Concepción Saavedra, consejera de Salud de Asturias: «Trasplantes, oncología compleja y grandes cirugías solo los garantiza la sanidad pública»
Asturias
«Puedo garantizar que existe un circuito preferente en el que las unidades de mama deciden cuándo corresponde cada prueba y cada consulta; estamos revisando todos los circuitos para evitar cualquier retraso indebido»
08 Feb 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Concepción Saavedra Rielo (Lugo, 1967), consejera de Salud de Asturias, afronta una etapa clave para el sistema sanitario del Principado, marcada por el mayor presupuesto de su historia, la reordenación del mapa sanitario, las tensiones laborales y una fuerte apuesta por la modernización del sistema. La consejera aborda el alcance de las reformas que están en marcha, defiende el modelo público, responde a las críticas por las listas de espera y lanza un mensaje de confianza tanto a profesionales como a pacientes.
—Consejera, arranca el año con una de las mayores reformas sanitarias de las últimas décadas en la mirilla por el cambio de áreas sanitarias, además de la irrupción de la IA. La tensión con el personal sanitario también va en aumento. ¿En qué punto diría que está hoy en día el sistema sanitario?
—Estamos en un momento de cambio y de intento de mejora. Desde el inicio de la legislatura dijimos que Asturias tiene un muy buen sistema sanitario público, pero que aun así puede ser más eficiente. Ese es el camino, especialmente si hablamos de sostenibilidad. En este momento estamos inmersos en la reorganización del mapa sanitario, ya aprobado, con su estructura también aprobada, que supone la mayor reforma administrativa de la sanidad asturiana y una de las mayores reformas administrativas de Asturias. No hablamos de cambiar la asistencia ni las infraestructuras: Asturias tiene nueve hospitales públicos y más de 200 centros de salud y consultorios, una red muy potente y bien distribuida que va a seguir siendo la misma, incluidos los hospitales comarcales, que forman parte de nuestra identidad y del modelo socialista de sistema sanitario público. Donde sí creemos que podemos mejorar es en la gestión de todo lo no asistencial: contratos de limpieza, cafeterías, aparcamientos, y también en centralizar la evaluación de nuevas tecnologías, fármacos y terapias para decidir de forma clara su incorporación al sistema. Además, estamos en pleno relevo generacional. Se jubilan profesionales y se incorporan otros más jóvenes, con un paradigma distinto: piden más estabilidad, más seguridad, pero también más flexibilidad y conciliación. El sistema sanitario público tiene que adaptarse a esa nueva realidad y pilotar nuevos modelos de organización del trabajo.
—Como responsable de Salud, ¿cuál es ahora mismo su mayor preocupación?
—La defensa del sistema sanitario público. Vemos modelos en otras comunidades donde disminuye la inversión pública y se tiende a la externalización o a la privatización. En Asturias defendemos claramente el modelo público porque es el único que responde en situaciones de urgencia y emergencia y el que permite hablar de salud en mayúsculas, de salud comunitaria. Para defenderlo hay que reforzarlo y dar un buen servicio a la población. Por eso trabajamos en atención primaria, en mejorar la accesibilidad y en captar más profesionales para todo el sistema. Nos preocupa especialmente la salud mental y el bienestar emocional, con un aumento claro de consultas tras la COVID, especialmente en población infantil y juvenil. No de trastornos graves, pero sí de ansiedad, depresión o insomnio. Ahí estamos actuando con más recursos, con el Pacto por la Salud Mental y con la futura Ley de Salud Mental. Y, por supuesto, los tiempos de demora: hemos mejorado, pero no podemos conformarnos. En 2026 tenemos que seguir desarrollando ese plan estructural.
—Todo esto se apoya, evidentemente, en los presupuestos ya aprobados: más de 2.500 millones, el mayor presupuesto sanitario de la historia de Asturias. ¿Está satisfecha?
