El calvario de un joven asturiano tras una presunta negligencia médica: «La pierna olía a podrido, tenía que dormir con mascarilla»
Asturias
Un error en el primer diagnóstico de una lesión en la pierna dio lugar a once intervenciones y meses de ingreso hospitalario, con momentos en los que su vida corrió serio peligro por una necrosis: «Entré directamente a quirófano para intentar salvarme la vida»
02 Feb 2026. Actualizado a las 08:03 h.
Juan Milans tenía 19 años cuando un choque fortuito en un partido de fútbol regional estuvo a punto de costarle la vida. Dos años después, tras once operaciones en su pierna derecha, una discapacidad reconocida del 66% y un proceso judicial abierto por presunta negligencia médica, el joven asturiano reconstruye con serenidad un calvario que comenzó disfrutando de su deporte favorito.
«Fue un córner al final del partido, sobre el minuto 80. Yo jugaba de lateral y subí a rematar», recuerda. Tras un rechace y un control largo, Juan y el portero rival se lanzaron a por el balón: «Chocamos. Fue todo muy rápido; no tengo la imagen exacta del choque, pero nos tiramos los dos y tocamos». La lesión, en un primer momento, parecía dolorosa pero asumible. Sin embargo, se iría agravando con el paso de las horas: «No esperaba que fuera tan grave. Al final, lo fue tanto por la lesión en sí como por los supuestos fallos médicos que hubo más tarde».
Tras el golpe, el joven fue trasladado al Hospital Universitario Central de Asturias. Allí le realizaron una radiografía y le comunicaron el primer diagnóstico: «Me dijeron que tenía una fractura de tibia sin desplazamiento». Sin embargo, sus sensaciones no encajaban con esa valoración. «Yo estaba en urgencias a gritos de dolor. Me pusieron hasta tres tipos de medicación, incluso fentanilo, pero me mandaron para casa con una férula puesta», explica. La indicación fue que el lunes acudiera a la mutua deportiva para valorar una posible operación, pero el dolor no remitía: «La medicación no servía para nada».
Esa misma noche, la situación empeoró. «Me mandaron tomar Enantyum en casa, pero si el fentanilo no me había hecho nada, eso menos», comenta. Su padre llamó a la Clínica Asturias para pedir el ingreso del joven y que así le ayudaran a controlar el dolor. El traslado hasta el coche fue, en palabras de Juan, «una odisea». Al llegar al centro, se desmayó en la sala de espera. Allí recibió más medicación, una decisión que, según le explicaron después, fue contraproducente. «Enmascaró el dolor y, además, aumentó la hemorragia del síndrome compartimental que padecía», lamenta. Aun así, no fue ingresado: «Nos dijeron que no me podían operar ni ingresar porque no había un traumatólogo de urgencias que firmara el ingreso. Se seguían fiando del diagnóstico inicial del HUCA».
El peregrinaje continuó esa misma noche en el Centro Médico de Asturias, donde finalmente logró ser ingresado. «Me hicieron el preoperatorio porque parecía que me tenían que intervenir de urgencia, pero al final me quedé allí sin cirugía». El lunes, una nueva radiografía, esta vez con la férula puesta, volvió a minimizar la gravedad. «Volvieron a decirme que solo era una fractura sin desplazamiento». Mientras tanto, el dolor era insoportable.
No fue hasta el martes cuando le retiraron la férula. «Mi padre estaba en la habitación y se asustó al ver mi pierna, estaba hinchada y totalmente morada». Horas después, un nuevo traumatólogo detectó lo que llevaba más de dos días avanzando sin tratamiento. «Al ver que no sentía ni podía mover los dedos del pie, me diagnosticó el síndrome compartimental. Me operaron de inmediato», relata. El joven es tajante respecto a lo que vivió durante aquellos días: «Desde el momento del choque dejé de sentir los dedos. Pasaron más de 48 horas con un dolor que no se calmaba con nada».
La operación llegó tarde y las complicaciones se encadenaron: «Me dejaron la pierna abierta para liberar la presión. Me abrieron desde debajo de la rodilla hasta el tobillo por ambos lados». La herida supuraba y el olor era insoportable. «Empezó a oler a podrido; tenía que dormir con la ventana y la puerta abiertas y con mascarilla. Me hacían curas en la habitación sin anestesia y yo gritaba de dolor», relata.
El olor era consecuencia de una necrosis: «En una de las entradas a quirófano nos dijeron que parte del músculo estaba muriendo». A eso se sumó un problema aún más grave. «Más tarde descubrieron que también tenía una arteria rota y me estaba desangrando», rememora. El mensaje a la familia fue claro. El estado de la pierna era «muy grave» y «si no cambiaba de hospital, la cosa pintaba muy mal».
El regreso al HUCA se produjo gracias a gestiones externas, con la intermediación de la Mutualidad de Futbolistas y la Federación Asturiana de Fútbol. Una vez en el centro, ingresó en la UCI: «Entré directamente a quirófano para intentar salvarme la vida y la pierna». La infección ya se había generalizado y «había pasado a la sangre». Las siguientes 48 horas fueron claves: si no reaccionaba a los antibióticos, «era muy probable que muriera».
Afortunadamente, la intervención y los tratamientos funcionaron correctamente, pero las secuelas que Juan sufre a causa de las demoras y los errores sanitarios son permanentes. Permaneció ingresado durante meses, encadenando varias operaciones para recuperar poco a poco su salud. «Me han reconocido una discapacidad del 66%. Pudieron salvarme la pierna, pero he perdido prácticamente todo el músculo», afirma. Tras superar un total de once cirugías, tampoco tiene movilidad en el tobillo: «Tuvieron que quitarme el tendón tibial». Hoy, el joven camina con muletas y sigue en proceso de rehabilitación con el objetivo de poder caminar algún día sin ellas, pero «no es seguro».
Pese a la concatenación de infortunios, su discurso no es de rabia: «Sinceramente, no me ha costado tanto aceptarlo. Lo que peor llevé fue el tiempo de los dolores». Ahora, con una querella en marcha contra cinco de los profesionales que lo atendieron en los tres hospitales ovetenses, espera responsabilidades: «Quiero que se haga justicia. Pienso que se cometieron varios errores médicos graves». El joven asegura que deja el procedimiento legal para sus familiares y abogados mientras él ya solo piensa en el futuro: «Quiero centrarme en mis estudios y en recuperarme». Cuando piensa en aquel chico de 19 años que saltó a rematar un córner sin saber lo que vendría después, Juan lo resume con templanza: «Le diría que tuviera mucha paciencia y que se apoyara en su gente, que me han ayudado muchísimo».