La Voz de Asturias

Isabel Vigil, psicóloga: «Puedes tener un trauma sin saberlo, a veces te lo dicen los demás»

Asturias

Sergio M. Solís Redacción
Isabel Vigil, psicóloga experta en trauma

Esta terapeuta es pionera en Europa en la aplicación de la Accelerated Resolution Therapy, una innovadora técnica que permite procesar experiencias traumáticas y bloqueos emocionales sin necesidad de revivir el dolor: «Incluso cuando se vuelve a pensar en ese recuerdo, las emociones negativas ya no están»

30 Jun 2025. Actualizado a las 08:28 h.

Isabel Vigil, psicóloga asturiana con consulta en Gijón, es experta en traumas y pionera en Europa en la aplicación de la Accelerated Resolution Therapy (ART), una innovadora técnica que permite procesar experiencias traumáticas y bloqueos emocionales sin necesidad de revivir el dolor. Primera formadora certificada del continente y única consultora EMDR en Asturias, lidera además un equipo de psicólogas y está empezando a formar a otros profesionales en esta terapia que está revolucionando la forma de abordar la salud mental.

—¿Cómo ha sido su trayectoria y cómo ha llegado a especializarse en trauma?

—Mi camino hacia la psicología no fue directo. Antes de dedicarme a esto, fui profesora. La psicología era una espinita que había quedado clavada porque en su momento no me dejaron estudiarla. Años después, decidí retomarla. Me formé como psicóloga y descubrí EMDR, una técnica que trabaja con estimulación bilateral para procesar experiencias difíciles o traumáticas. Me apasionó tanto que me especialicé, y hoy soy la única consultora en Asturias acreditada en EMDR. Después, investigando más, conocí ART (Accelerated Resolution Therapy), que también trabaja con estimulación bilateral pero con un enfoque distinto y más rápido. Para formarme, tuve que viajar a Estados Unidos, porque no existía formación online ni formadores en Europa.

—¿En qué se diferencia exactamente ART de otras terapias más conocidas o tradicionales, como la cognitivo-conductual o incluso EMDR?

—ART se distancia bastante de la terapia cognitivo-conductual, que es más directiva y verbal, donde el terapeuta analiza y orienta al paciente. En ART, el terapeuta no guía ni interpreta lo que el paciente dice, sino que le da instrucciones muy concretas para que su mente procese el recuerdo por sí misma. A diferencia del EMDR, que también utiliza estimulación bilateral, ART es más estructurada y rápida, y se centra mucho en lo visual y lo físico. En ART se accede al recuerdo, pero sin tener que revivir el trauma de forma intensa. Se trabaja desde una conexión breve, suficiente para activar la emoción, pero sin quedarse en el sufrimiento.

—¿Y cómo es posible trabajar con traumas sin revivir el dolor asociado?

—La clave está en cómo se estructura la sesión. Se pide a la persona que conecte con la situación difícil, pero durante muy poco tiempo. Luego se la redirige con una serie de ejercicios visuales, físicos y de imaginación. Incluso cuando se vuelve a pensar en ese recuerdo, las emociones negativas ya no están. Es algo que no se consigue solo hablando. La terapia hablada puede dar alivio momentáneo, porque nos sentimos comprendidos, pero no produce cambios duraderos en el cerebro. Con ART, el cambio se consolida: el recuerdo sigue ahí, pero ya no duele.

—¿Puede ofrecer un ejemplo de cómo esto funciona en la práctica?

—Sí, uno muy común: una persona que fue engañada por una pareja y después arrastra inseguridad o celos en nuevas relaciones. Aunque racionalmente sepa que su nueva pareja no tiene la culpa, no puede evitar reaccionar. Ha hablado del tema mil veces, lo ha analizado… pero sigue ahí. En una sesión de ART, trabajamos primero el recuerdo del engaño original y luego las emociones que se activan en el presente. El resultado es que esa reacción automática desaparece. Yo siempre digo que ART no resetea, sino que «actualiza» el sistema emocional. No te borra nada, pero sí limpia lo que ya no te sirve.

—¿Qué tipo de problemas se pueden tratar con esta terapia?

