El cinturón de una cueva en Asturias con claves sobre una pieza crucial para los legionarios de Roma
Asturias
Un hallazgo en Peñamellera Baja revela un sacrificio ritual durante las guerras astur cántabras
17 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.
La conquista de las tierras de astures y cántabros fue una de las guerras con las que se estrenó el imperio romano y no les resultó sencillo pese al poderío imparable del estandarte SPQR. Roma tuvo que desplegar campamentos permanentes alrededor de sus territorios, invadir los cordales, afrontando una resistencia feroz. Un día (o una noche, quién sabe) hace unos 2000 años, unos cántabros llevaron a un prisionero romano a una cueva en lo que hoy llamamos Suarias, en Peñamellera Baja, allí le despojaron de forma ritual de algunos de sus elementos militares y le sacrificaron. Entre esos elementos en el presente se ha hallado un cinturón muy especial, porque no sólo ha revelado el estrecho vínculo comercial que las legiones tenían ya con la meseta sino que la pieza es la antecesora del cinturón del legionario por antonomasia: el cingulum; el cinto del que colgaban unas tiras que protegían la parte baja del abdomen.
En la cueva de La Cerrosa-Lagaña ha sido objeto de la excavación de los investigadores Susana De Luis, Roberto De Pablo, Mariano Luis Serna, Ignacio Montero y María Martín, fue encontrada una vaina de puñal de filos curvos y un cinturón metálico articulado que datan del siglo I a.C., en pleno fragor de las guerras astur-cántabras; el estudio apunta que.este conjunto no es solo una pieza de armamento; es un «eslabón perdido» que vincula la artesanía metalera indígena de la Meseta norte con la panoplia del ejército de Augusto.
Según detalla la investigación, a diferencia de los cinturones indígenas tradicionales, caracterizados por su rigidez y grandes dimensiones, el ejemplar de Peñamellera Baja está compuesto por placas rectangulares de bronce unidas mediante un sofisticado sistema de bisagras y pasadores, rematado por una hebilla decorada. Esta estructura lo convertía en un equipo mucho más flexible y ergonómico, adaptado a las necesidades de movilidad de los soldados y auxiliares al servicio de Roma.
Los análisis de los arqueólogos revelan que aunque el cinturón fue diseñado para el ejército romano, su fabricación es puramente indígena. El uso de bronce plomado rico en estaño y la presencia de determinados motivos decorativos sugieren que artesanos locales de la meseta trabajaron como armeros para las fuerzas invasoras.
¿Por qué en una cueva?
La ubicación del hallazgo plantea uno de los interrogantes más sugerentes para los investigadores. ¿Cómo terminó el equipo de un soldado romano en las profundidades de una cueva asturiana? Los investigadores descartan que se trate de una pérdida accidental debido a la «densidad ritual» del yacimiento.
La hipótesis principal apunta a un acto de «magia simpática» o un ritual propiciatorio llevado a cabo por los indígenas locales en un momento de crisis extrema, en el que las tribus cántabras (cuya frontera oeste era el Sella) estaban siendo atacados por la mayor maquinaria militar de su tiempo. En lugar de ser un enterramiento habitual el depósito de las armas (y posiblemente el sacrificio de su portador, dada la presencia de restos humanos coetáneos) se interpreta como una ofrenda a las divinidades del inframundo. Al arrojar el equipo del enemigo a la oscuridad de la sima, los indígenas cantábricos habrían buscado simbólicamente empujar al ejército invasor a la derrota y la muerte.
El cingulum
El cingulum militare no era cualquier cosa en el mundo romano. Más allá de su utilidad práctica para ceñir la túnica o suspender el puñal y la espada, este cinturón de cuero (frecuentemente ornamentado con placas metálicas y tiras colgantes llamadas pteryges) era uno de los principales símbolos de estatus del soldado romano y les distinguía claramente de los civiles. Incluso cuando el legionario no portaba su armadura o su casco, la sola presencia de este cinturón anunciaba su pertenencia a las legiones de Roma.
Dado que el cingulum personificaba la condición de soldado, su retirada se utilizaba como una de las medidas disciplinarias más humillantes dentro del ejército. Perder el derecho a portarlo, ya fuera de forma temporal como castigo por una falta menor o de manera definitiva por una baja deshonrosa, obligaba al militar a realizar sus guardias o tareas cotidianas con la túnica suelta.