Los últimos coletazos del «rey del río»: expertos reclaman catalogar al salmón como especie amenazada ante el desplome de capturas
Asturias
La desaparición progresiva en varios ríos del norte de España y el retraso del campanu de Asturias de este 2026 han encendido las alarmas sobre la crítica situación de la especie también en la región. Alfredo Ojanguren, profesor de Zoología y Biología de la Universidad de Oviedo, critica la dejación de funciones de las administraciones y reclama medidas urgentes
29 Apr 2026. Actualizado a las 12:57 h.
El ‘rey del río’ podría estar dando sus últimos coletazos también en Asturias. Si bien la temporada salmonera comenzó en el Principado el pasado 18 de abril con la liturgia habitual, el símbolo más esperado sigue sin aparecer, y es que, a día de hoy, todavía no ha salido el campanu, ese primer salmón de la temporada de especial valor, además de porque alcanza un alto precio en la subasta, porque significa historia, tradición y, hasta ahora, salud para el río. Sin embargo, que en 10 días no se haya logrado echar a tierra ni un ejemplar válido, cuando el arranque de la campaña ya se había retrasado al tercer fin de semana de abril, trasciende lo anecdótico y para los expertos es una señal más de alarma por el progresivo vaciamiento de los ríos asturianos.
El diagnóstico que da Alfredo Ojanguren, profesor titular de Zoología y Biología de la Universidad de Oviedo, es rotundo. Sostiene que la situación del salmón atlántico en el norte de España ha alcanzado un punto crítico, tanto que manifiesta que «no hay ninguna duda de que el salmón reúne todos los requisitos para estar en el catálogo de especies amenazadas», en referencia a la necesidad de activar mecanismos legales que obliguen a las administraciones a actuar con mayor contundencia elaborando una estrategia estatal de conservación, que actualmente no existe para el salmón.
Por lo pronto, el pasado 6 de marzo, Saxífraga, la asociación integrante de la Red de Representación Ambiental d’Asturies, presentaba ante el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico la solicitud formal para la inclusión del salmón atlántico (Salmo salar) en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA) en la categoría «En Peligro de Extinción». La petición la basa el colectivo en una argumentación científica sólida y en la aplicación de los criterios orientadores aprobados por el propio Ministerio. Y es que los datos disponibles muestran que el salmón atlántico cumple inequívocamente los requisitos para su catalogación en la máxima categoría de amenaza en el ámbito estatal.
Datos que posicionan al salmón en un punto crítico
Como se decía anteriormente, los datos respaldan la afirmación de que el ‘rey del río’ está en un punto crítico. Según la tabla elaborada por la Real Asociación Asturiana de Pesca Fluvial, las capturas han experimentado un desplome sostenido en las últimas décadas. En 2007 se contabilizaron cerca de 1.600 ejemplares; en 2025, apenas 130. Es decir, las capturas fueron poco más de un 8% en comparación la cifra de hace 18 años. Si se amplía la perspectiva histórica, el contraste es aún más elocuente: en 1969 se rozaron los 7.000 salmones.
Pero más allá de las cifras absolutas, lo que preocupa a la comunidad científica y a expertos como Alfredo Ojanguren es la tendencia: «los números son aplastantes», subraya el mismo, quien insiste en que la evolución de las poblaciones no deja lugar a interpretaciones optimistas. Para decir esto se basa en que en los últimos 30 años, la mitad de los ríos españoles se han quedado sin salmones perdiendo completamente la especie. En Asturias, casos como el Navia o el Porcía evidencian esa desaparición silenciosa.
El problema, advierte el profesor titular de Zoología y Biología de la Universidad de Oviedo, no se limita a la pesca, aunque esta siga siendo un factor clave porque, recuerda, «eliminar los individuos que van a reproducirse, justo cuando están a punto de hacerlo, es lo que hace la pesca». A su juicio, la inclusión del salmón en el catálogo de especies amenazadas no implicaría únicamente la prohibición de capturas, sino la puesta en marcha de una estrategia integral que «obligaría a elaborar una estrategia estatal de conservación, que no existe, y a que las comunidades autónomas desarrollen planes de recuperación», porque si con algo se muestra crítico este experto es «con la dejación de funciones» de administraciones como el Principado en la conservación y regulación del salmón.