—Se puede aplicar prácticamente a cualquier dificultad emocional: traumas, miedos, ansiedad, duelos, bloqueos… Muchas veces la gente me dice: «Yo no he vivido ningún trauma», porque asocian esa palabra con guerras o catástrofes. Pero también existen los «traumas con t minúscula»: experiencias repetidas que nos dañan poco a poco, como comparaciones familiares, bullying o desprecios constantes. ART funciona muy bien tanto con los traumas grandes como con estas heridas más sutiles, aunque los cambios suelen ser más rápidos en los casos de traumas puntuales.

—¿Cree que la sociedad es más abierta ahora a hablar de traumas y de salud mental?

—Totalmente. En los últimos años el cambio ha sido enorme. Antes, hablar de EMDR o ART era como hablar en otro idioma. La gente era muy escéptica. Ahora vienen preguntando directamente por estas terapias. Antes eran sobre todo mujeres; ahora vienen muchísimos hombres, y lo hacen con naturalidad. Incluso entre amigos se comenta. Todavía hay quien lo vive como algo muy privado, pero cada vez hay más apertura. Y eso es una gran noticia.

—¿Cómo se puede saber si uno sufre un trauma no resuelto? ¿Cuáles son las señales?

—Es muy común no darse cuenta. Puedes tener un trauma sin saberlo, a veces te lo dicen los demás: «Oye, esto deberías trabajarlo». Puede ser una ira desproporcionada, una inseguridad excesiva, bloqueos, obsesiones, pensamientos recurrentes… Conductas que uno no puede evitar, aunque sepa que no tienen lógica. También baja autoestima o miedos que no se explican del todo. Muchas personas lo intuyen y vienen diciendo: «Sé que esto viene de cómo me trataron cuando era pequeño», o de relaciones pasadas. Otras no lo saben, pero lo sienten.

—¿Atiende habitualmente a personas que ya han pasado por otras terapias sin éxito?

—Sí, muchas. Suelen decir que llegan aquí como último recurso. Yo pienso que debería ser el primero. A veces han probado años de terapia tradicional sin lograr desbloquear lo que les pesa. ART trabaja desde otro lugar y ofrece resultados más rápidos y profundos.

—Es la primera formadora de ART en Europa. ¿Cómo fue ese proceso?

—Sí, no soy la primera terapeuta, pero sí la primera 'trainer' fuera de América del Norte. Fui a Estados Unidos a formarme primero como terapeuta y luego como formadora. Quería que otros profesionales pudieran acceder a esta técnica sin tener que viajar o saber inglés. Ya he hecho mi primera formación aquí con profesionales de varias partes de Europa, y el interés está creciendo mucho. Empezamos poco a poco, pero ya se ve que hay mucha curiosidad y entusiasmo.

—¿Fue escéptica al principio con esta técnica?

—Sí, mucho. Me parecía demasiado bueno para ser verdad. Además, yo estaba muy involucrada con EMDR, que me parece una herramienta extraordinaria. También dudaba de si esta terapia encajaría en la cultura española, más reservada que la americana. Pero al probarla, y ver los resultados tanto en mí como en mis pacientes, me convencí completamente. Es distinta, pero funciona. Y no he encontrado el rechazo cultural que temía.

—¿En cuántas sesiones se empiezan a ver resultados?

—Hay estudios que indican que en unas cinco sesiones se consiguen resultados significativos, pero siempre depende del tema concreto. Si una persona viene con un problema específico, como miedo a hablar en público o un duelo no resuelto, se puede trabajar y mejorar en ese tiempo. Pero si vienen con muchas cosas abiertas —problemas de pareja, familiares, laborales, etc.— entonces se abordan por separado. La terapia es rápida, sí, pero no es mágica. Lo bueno es que incluso situaciones arrastradas durante años pueden transformarse en una sola sesión, como me ha pasado con algunos pacientes.

—¿Qué mensaje le daría a alguien que lo está pasando mal, pero duda si empezar una terapia?

—Que lo pruebe. De verdad. Todos los que vienen con miedo o dudas terminan diciendo lo mismo: «Tenía que haber venido antes». El sufrimiento innecesario se alarga muchas veces por no dar el paso. A veces pedimos a nuestros amigos que nos ayuden, pero ellos no tienen las herramientas, no pueden hacer el trabajo de un terapeuta. Hoy en día hay muchos profesionales y enfoques distintos. Lo importante es encontrar a alguien con quien uno conecte.


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