—Sí. En sanidad siempre necesitamos más recursos, pero estoy muy satisfecha porque este presupuesto refleja el compromiso de un Gobierno y de un presidente con el sistema sanitario público. Asturias es la comunidad con mayor inversión en salud por habitante, 2.525 euros. Ese presupuesto es imprescindible para avanzar: para los profesionales, para la tecnología, para las nuevas terapias. A veces se dice que es un presupuesto muy alto, pero depende con quién nos comparemos. En España somos la primera comunidad en inversión por habitante, pero si nos comparamos con Europa, el peso de la sanidad en el PIB es mayor que aquí. Todavía queda camino por recorrer y para dar un buen servicio hacen falta buenos presupuestos. Si no se aprueban, luego no se puede avanzar.
—Sobre el cambio de áreas sanitarias: la previsión actual es que todo esté listo a finales de marzo. ¿Llegarán a esa fecha las modificaciones de plantilla y los nombramientos?
—Sí. Es cierto que los trámites administrativos a veces retrasan los plazos, pero estamos dentro de lo previsto. El decreto del mapa sanitario establecía tres meses para aprobar la estructura y seis meses para adaptar el sistema. Esos seis meses se cumplen el 31 de marzo. La modificación de plantillas y los cambios derivados de la nueva estructura ya se están llevando a Consejo de Gobierno y a convocatorias. La idea es que todo esté modificado cuando corresponde, a finales de marzo.
—Sindicatos y trabajadores se muestran escépticos ante este cambio. ¿Qué mensaje les traslada?
—Todo cambio genera incertidumbre y es normal que exista miedo. Pero este cambio se hace para ser más eficientes y para dar un mejor servicio. Para los pacientes va a significar menos burocracia, mayor coordinación, más seguridad y, especialmente en zonas periféricas y rurales, más servicios y prestaciones. Para los profesionales supondrá trabajar en servicios más grandes, con más contacto con la última tecnología y las técnicas más avanzadas, y permitirá formar a más profesionales de medicina y enfermería. A nivel asistencial habrá una mejora de eficiencia y a nivel no asistencial la centralización de servicios, especialmente en innovación, será beneficiosa para todo el sistema.
—¿Cuándo cree que se podrá evaluar si la medida realmente funciona?
—La población lo irá viendo progresivamente. Ya se están ampliando servicios en algunos centros y hospitales, y eso se notará con el tiempo. No será inmediato, no se verá en un mes, pero en unos meses o en un año los resultados deben ser visibles. Y algo importante: no se va a cerrar ningún dispositivo. Al contrario, se pretende potenciar la atención primaria, la salud pública y los hospitales comarcales.
—¿Qué notará entonces el paciente en su día a día?
—Más equidad en el acceso a servicios y prestaciones, menos burocracia al pasar de ocho a tres áreas, mayor coordinación y un uso más eficiente de los recursos. Todo ello debería traducirse en más agilidad y en una mejor atención.
—Las listas de espera siguen siendo una de las grandes preocupaciones. El pasado año se cerró con más de 22.000 cirugías pendientes y más de 110.000 paciantes esperando por una primea consulta con un especialista. ¿Hablamos ya de un problema estructural?
—Las listas de espera existen en cualquier sistema sanitario, público o privado. Lo importante es reducirlas y garantizar tiempos adecuados de respuesta. No estoy satisfecha mientras no alcancemos esos objetivos, pero se ha trabajado mucho. Hemos recuperado niveles de actividad previos a la COVID y entre junio de 2023 y junio de 2025 la lista de espera quirúrgica se ha reducido un 13%, y un 30% en los casos de más de 180 días. En pruebas diagnósticas han bajado tanto pacientes como demoras, y casi todas están por debajo de 60 días, salvo la resonancia, que está en 62 y también ha mejorado. En consultas la reducción es más lenta, pero hay proyectos en marcha como la teledermatología o la incorporación de optometristas en oftalmología. En traumatología estamos reorganizando circuitos y también se ha firmado un convenio con mutuas para algunos casos laborales. En 2026 la población irá notando una mejora también en consultas.
—En las últimas semanas ha habido una preocupación por los retrasos en mamografías. ¿Entiende esa inquietud?
