«Modo Aldea», la apuesta de dos madrileños por Asturias: «No somos unos talibanes contra la ciudad, pero no tiene nada que ver»
Asturias
Pedro González y Cris Carrillo tienen 30 y 29 años y han adquirido seis fincas en el oriente asturiano para comenzar su proyecto de vida en común. Su misión implica mucho trabajo y dinero destinado a reformas, pero esto no empaña una ilusión que muestran a través de Instagram, donde están documentando este proceso en su perfil Modo Aldea
03 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Pedro González y Cris Carrillo tienen 30 y 29 años. Un buen día decidieron liarse la manta a la cabeza para escapar de las prisas, el estrés y los atascos de una gran urbe como Madrid. Todo ello con el objetivo de buscarse la vida en un lugar en el que, además, acceder a una vivienda en propiedad no es una quimera. En efecto, la imposibilidad de emprender un proyecto vital en común, tal y como está el precio del ladrillo actualmente, les hizo tomar la decisión de 'huir' a Asturias.
Pedro explica que llevan «mucho tiempo juntos, 13 años, más o menos desde los 18». Los dos son «originarios de Madrid», si bien la familia de Cris es oriunda del Principado. Ahora están construyendo, literal y figuradamente, su vida a 500 kilómetros de su casa y se han convertido en los propietarios de seis fincas ubicadas en el oriente de Asturias, en un emplazamiento que prefieren no concretar por cuestiones de privacidad.
El problema principal es que el estado en el que se encuentran algunas de estas edificaciones es bastante precario, por lo que han decidido mostrar en Instagram, en su perfil Modo Aldea, la evolución de su proyecto y cómo se están encargando de volver a dar vida a estas fincas e inmuebles.
Pedro resalta que Cris «iba todos los veranos» a su pueblo, al igual que él en muchas ocasiones desde que comparte su vida con ella. «Nos ha gustado siempre el entorno rural y la vida del campo; yo también tengo pueblo, porque mis padres son de Badajoz», explica este joven, desarrollador de software de formación. Indica que su apuesta no se engloba en la «moda que hay ahora» de vuelta al mundo rural, ya que ellos sí lo han vivido desde pequeños. «Mis abuelos eran labradores y mis padres han trabajado en el campo, o sea que tenemos una trayectoria en este sentido», apunta, lejos de la imagen de los «foriatos que vienen de Madrid».
Tanto él como su pareja son aficionados a «preservar las tradiciones y que no se pierda el entorno de antes». A esto se le suma «el tema de acceder a la vivienda en las ciudades, que para gente joven es imposible».
En Madrid, Pedro trabajaba en desarrollo de software en una entidad bancaria, pero en enero, «por el 'boom' de la Inteligencia Artificial y unos recortes que hicieron» fue despedido. Como contaba con el colchón de la prestación por desempleo y Cris continúa desempeñándose como arquitecta, decidió tomarse un tiempo de cierta tranquilidad. Calma que es relativa, al fin y al cabo, porque es este momento en el que han apostado por comprar sus terrenos en Asturias, darle «un acelerón» a su proyecto de vida y «ponerse con la reforma».
El tema subyacente y la principal razón por la que han dado este paso es lo prohibitivo del precio para acceder a una vivienda, tanto en alquiler como en propiedad, en la capital de España. «Considero que somos dos personas muy afortunadas, porque nuestros padres nos han podido pagar unos estudios y hemos tenido unos trabajos que están bien pagados», señala.
No obstante, cree que «llama la atención» que dos personas como ellos, «con 30 años», no sean capaces de independizarse en Madrid. «Y no es que estemos todo el día de fiesta, ni hemos hecho viajes fuera de España», recalca.
Afirma que las fincas adquiridas en el oriente asturiano necesitan «bastante trabajo». La persona que se las vendió «ya tenía un comprador que estuvo un año y pico detrás de las fincas, pero al final se echó para atrás y perdieron las arras». Ellos conocían al vendedor de estas propiedades, que están en el pueblo de la familia de Cris, por lo que a finales de enero pudieron hacer efectiva la adquisición en un «paquete indivisible».
«Varias de las propiedades están fatal y a nosotros en concreto nos interesaba una de ellas para hacer la casa, pero como era indivisible hemos tenido que comprar todo», explica Pedro González. Sin embargo, «todo es recuperable; además, Cris, como es del gremio, está encantada y deseando meterle mano, pero es verdad que requiere tiempo y dinero y, como acabamos de hacer la compra, vamos despacio».
Reconoce que son felices con la decisión tomada. Lo ilustra con un ejemplo bastante gráfico. «Volví de Asturias esta semana el miércoles y, según llegué a Madrid a las siete de la tarde, estuve 40 y pico minutos en caravana, nada más entrar», admite. «No somos unos talibanes contra la ciudad, porque en ella también estamos super bien, pero no tiene nada que ver», concluye.