Y la necesidad de una estrategia y de medidas urgentes es algo que considera «imprescindible» ante el complejo escenario que tiene el salmón por las múltiples amenazas que le confluyen a la especie: la fragmentación de los ríos por presas, la contaminación, las repoblaciones sin control científico y el impacto del cambio climático son algunos de los ejemplos que pone Ojanguren. «La planificación hidrológica o climática no incluye actualmente al salmón porque no está catalogado», lamenta el experto, quien insiste en que la ausencia de gestión institucional es una de las claves del deterioro.
Cupos «no realistas»
Y, de hecho, hace referencia a decisiones administrativas, a su entender, incomprensibles, como que en algunos ríos asturianos se hayan establecido para este año cupos de pesca autorizados que superan, incluso, las capturas reales del año anterior, una paradoja que el profesor no duda en calificar de «no realista». «Si en 2025 no se pescó ninguno en el Esva, ¿en qué planeta vas a pescar cinco este año?», se pregunta Alfredo Ojanguren, que añade con una ironía que claramente denota su preocupación que «permitir pescar 30 (salmones) en el Cares es, en la práctica, permitir matar todos los que haya».
La comparación con otras comunidades autónomas refuerza la sensación de urgencia. Galicia ha optado por vedar completamente la pesca del salmón tras registrar cifras testimoniales —apenas unas decenas de ejemplares en los últimos años—, mientras que en Cantabria también hay ríos donde la especie ha desaparecido. Asturias, sin embargo, mantiene abierta la temporada, aunque con restricciones progresivas.
Para Ojanguren, el debate no puede reducirse a una cuestión de tradición o de intereses sectoriales. «No es un problema de culpas», matiza, «sino de entender cuál es la situación real y actuar en consecuencia», defiende el experto. En este sentido, rechaza algunas explicaciones recurrentes, como la supuesta presión de depredadores o la pesca en alta mar: «eso es una lógica de chigre», afirma con contundencia, al tiempo que recuerda que los depredadores no extinguen a las especies en un ecosistema: «en ecología, no encuentras ejemplos de un depredador que extingue una especie en un ecosistema, y los ríos son ecosistemas, los depredadores no extinguen a las presas, eso no pasa», incide.
Por tanto, señala que el trasfondo es más estructural y tiene más que ver con décadas de gestión deficiente. Así, denuncia que «hay una dejación de responsabilidades por parte de la Administración desde hace muchos años» y, a su juicio, la falta de control científico en aspectos clave, como las repoblaciones o la regulación de la pesca, ha contribuido a agravar el problema.
Si se toman medidas, «estamos a tiempo»
En este contexto, la ausencia del campanu adquiere un valor simbólico inquietante porque no se trata solo de un retraso puntual, sino de un síntoma de un ecosistema claramente en retroceso. «Llegará el día en que se pesque el último campanu en Asturias y ya no habrá más», advierte el profesor titular de Zoología y Biología de la Universidad de Oviedo, que prefiere pensar que todavía el escenario no es irreversible: «estamos a tiempo», sostiene el mismo, aunque reconoce que las medidas adoptadas hasta ahora han sido insuficientes porque «se están tomando decisiones muy pequeñas cuando la situación es muy grave», resume. La inclusión del salmón en el catálogo de especies amenazadas sería, en su opinión, el primer paso para cambiar el rumbo. «Si nos quisiéramos tomar en serio este asunto, habría que tomar medidas urgentes», defiende Alfredo Ojanguren, que empezaría por evitar la mortalidad de los salmones desde ya, aunque dice ser «suficientemente realista» para saber «que no van a parar la temporada de pesca porque no haya aparecido ningún salmón a estas alturas».
Otra información que reseña y que considera significativa para actuar es que «los salmones en Asturias están en el límite sur de su área de distribución» porque ya no hay salmones más al sur. «Los hubo en algún momento en Portugal, pero ahora ya no. Las especies van desapareciendo del límite sur de su área de distribución según se calienta el planeta», añade el mismo consciente de que «el cambio climático también es un problema», un problema que añadir a todos los demás y una razón más para actuar: «para mí, lo que debería pasar en este momento es que el Ministerio, de acuerdo con las comunidades autónomas, decidiera que el salmón es una especie que está en peligro de extinción y, por lo tanto, la incluyera en el catálogo español de especies amenazadas. Entonces, podemos empezar todos a trabajar para tratar de que se recupere la especie», concluye el experto.
Mientras tanto, la ausencia del campanu en los ríos asturianos se convierte cada día en un silencio elocuente digno de interpretación y también de preocupación.