—La entiendo completamente. Es un tema que me toca de cerca. Quiero lanzar un mensaje de tranquilidad: el sistema está funcionando y hay tres circuitos claros. El cribado poblacional entre 50 y 72 años funciona en tiempo y forma. Las mamografías solicitadas desde primaria o desde servicios hospitalarios están publicadas en AsturSalud con datos transparentes. Y las mujeres con cáncer de mama diagnosticado o alto riesgo tienen un circuito preferente gestionado por las unidades de mama. Eso no quita que revisemos los circuitos, que es lo que estamos haciendo. Hemos reforzado equipamiento, con nuevos mamógrafos y ecógrafos, y este año incorporaremos más. Tenemos un 22% más de radiólogos y un 27% más de técnicos que en 2021, y hacemos más actividad. Hay más recursos, más profesionales y más actividad.
—¿Puede garantizar que ninguna mujer con cáncer de mama diagnosticado está esperando por una mamografía?
—Lo que puedo garantizar es que existe un circuito preferente en el que las unidades de mama deciden cuándo corresponde cada prueba y cada consulta. Estamos revisando todos los circuitos para evitar cualquier retraso indebido. Entendemos que en algunos casos pueda existir inquietud cuando se acerca la fecha de la prueba y no se les ha llamado todavía, pero eso no supone que no exista esa cita o que se vaya a retrasar. Además, hemos abierto un cauce de colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer para que nos trasladen cualquier incidencia. Hacemos más de 20 millones de actos clínicos al año y puede haber situaciones a mejorar. Escuchar, colaborar y dar soluciones es positivo para todo el sistema.
—¿Le preocupa que se genere una percepción social de que quejarse en redes sociales garantiza mejor atención?
—No, y quiero dejarlo muy claro. Todos los pacientes deben recibir la misma atención, vivan donde vivan y tengan la situación que tengan, escriban o no en redes sociales. La igualdad en la atención es un principio básico del sistema sanitario público.
—Tras el acuerdo con el sindicato médico, ¿le preocupa una nueva escalada del conflicto?
—Una huelga siempre preocupa porque afecta a los pacientes. Por eso hemos dialogado desde el inicio de la legislatura y hemos alcanzado un acuerdo importante, que responde a demandas históricas y a nuevas necesidades de los profesionales jóvenes. La convocatoria actual es de ámbito nacional, vinculada al Estatuto Marco. Hemos insistido en que la huelga es negativa para todos y confiamos en que se llegue a una solución. En Asturias hemos trabajado para que el impacto sea el menor posible.
—Las enfermeras también denuncian precariedad y falta de estabilidad. ¿Hay margen de mejora para ellas?
—Hemos alcanzado acuerdos con el Frente Sindical Común que incluyen mejoras históricas en condiciones laborales y retributivas. Es cierto que no todo es salario: la organización y la estabilidad son clave. Estamos trabajando para que haya contratos más estables en todas las áreas y categorías, con oposiciones periódicas, concursos de traslados y desarrollo profesional continuo. Hay situaciones concretas que debemos estudiar mejor y en las que se pondrán soluciones.
—La futura Ley de Salud Mental estará lista en primavera. ¿Qué objetivos persigue?
—Desde el principio de la legislatura detectamos un aumento del malestar emocional, especialmente en población infantil y juvenil. Se han creado más de 90 plazas en salud mental y se impulsó el Pacto por la Salud Mental, con más de 100 entidades firmantes. La ley va a blindar ese modelo comunitario, los recursos y los derechos de las personas con discapacidad psicosocial, pensando en el futuro.
—Asturias ha ampliado el cribado neonatal hasta 55 patologías. ¿Qué significa esto en materia de salud pública?
—Lo anunciamos en el otro día con la proyección de un documental que recomiendo mucho: La vida en una gota. Un gesto tan sencillo como sacar una gota de sangre de un talón de un recién nacido significa prevención, evidencia científica y equidad. Un gesto tan sencillo como una gota de sangre puede cambiar la vida de un recién nacido y de sus familias. Desde 2014 se ha cribado a casi 54.000 bebés y se han diagnosticado 51 casos de forma precoz. Vamos a seguir avanzando con más equipamiento y mejor coordinación para llegar a más enfermedades.
—También se ha anunciado una inversión de 3,6 millones en inteligencia artificial para el diagnóstico de enfermedades. ¿Cómo se garantiza que apoye al profesional y no sustituya su criterio, además de proteger los datos personales de los pacientes?
