Tras siete ingresos y varias intervenciones, el Principado indemnizará con 20.000 euros a un paciente por un error diagnóstico
Asturias
Esta persona, que reclamaba 309.518,77 euros a la Consejería de Salud, tuvo que pasar en apenas nueve meses por un sinfín de hospitalizaciones, pruebas y operaciones, minusvalorándose una patología pancreática que, progresivamente, «se evidenció a través de diversos datos clínicos»
16 Feb 2026. Actualizado a las 05:00 h.
El Pleno del Consejo Consultivo del Principado de Asturias ha determinado que un paciente que ingresó en siete ocasiones, fue sometido a diferentes pruebas e intervenido varias veces en apenas nueve meses no fue debidamente diagnosticado y tratado de la pancreatitis que padecía en su primer ingreso hospitalario. El organismo establece que, frente a los 309.518,77 euros reclamados, esta persona deberá ser compensada con una indemnización de 20.000 euros por parte de la Consejería de Salud por los daños y perjuicios.
Un vía crucis asistencial
El día 20 de septiembre de 2023, el afectado presentó en el registro de la Administración del Principado de Asturias una reclamación patrimonial dirigida a la Consejería de Salud por los daños y perjuicios derivados de la «deficiente asistencia» recibida en un hospital público al que se imputa un error diagnóstico, e «intervenciones invasivas innecesarias».
El inicio del proceso, un verdadero vía crucis de ingresos, pruebas y diferentes diagnósticos, se remonta al día 8 de abril de 2022, cuando esta persona acude el hospital de referencia «por un cuadro de ictericia franca», malestar general, febrícula, vómitos y coluria, «con descompensación diabética».
Después de recibir el alta, pero antes de llevarse a cabo la colecistectomía que se programó tras este ingreso, el afectado vuelve de nuevo de nuevo el 8 de julio de 2022 «con sepsis grave», y «una elevación de amilasa y una lipasa pancreática que triplicaba su valor normal», diagnosticándole colecistitis aguda, por lo que es intervenido de urgencia, «encontrándose líquido peritoneal purulento y gangrena vesicular incipiente», tras lo cual es dado de alta el día 12 «sin efectuar ninguna prueba o análisis dirigido al páncreas».
Apenas unos días después, concretamente el 14 de julio, reingresa con el diagnóstico de «colecciones periesplénicas» y recibe el alta el 21 del mismo mes, «sin comprobar la evolución radiológica de las colecciones».
El cuarto ingreso se produce el día 29 de julio «por dolor en epigastrio irradiado en cinturón (dolor característico de la pancreatitis aguda) y fiebre alta», ante lo que no se piden marcadores de pancreatitis, «pero sí un tac» que reinterpreta algunos de los síntomas del paciente «como colitis complicada». Este diagnóstico no se revisa, a pesar de que se realiza colonoscopia que descarta la colitis, pero sirve para dar de alta nuevamente al paciente el 9 de agosto «sin comprobar el estado de las colecciones».
El 22 de agosto de 2022, ingresa por quinta vez «con dolor abdominal intenso y fiebre alta», incidiendo el paciente y sus representantes en que los resultados de las pruebas determinan que «reunía de nuevo criterios suficientes y claros para el diagnóstico de pancreatitis moderadamente grave», pese a que «ni radiólogos ni clínicos se plantean dicho diagnóstico».
Esta persona refiere en su escrito de reclamación que «se le diagnostica de colitis isquémica y, se le somete a una intervención quirúrgica de resección de colon (…) el 7 de septiembre» con hallazgos que «muestran nuevamente que el aspecto y el contenido de las colecciones es característico de una pancreatitis necro hemorrágica» y que «tal como era de esperar, la anatomía patológica del colon (…), desvela que se trata de un proceso necrosante extrínseco al colon» (es decir, no era una colitis), resultado que fue «ignorado por los facultativos».
Al día siguiente del último alta, el 15 de septiembre de 2022, ingresa por sexta vez con dolor abdominal y vómitos, detectándose «un gran absceso en el hipocondrio izquierdo y una dehiscencia de la anastomosis del colon con trayecto fistuloso hacia la pared abdominal, apreciándose una salida de heces por el orificio del drenaje izquierdo», añadiendo que «en los siguientes comentarios de los facultativos ya no se habla de colitis sino de 'reacción inflamatoria en ángulo esplénico'».
Un séptimo ingreso
Finalmente, el día 26 de octubre de 2022 ingresa por séptima vez, realizándose «un tac de urgencia que muestra múltiples colecciones y trombosis de la vena esplénica y de la porta izquierda». El afectado considera que entonces quedaba debidamente acreditado que «presentaba ya una pancreatitis necrotizante de suma gravedad y muy evolucionada y era candidato a ingreso en UCI», a pesar de lo cual se optó por tratamiento conservador, tras lo que empeora y, el 31 de octubre, «el cirujano que pasa visita comenta el caso con la sección de cirugía hepatobiliopancreática considerando que, «a pesar de la existencia de la fístula anastomótica, el cuadro está dominado por la pancreatitis necrotizante con datos de mala evolución».
