en cuenta es la relación de los efectos que pueden hacer estas bebidas con la masa corporal de cada persona, de tal manera que cuanto menor sea el peso de quien las ingiere, más alteraciones le producirá al organismo.
Por todas estas razones, la AESAN recomienda, en el caso de los adultos, la moderación en el consumo de bebidas energéticas. Lo ideal es que se haga de forma muy esporádica y en los formatos que lleven menor cantidad.
Y propugna evitar el consumo en niños y adolescentes, y mujeres embarazadas o en periodos de lactancia. También en personas con hipertensión o problemas cardiovasculares o que padezcan alteraciones del sueño.