—La inteligencia artificial ya es presente en Asturias y es una herramienta de apoyo, no de sustitución. Ayuda en la toma de decisiones clínicas, reduce burocracia y mejora la gestión. Cumplimos estrictamente el Esquema Nacional de Seguridad para la protección de datos sanitarios. Por ejemplo, mucho de ello es a través de imágenes. Se ve incluso más que con ojo humano, es verdad, porque tú le metes millones y millones de posibilidades en las imágenes y la IA te dice si lo que ve es normal o no. En ese punto permite al médico ver las cosas con más rapidez y marcarle un poco dónde puede haber algo que no esté bien. No va a sustituir al profesional, lo va a ayudar.
—El 17 de febrero se conocerá si la Agencia Estatal de Salud Pública se ubica finalmente en Oviedo. Más allá del debate territorial, ¿es realmente tan importante dónde se localice para el funcionamiento de la agencia?
—Lo que se busca es que la agencia no esté centralizada, darle entidad propia y visibilidad, y elegir un destino que permita desarrollar plenamente todo lo que tiene que ver con la salud pública. Hay una comisión que está evaluando los proyectos y los datos, no solo en relación con los indicadores de salud pública, sino también con aspectos como la calidad de vida, la vivienda, el empleo o las comunicaciones. Tiene que ser una agencia accesible y que permita a quienes trabajen en ella tener una buena calidad de vida. Hemos presentado un proyecto que creemos que puede ser el elegido. Asturias cuenta con un histórico en salud pública: cada año recibimos residentes de toda España para rotar en salud comunitaria; tenemos la experiencia de la pandemia de la COVID-19, con una respuesta reconocida por su rapidez y capacidad de adaptación; y contamos con un modelo de salud comunitaria que trabaja con asociaciones, ayuntamientos, educación y servicios sociales. Somos un millón de habitantes, lo que facilita una coordinación muy eficaz, y además tenemos una buena calidad de vida. En el proyecto hemos planteado también una ventanilla única para centralizar las necesidades de los trabajadores de la agencia y dar respuestas ágiles.
—Se ubique donde se ubique para los asturianos el impacto sería el mismo, ¿no?
—Exactamente. Es una agencia estatal que va a trabajar para todo el Estado, independientemente de dónde esté ubicada. Evidentemente esperamos que sea en Oviedo, pero sabemos que es una carrera difícil.
—Para terminar, me gustaría que lanzara un mensaje esperanzador a la población, especialmente a quienes están en listas de espera, a quienes han perdido confianza en la sanidad asturiana y también a los profesionales —enfermeras, médicos y resto del personal— que atraviesan un momento de tensión.
—Yo creo sinceramente que tenemos un muy buen sistema sanitario público y que el modelo de sanidad pública que tenemos es un modelo de éxito. Es verdad que hemos pasado por situaciones que han hecho que en algunos momentos no hayamos respondido como debíamos, pero los profesionales están demostrando su compromiso. Prueba de ello son los acuerdos recientes alcanzados con ellos. Nuestra idea es mejorar las condiciones laborales y retributivas y también la organización, para que puedan desarrollar al máximo sus competencias, tanto asistenciales como de investigación o formación. No siempre es fácil atender todas las necesidades de una plantilla de unas 20.000 personas, pero somos sensibles a ello y trabajamos en esa dirección. A los pacientes quiero decirles que todo el esfuerzo y el compromiso, tanto de la organización como de los profesionales, está orientado a mejorar día a día. Estamos mejorando en cifras, en recursos y en número de profesionales. En 2026 vamos a seguir contratando más personal y reforzando los recursos, con el objetivo de tener un sistema sanitario público fuerte que responda a las necesidades de la ciudadanía. En el debate sobre la sanidad privada conviene no olvidar que el sistema sanitario público es el único que garantiza la respuesta en situaciones de urgencia, emergencia o catástrofe, en atención primaria y comunitaria, en trasplantes, en procesos oncológicos complejos o en intervenciones quirúrgicas de alta complejidad. Eso solo lo ofrece la sanidad pública. Por eso debemos defenderla y seguir fortaleciéndola, con compromiso político, pero también con el compromiso de toda la sociedad.