Esta es la situación de los altos hornos de ArcelorMittal en Asturias, un sistema en transición con muchos frentes abiertos
Asturias
Con el alto horno B parado por una avería grave, el A carga con toda la producción en un marco de transición hacia el acero verde que tiene todavía muchos flecos por resolver
29 Mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.
La siderurgia integral asturiana atraviesa un momento delicado. Los dos altos hornos de ArcelorMittal en Gijón, columna vertebral de la industria pesada de Asturias, no funcionan con normalidad desde febrero de 2026. Uno lleva meses fuera de servicio por una avería grave. El otro entró la semana pasada en una parada de mantenimiento que, aunque breve, dejó a la región sin producción de arrabio durante varios días. Y todo ello ocurre mientras la empresa avanza hacia un modelo productivo distinto, basado en el hidrógeno y en la electricidad verde.
El parón del alto horno B de Gijón tuvo lugar el 12 de febrero de 2026, cuando ArcelorMittal comunicó que no había podido estabilizarse y que era necesario iniciar el proceso de enfriamiento y vaciado para acometer una reparación segura. Fue una avería grave que obligó a una intervención prolongada que todavía hoy lo tiene paralizado. La empresa habló entonces de «varios meses» de trabajo antes del rearranque. Si bien no hay una información oficial del momento del retorno de la actividad, distintas fuentes apuntan a que el horno no volverá a funcionar hasta finales de junio de este año, y que necesitará aproximadamente dos meses más para recuperar su ritmo de producción normal, con lo cual la actividad volvería al ritmo de antes de la avería en torno al mes de agosto.
Con el B paralizado, el horno A ha asumido en solitario toda la carga productiva de la siderurgia asturiana. Pero el pasado 24 de marzo este horno entró también en una parada técnica programada para intervenir sobre la cinta transportadora de alimentación, que duró solo hasta el 26, aunque estaba previsto que durase más días. Fueron los tres días en los que Asturias quedó sin producción de arrabio, con los dos hornos parados al mismo tiempo.
Por otra parte, la huelga del convenio colectivo de Montajes y Empresas Auxiliares del Metal de Asturias añadió presión adicional al calendario. El conflicto, que afectaba a unos 3.000 trabajadores del sector auxiliar y se convocó tras quince meses de negociación sin alcanzar un acuerdo, concentró sus jornadas de paro en martes, miércoles y jueves de varias semanas de marzo. La patronal Femetal ya había advertido a comienzos de ese mes de que las movilizaciones podían retrasar el rearranque del horno B, y los piquetes llegaron a bloquear accesos a las instalaciones y a entorpecer en cierto modo el inicio de la reparación. Hasta que el pasado 14 de marzo se alcanzó un preacuerdo que incluyó blindaje salarial frente a la inflación, reducción de jornada y mejora de dietas, lo que permitió desconvocar el conflicto.
Lo cierto es que la empresa se encuentra en un estado de transición que añade más incertidumbre a las vicisitudes del presente inmediato. Lleva años diseñando una transformación profunda de su esquema productivo en Asturias. En mayo de 2024, comenzó la construcción de un horno eléctrico de arco (EAF, por sus siglas en inglés) para productos largos en Gijón, con una inversión de 213 millones de euros y una capacidad prevista de 1,1 millones de toneladas anuales de semiproducto. La empresa fijó entonces como objetivo que diera su primer calor en el primer trimestre de 2026. En su informe anual 2025, ArcelorMittal seguía describiendo Avilés y Gijón como una única planta integrada conectada con los puertos de ambas ciudades, y confirmaba que la construcción del EAF seguía su curso.
El proyecto más ambicioso, no obstante, es el denominado H2 Circular DRI, que prevé instalar en Gijón una planta de reducción directa de hierro (DRI) de gran escala para ir desplazando la ruta clásica alto horno-convertidor. La Comisión Europea autorizó para este proyecto una subvención de hasta 460 millones de euros, mientras que el Real Decreto 251/2023 fija en 450 millones la ayuda máxima finalmente regulada con cargo al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, y concluyó que era compatible con el mercado interior. La planta tendría una capacidad de 2,3 millones de toneladas anuales y operaría con una mezcla de gases —hidrógeno renovable, gas de coque, gas de horno alto, gas natural y gas de síntesis— con el objetivo de eliminar el gas natural como reductor a partir de 2028 y como gas de calentamiento a partir de 2029. La fase de diseño, construcción y montaje se estima en 34 meses. Conforme al proyecto, el horno de referencia será el A, que se retirará en la transición, mientras que el horno B quedaría como pieza superviviente dentro del nuevo esquema, al menos durante una fase intermedia.
Los datos de la Oficina Española de Cambio Climático correspondientes al año 2024 muestran que la instalación conjunta de Avilés y Gijón registró 4,78 millones de toneladas de emisiones verificadas ese año y 18,97 millones acumuladas entre 2021 y 2024. Es, con diferencia, uno de los mayores focos emisores industriales de Asturias, lo que explica tanto el interés de Bruselas en apoyar su reconversión como la urgencia de que esa reconversión se materialice de verdad.
Pero para que se materialice hacen falta condiciones que hoy no están garantizadas del todo. En la junta de accionistas de 2025, ArcelorMittal dejó claro que para que el hidrógeno verde sea competitivo en siderurgia, el precio de la electricidad limpia debería situarse por debajo de 40 euros por megavatio hora, mientras que la media mayorista de la Unión Europea en 2024 fue de 82 euros. La propia Comisión Europea reconoció en su expediente que el proyecto DRI presentaba un valor actual neto negativo sin ayuda pública y que no habría sido suficientemente rentable sin esa subvención. En su información financiera de mediados de 2025, la empresa seguía describiendo su avance en Europa como un proceso «paso a paso», condicionado a mayor certidumbre regulatoria y energética.
No hay duda de que la situación de ArcelorMittal en Asturias es tensa y difícil, y depende de muchas variables: que el horno B vuelva de verdad en el plazo previsto, que la planta eléctrica funcione con regularidad, que el gran proyecto de hidrógeno se ejecute y que los costes energéticos y el marco regulatorio no conviertan a Asturias en una plaza menos atractiva que Francia, Polonia o la India. El cumplimiento de todas estas premisas es todavía incierto.