Casi un tercio de los estudiantes de la Universidad de Oviedo deja de ir a clase el segundo curso
Asturias
Un estudio con alumnos de nuevo ingreso identifica el trabajo, el transporte y la desmotivación como los principales factores que erosionan la asistencia y aumentan el riesgo de abandono
17 May 2026. Actualizado a las 09:35 h.
La mayoría de los estudiantes de la Universidad de Oviedo va a clase. Ese es el punto de partida de una investigación desarrollada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo que, sin embargo, detecta una tendencia al descenso con el paso del tiempo: la asistencia regular pasa del 93,6% en el primer semestre, al 78,4% al inicio del segundo semestre y al 70,4% al inicio del segundo curso. Esta es una tendencia que los investigadores relacionan con el riesgo de abandono académico.
El estudio forma parte del proyecto «Estudios de los factores de riesgo y protección del abandono universitario. Elaboración de una Guía de Buenas Prácticas (MODAU-GBP)», financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y liderado por la profesora titular Ana B. Bernardo Gutiérrez y el catedrático José Carlos Núñez Pérez, ambos del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. El equipo responsable es el grupo ADIR (Aprendizaje, Dificultades y Rendimiento Académico), al que se asocian cuatro tesis doctorales, entre ellas las de la doctora Elena Blanco y la investigadora Vanesa García Gutiérrez.
El estudio es longitudinal, es decir, que se encuesta a los mismos alumnos en varios momentos temporales para conocer los datos sobre su asistencia, y también las razones de su comportamiento. En el curso 2024-2025, la Universidad de Oviedo recibió a 4.560 estudiantes de nuevo ingreso en primero de grado. De ellos, 1.841 participaron en el primer momento de recogida de datos ?al inicio de curso? y 1.720 en el segundo, ya en el segundo semestre. Al inicio del curso 2025-2026, un total de 1.363 alumnos volvieron a participar en el tercer momento de seguimiento. Debían informar si asistían de forma habitual (al 75-100% de las clases), de forma ocasional (50-75% de las clases) o de forma esporádica (0-50% de las clases). Junto a esta fase cuantitativa, el equipo realizó también entrevistas exhaustivas a estudiantes que manifestaban intención de abandonar la universidad.
Los datos muestran que, en las cinco áreas de conocimiento de la universidad ? Artes y Humanidades, Ingeniería y Arquitectura, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ciencias y Ciencias de la Salud?, más del 90% del alumnado asiste regularmente a clase en el primer semestre. El área de Ciencias es la que presenta el patrón más estable, con los niveles más altos de asistencia habitual tanto en primero como en segundo curso. En Artes y Humanidades e Ingeniería y Arquitectura, la asistencia incluso aumenta en segundo curso respecto al primero. En el resto de áreas, en cambio, se observa un descenso progresivo.
¿Y cuáles son los factores que, según los alumnos, hacen que la asistencia vaya a menos? Los investigadores señalan el transporte como uno de los más destacables. «Vivir lejos de la facultad o depender de combinaciones de transporte público poco eficientes o de frecuencia limitada implica invertir más tiempo, mayor coste económico y una mayor exposición a retrasos e imprevistos», sostienen. Y otro gran obstáculo es la conciliación entre los estudios y el trabajo. «El trabajo suele implicar horarios rígidos, turnos variables o jornadas largas, incompatibles con la asistencia regular a clases», explica el equipo, que considera que en estos casos, «la ausencia puede no responder al desinterés por la carrera, sino a una estrategia de ajuste entre los estudios y la vida personal».
Algunos estudiantes también hablan de dificultades económicas. Aquellos que no pueden permitirse un traslado que les permita vivir cerca de la facultad se ven obligados a hacer desplazamientos largos a diario, que pueden implicar un mayor cansancio y causar desánimo. Y a medida que avanza el curso, se suman otros condicionantes como la mayor carga académica, los cambios en la motivación, el grado de satisfacción con el contenido de la carrera o el nivel de integración social en el entorno universitario.
Más síntoma que causa
Una de las conclusiones más relevantes del estudio tiene que ver con la interpretación del absentismo. «La falta de asistencia a clase podría entenderse más como un síntoma previo de desmotivación o desvinculación académica que como una causa única y directa del abandono universitario», sostiene el equipo investigador. Los datos parecen apuntar en esa dirección: los alumnos que asisten habitualmente presentan niveles más altos de compromiso académico en sus tres dimensiones ?conductual, emocional y cognitivo?, mayor autoeficacia y mayor integración social. Por el contrario, los estudiantes que manifestaron intención de abandonar los estudios mostraban niveles más bajos en todas esas variables.
El equipo subraya además un hallazgo sobre la percepción de control: «Independientemente de si el alumnado asiste a clase mucho o poco, todos parecen entender de igual manera que sus resultados dependen de su propio control. La falta de asistencia no se debe a que los alumnos crean que no tienen control sobre su proceso de aprendizaje, sino a que, aun sabiendo que depende de ellos, no encuentran la motivación suficiente o la confianza necesaria para hacer el esfuerzo de ir a clase»
Otra de las conclusiones del estudio es el papel protector de la integración social. «Quienes se sienten menos conectados son también quienes presentan un mayor riesgo de abandono», advierten. La asistencia a clase, además de tener valor académico, funciona también fomentando la socialización y construyendo vínculos y redes de apoyo. Cuando esa asistencia disminuye, los alumnos pierden oportunidades de interacción, y ese aislamiento acaba por afectar negativamente a su vinculación con la universidad.
El equipo plantea además una pregunta a raíz de su trabajo: «¿Dónde está el alumnado que no asiste a clase? Es posible que, en el tiempo en el que debería estar en clase, esté participando en otros ámbitos de la vida universitaria, como la cafetería, las instalaciones deportivas u otros espacios informales»
A partir de los resultados, los investigadores proponen medidas concretas para que la Universidad de Oviedo pueda actuar antes de que la desvinculación derive en abandono. La primera es el seguimiento temprano: identificar señales de desmotivación o bajo compromiso en los primeros meses puede marcar la diferencia. También abogan por reforzar los programas de acogida para los nuevos alumnos, impulsar metodologías docentes más participativas y revisar las conexiones de transporte entre los distintos campus. Aunque la universidad ya cuenta con estas conexiones, los investigadores consideran que «siempre se pueden revisar y reforzar».
Finalmente, el equipo pone sobre la mesa las presiones que recaen sobre el profesorado. «Es sabido que el tiempo para la investigación, en muchos casos, sale del esfuerzo que el propio docente realiza sacrificando parte de su tiempo de descanso personal», señalan, y defienden la necesidad de trasladar al aula los avances en innovación docente para incrementar la motivación y el sentimiento de pertenencia de los alumnos.