El duro relato de una violinista asturiana: «Mi profesor me tocaba el pecho, me besaba la boca y yo no podía hacer nada»
Asturias
La joven denunció en su momento estos hechos pero el Juzgado de Oviedo absolvió al profesor al considerar que lo eligió «libremente» durante tres años
05 Apr 2026. Actualizado a las 17:29 h.
La violinista asturiana Elisa Fueyo ha denunciado nuevamente los abusos sufridos por su profesor hace diez años. La joven ha compartido un vídeo en sus redes sociales—que ya acumula cientos de miles de visualizaciones— contando su experiencia con el docente ya fallecido. La artista denunció los hechos hace años, pero una juez de Oviedo absolvió al profesor, que en ese momento tenía 78 años, pese a reconocer que buscaba la excelencia en la formación a través de técnicas «obsoletas».
La sentencia se produjo en 2022. Cuatro años después, y con el docente fallecido, Elisa ha querido denunciar públicamente la experiencia que sufrió en el Conservatorio Superior de Música Eduardo Martínez Torner, en Oviedo, y que sigue marcándola a día de hoy. La joven explica que los hechos ocurrieron hace una década, cuando, con 18 años, eligió al profesor porque le habían dicho que «era muy bueno, se podían obtener buenos resultados y había estudiado con uno de los mejores violinistas de la historia».
Pero, nada que ver con la realidad. El «infierno» comenzó en la tercera clase. Explica que «los profesores te suelen tocar para decirte si tienes que relajar un músculo o para corregirte la postura y la técnica. Pero no me estaba tocando para corregirme, fue para algo más. Cuando me mandó colocar el violín y el arco de una manera determinada, aprovechó para tocarme el pecho, la cintura y el culo».
La joven asegura que sintió «muchas ganas de vomitar» y que se fue «llorando de esa clase». «Le admiraba y me parecía raro que me hiciera eso», admite. Por eso, al salir del aula, se lo contó a una amiga, quien le aconsejó que le dijera que dejara de hacerlo. Así, en la siguiente clase, al notar su comportamiento, «le dije: "Por favor, no me hagas esto, me haces sentir incómoda". Y se rió», confiesa.
Al compartir su experiencia con otras alumnas, muchas negaron que les ocurriera lo mismo. Todas menos otra joven, que confesó que «le daba miedo», así que comenzaron a ir juntas a clase. «Él nos dejaba ir juntas a clase para ver al compañero que quisiéramos, era su forma de enseñar. Fuimos juntas todo lo que pudimos, pero cuando dejamos de ir juntas, fue horrible», dice.
Elisa admite que cada vez que abría la puerta de clase sentía «pánico», porque «cuando te ponías a afinar, se volvía loco». «Cuanto antes te hiciera sentir así, mejor, porque le quedaba más clase para aprovecharse. Te tiraba el violín, te gritaba, te insultaba en ruso... Empezabas la clase tensionada y tenías que tocar todo de memoria», detalla.
Además, la joven relata agresiones físicas: «Algunas veces estaba tocando y me pegaba con el arco en los dedos. Te pillaba por sorpresa porque se acercaba sigilosamente y te daba con la vara en los nudillos. Me pegó collejas en la cabeza, en mis partes... Cuando ya estaba destrozada, se me acercaba y me decía que hacía esas cosas porque me quería, por mi bien», asegura.
Ante esta situación, Elisa se quedaba completamente inmóvil y su profesor aprovecha la ocasión para «tocarme por todo mi cuerpo». «Lo hacía muy lentamente, natural, para que no notaras que tenía una connotación sexual. Daba igual que te apartaras, él venía y se recreaba. Me tocaba el pecho, me besaba la boca y yo no podía hacer nada. Me ponía delante del espejo y me decía "no pares de tocar" mientras me besaba el cuello, pegado a mí», relata.
La violinista afirma que, al salir del aula, la presión sobre ella continuaba. «Llamaba a mi casa para preguntarles a mis padres qué hacía, me buscaba por el conservatorio, les preguntaba a mis compañeros que dónde estaba porque no iba a muchas de sus clases... Nadie sabía lo que me estaba pasando, me salvaba reírme con mis compañeros y olvidarme de que existía», cuenta.
La situación continuó durante dos años y medio, en los que la joven acabó teniendo ansiedad «porque no podía salir de ahí y no quería contárselo a mis padres». Al final del vídeo, la joven hace un alegato para la gente que pueda estar en su misma situación: «No es normal que un profesor te trate así. Iba a hablar de ello para que nadie se sintiera sola».
«Nunca se hizo justicia»
A pesar de los abusos que relata, asegura que «lo peor vino después», porque considera que «nunca se hizo justicia» tras un juicio que duró cuatro años. La sentencia emitida en 2022 absolvió al profesor de violín —que en ese momento tenía 78 años—, al considerar que la metodología de enseñanza del profesor podía ser «censurable o no» a nivel docente, pero consideraba acreditado, a través de las declaraciones de otros alumnos y del director del conservatorio, que el acusado impartía sus clases «por iguales términos y en idénticas circunstancias» a todos los estudiantes.
Pese a reconocer que utilizaba «técnicas obsoletas» para lograr la excelencia, como agresiones físicas y descalificativos, la jueza desestimó la denuncia de Elisa por delitos de abuso sexual continuado y trato denigrante. La jueza consideró que el profesor tenía un carácter «autoritario, exigente y despótico», pero a la vez es el profesor más demandado por los alumnos.
Esa fue, precisamente, una de las principales razones que llevaron a la jueza a su absolución, ya que la alumna denunciante le eligió «libremente» como su profesor durante tres cursos consecutivos pese a referir que los supuestos abusos y trato denigrante se produjeron ya en las primeras clases del curso 2015-16. Otros alumnos declararon que vivieron las mismas situaciones, pero no se sintieron vejados ni abusados.
La jueza también consideró que la denuncia no respondía a un obrar «lógico» de quien se entiende humillada, al prestar después una declaración «ambigua, vaga y confusa». Además, añadió que la denuncia estaba relacionada con el hecho de que la alumna tenía casi agotadas todas sus convocatorias sin obtener un aprobado y no era seleccionada por el acusado para una audición pública por sus continuas faltas de asistencia a clase e incluso su trayectoria académica estaba calificada como mala.