La Voz de Asturias

Natalia Suárez, ceramista: «Puedo compartir mi trabajo con el mundo entero desde Candamo»

Asturias

Raquel Mayordomo Redacción
Natalia Suárez (Woodic)

La lavianesa decidió volver a Asturias después de vivir varios años en Barcelona para abrir su marca de cerámica, Woodic, que opera desde Candamo

23 Mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Natalia Suárez, originaria de Laviana, estuvo trabajando durante 25 años en el mundo del diseño y la publicidad. Sin embargo, la necesidad de parar en un mundo cada vez más rápido le hizo dejar Barcelona y, junto con su familia, regresar a Asturias, más concretamente a Candamo. Allí, abrió su taller de cerámica, Woodic, una marca bajo la que confecciona piezas de forma más calmada que en entornos urbanos.

—¿De dónde le vino la pasión por el mundo de la cerámica?

—Supongo que descubrí este mundo con la intención de escapar del mío en ese momento, hace más de diez años en Barcelona. Llevaba una vida donde todo era cada vez más digital y más rápido. Mi pasión por la cerámica nació de una necesidad de frenar, de parar. Me fascinó el proceso de los tiempos lentos y reconectar con el trabajo con las manos. Llegué a la escuela de La Llotja con la intención de apuntarme a unas clases y terminé sacando el Graduado Superior en Cerámica. Ahí empezó la idea de querer combinar ambos mundos. La parte digital y la parte material.

—¿Era a lo que tenía pensado dedicarse?

—Me licencié en el 2000 en Bellas Artes y me dediqué profesionalmente al mundo del diseño. Supongo que lo natural habría sido continuar mi formación en el mundo editorial, publicitario o ilustrativo… inmersa siempre en entornos digitales. Pero llegó un punto en el que necesitaba un cambio y este descubrimiento creativo en torno a la cerámica, junto con la maternidad como cambio vital, fue decisivo para darle una vuelta a todo, repensar como queríamos vivir como familia y dejar Barcelona, donde vivía desde 1997, para empezar un nuevo proyecto. Queríamos irnos de la ciudad y vivir de otra forma. Teniendo en cuenta que comienzas algo, pero con las herramientas que te da la experiencia conseguida.

—¿Cuál ha sido su trayectoria profesional?

—He trabajado más de 25 años en el mundo del diseño y la publicidad como creativa freelance y desde hace ocho años combino esa experiencia con el diseño de productos cerámicos bajo mi marca Woodic. En un espacio que he creado en Candamo, en un entorno rural donde vivo con mi pareja Mauri y mi hija, tras retornar a mi tierra, en una aventura que empezó antes incluso de la pandemia.

—¿Por qué decide volver precisamente a Asturias y abrir el taller?

—Barcelona me ha dado muchas cosas buenas: experiencias, una familia escogida, mi pareja, una vida profesional… pero cuando nos convertimos en una familia empecé a cuestionarme cómo había sido mi infancia, cómo quería que creciera nuestra hija, cómo estar más cerca de la familia, etc. Hicimos una lista de pros y contras para decidir si nos íbamos a Mallorca, tierra de mi pareja, o Asturias. Está claro cual fue la opción ganadora. Ganó el paraíso. Llegamos a Asturias y luego vino la pandemia, que nos dio la oportunidad de pensar y plantear las cosas con calma. Entonces vino lo oportunidad de abrir el taller, fue todo muy progresivo y natural. Soy natural de Laviana pero decidimos instalarnos en El Valle de Candamo, donde hacía unos años había comprado una casa con la intención de que fuera vacacional. Ahora es nuestro hogar.

—¿Qué significa para usted llevar este proyecto desde el mundo rural y, más concretamente, desde Candamo?

—Gracias a la tecnología, puedo vivir y trabajar al lado de mi casa en un entorno natural. Un entorno que nos permite conciliar mi vida familiar, tanto a mí como a mi pareja, que viaja muchísimo. Candamo es una ubicación fantástica. Puedo compartir mi trabajo con el mundo entero desde Candamo y consigo un equilibrio la mayor parte del tiempo, entre el trabajo físico y artesano en el taller y la necesidad de proyectar una marca moderna desde lo rural.

—En su página web, explica que Asturias le sirve de inspiración para sus obras. ¿De qué forma?

—Como persona creativa, el entono rural es el espacio perfecto para crear sin interferencias ni ruido. Con espacio y tiempos más lentos que los urbanos. Pero estoy convencida que, si mis piezas transmiten calma y calidez, es debido a todo lo que me rodea. Busco crear piezas honestas, mi inspiración viene de la mezcla entre lo rudo y lo delicado que tiene este paisaje.

—Sobre Woodic, ¿cómo se le ocurrió el nombre?

—El nombre vino antes que la decisión de volver y nace de la contracción entre los dos materiales que me fascinan, la madera y la cerámica. No solo me interesa el mundo del barro, también las fibras vegetales, la cestería, la piedra… Quería un nombre que fuera muy visual, corto, sonoro y universal.

—¿Qué piezas diseña, tiene un catálogo específico o puede crear cosas que le pidan los clientes?

—Estos años he ido generando colecciones que han ido surgiendo de mi interés en el material, los procesos y de utilizar nuevas tecnologías para obtener nuevas siluetas. Mi trabajo se mueve entre colecciones propias y la creación a medida por encargo, personalizaciones e incluso retos que me proponen terceros.

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—¿Cuál es el volumen de pedidos que tiene?

—A lo largo de los años he visto que el volumen de pedidos va variando según la época del año. No es un proceso lineal, hay picos de trabajo cuando lanzo colección o cuando hay eventos como ferias, navidades, bodas, etc. Procuro siempre tener una producción consciente, respentando los tiempos del proceso cerámico y abrazando también los periodos de mayor calma en el taller. Esos momentos de menor volumen de pedidos son vitales para mi, es cuando bajo el ritmo para experimentar y pensar en nuevas piezas y proyectos. No tengo un volumen fijo de pedidos y agradezco muchísimo que mis clientas en su mayoría se acuerden de mi proyecto.

—Además de confeccionar piezas, ofrece talleres. ¿Qué perfil de gente se inscribe, y que feedback le llega sobre ellos?

—Cuando monté el taller jamás pensé que la gente se acercaría a un pueblo como el mío buscando una oferta cultural, una experiencia. La pandemia nos trajo las visitas y creo que una nueva forma de entender el tiempo libre. La necesidad de experimentar algo nuevo en un entorno diferente. Lo que empezó como un espacio de trabajo personal se convirtió, de forma orgánica, en un punto de encuentro. Nos visitan personas muy diferentes y yo, que soy muy social, estoy fascinada. Vienen desde personas que nunca han tocado el barro y buscan una vía de escape al estrés, hasta otras que quieren dedicar tiempo para ellas mismas, descubrir su parte creativa. También hay perfiles con mucha sensibilidad artística que quieren entender el proceso de diseño contemporáneo desde la raíz. Descubrir que mi propuesta puede ofrecer ese bienestar y desde el mundo rural es una de las mayores satisfacciones de haber vuelto a Asturias.

—¿Cómo ha cambiado su forma de trabajar con la llegada de nuevas tecnologías, sigue manteniendo la parte más artesanal?

—Tanto la cerámica como la madera son materiales vivos. Entiendo que la tecnología es una aliada para la precisión, para obtener nuevas siluetas y usos a partir de una técnica que tiene años de antigüedad, pero el alma la pone el barro que hace que el proceso sea profundamente manual. El tacto del material, el torneado, el pulido de cada superficie y, sobre todo, el esmaltado y la cocción, son procesos que ninguna máquina puede replicar.


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