Esta persona y sus representantes legales concluyen que «a consecuencia de la absoluta y acreditadísima desidia e incompetencia de los facultativos», la pancreatitis y su actividad necrotizante «fueron avanzando». Posteriormente, el paciente es intervenido quirúrgicamente el día 6 de noviembre, mostrando «pancreatitis aguda necrohemorrágica con úlcera perforada en cara posterior y fístula arterio-gástrica probablemente de la arteria esplénica a nivel del pseudoaneurisma» con hemorragia digestiva alta masiva y moderado hemoperitoneo, tras lo que es trasladado a la UCI.
Añade que «la premisa de supervivencia y mejoría hemodinámica se consiguió», por lo que se programó la segunda intervención «con embolización previa de la arteria esplénica para reducir el riesgo de sangrado». En esta segunda intervención, el 11 de noviembre, se completó el drenaje de abscesos y colecciones, se reconstruyó el tránsito digestivo, se extirpó el bazo junto con la cola del páncreas y se comprobó que la anastomosis cólica no presentaba fístula. Tras ser extubado definitivamente el día 2 de diciembre, abandona la UCI el 15 de diciembre de 2022, «con graves secuelas».
Valoración de daños en 309.518,77 euros
Este paciente, finalmente, recibió el alta hospitalaria el 6 de enero de 2023, valorando los daños sufridos en 309.518,77 euros. En este sentido, considera que «el resultado dañoso guarda relación directa con la mala praxis» por lo que el daño se deberá indemnizar en su totalidad, al entenderse que las lesiones derivan de «una pérdida de oportunidad terapéutica» y que, de haber sido diagnosticado y tratado de forma adecuada, «tenía la posibilidad de haber curado sin secuelas, al menos, en un 95% de los casos».
En la prueba pericial presentada, elaborada por una especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, «se sostiene que el paciente debería haber sido diagnosticado de pancreatitis en el primer ingreso hospitalario a la luz del resultado de las pruebas realizadas». también sostiene que «muchos comentarios y actitudes médicas» a lo largo de la historia clínica muestran que «no se supo reconocer» el proceso que padecía el paciente y cuando se reconoció, «demasiado tarde», no se supo ver la gravedad que entrañaba.
Esta persona expone que la pancreatitis y su actividad necrotizante fueron avanzando, «provocando necrosis de la grasa mesentérica, trombosis venosa esplénica y portal, digestión de la pared posterior del estómago con necrosis, ulceración y perforación de la misma, y digestión de las paredes de la arteria esplénica».
El especialista llega a afirmar que las «divagaciones» y la pérdida de un «tiempo valioso» continuaron hasta que, después de dos gastroscopias que no consiguieron controlar el sangrado, el paciente fue llevado a quirófano, en situación de emergencia, el día 5 de noviembre de 2022.
Concluye que, a lo largo de todo el proceso, que duró nueve meses, se vulneró «la lex artis en numerosas ocasiones«, lo que condujo a establecer diagnósticos erróneos a pesar de «existir evidencia suficiente» para reconocer el proceso fundamental, una pancreatitis aguda necrotizante, por lo que «esta actuación se debe considerar como negligencia».
Una atención que «no se ajustó a la gravedad del cuadro»
El Consejo Consultivo del Principado de Asturias determina en su dictamen que, de los antecedentes que obran en el expediente, «resulta acreditado» que el perjudicado, en concurrencia con otras patologías digestivas, «padecía una pancreatitis que se agudiza y que fue objeto de diversas intervenciones que se indican en la reclamación», así como que consta que el paciente es ingresado en siete ocasiones a lo largo del proceso asistencial objeto de análisis, siendo sometido a diversos estudios.
En este sentido, del estudio de toda la documentación aportada el organismo establece que, durante el proceso asistencial, «la atención se centró fundamentalmente en el tratamiento de una colitis de posible origen isquémico, minusvalorándose una patología pancreática que, progresivamente, «se evidenció a través de diversos datos clínicos».
Para el consejo, «lo incontrovertible», es que existieron un conjunto de signos que, «en principio, podrían ser compatibles con una pancreatitis», sin que conste en la historia clínica «que se planteara un diagnóstico diferencial».
Teniendo en cuenta «la dificultad que supone la valoración de pruebas periciales contradictorias sobre un proceso patológico tan complejo» como el sometido a dictamen, el ente destaca que la atención prestada a partir de la fijación definitiva del diagnóstico de pancreatitis «no se ajustó a la gravedad del cuadro», lo que conduce a apreciar «un sacrificio de unas expectativas terapéuticas limitadas», estimando adecuado «reconocer al reclamante una indemnización de 20.000 euros».