La Voz de Asturias

El Encuentro y la Concordia: la respuesta de León XIV a los mercaderes del enfrentamiento

Asturias

José López Antuña Oviedo
El papa León XIV durante una procesión del Corpus Christi en su visita a España.

Entre la dignidad humana y los fantasmas del odio

13 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.

La primera visita del papa León XIV a España ha dejado un mensaje que trasciende las fronteras religiosas y que interpela a creyentes y no creyentes por igual. En un tiempo dominado por la crispación política, los discursos simplistas, los populismos excluyentes, la manipulación informativa y el enfrentamiento permanente, el Pontífice ha situado la dignidad humana en el centro del debate público.

Su intervención no puede interpretarse únicamente desde una perspectiva confesional. Se trata también de una reflexión ética y democrática sobre los desafíos que afrontan nuestras sociedades. León XIV ha advertido de los peligros de quienes buscan popularidad alimentando las polarizaciones, creando enemigos imaginarios y fomentando divisiones artificiales entre ciudadanos. Frente a ello, ha reivindicado la cultura del encuentro, el diálogo y la convivencia como herramientas indispensables para construir estabilidad, prosperidad y justicia social.

La amenaza de los nuevos extremismos

Vivimos una época en la que los discursos identitarios excluyentes, los nacionalismos radicales y los movimientos reaccionarios intentan presentar la diversidad como una amenaza. Se alimentan del miedo, de la frustración y de la incertidumbre para ofrecer soluciones aparentemente sencillas a problemas extraordinariamente complejos.

El resultado suele ser el mismo: señalar culpables, dividir a la sociedad entre «nosotros» y «ellos», erosionar las instituciones democráticas y debilitar los derechos fundamentales. Cuando León XIV alerta contra las narrativas divisivas, contra quienes convierten al diferente en enemigo o contra quienes utilizan las nuevas tecnologías para reforzar prejuicios y simplificaciones, está señalando uno de los mayores riesgos de nuestro tiempo: la sustitución del pensamiento crítico por la propaganda emocional.

La democracia no puede sobrevivir si la verdad es sustituida por los bulos, si el conocimiento es reemplazado por la manipulación o si la razón queda subordinada a los algoritmos diseñados para explotar nuestros sesgos y emociones. La verdadera fortaleza de una sociedad no se mide por los muros que levanta, sino por los puentes que es capaz de construir.

Inteligencia artificial, algoritmos y desinformación

Uno de los aspectos más relevantes del mensaje papal es su preocupación por el impacto de las nuevas tecnologías sobre la libertad de pensamiento. Los algoritmos digitales han transformado la forma en que nos informamos, nos relacionamos y participamos en la vida pública. Aunque ofrecen oportunidades extraordinarias, también pueden convertirse en instrumentos de manipulación masiva cuando priorizan la confrontación, la viralidad y el sensacionalismo frente a la verdad y el conocimiento.

La lucha contra la desinformación no es una cuestión ideológica. Es una exigencia democrática.

Sin ciudadanos informados no existe deliberación racional. Sin pensamiento crítico no existe libertad auténtica. Sin verdad no puede existir justicia.

La paz, el derecho internacional y la solidaridad

Otro de los ejes fundamentales de la intervención de León XIV ha sido la defensa del multilateralismo, la cooperación internacional y la paz. En un mundo marcado por guerras, conflictos geopolíticos y crecientes tensiones internacionales, resulta especialmente relevante reivindicar el valor del derecho internacional como mecanismo civilizado para resolver controversias.

La paz no es únicamente la ausencia de guerra. La paz exige justicia, igualdad de oportunidades, respeto a los derechos humanos y solidaridad entre pueblos y naciones. Por ello, la defensa de los refugiados, de las personas vulnerables y de quienes sufren exclusión social constituye también una defensa de la paz.

Transparencia y reparación frente a los abusos

Existe además una cuestión sobre la que ninguna institución puede permitirse el silencio: los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia. León XIV ha reconocido que esta realidad sigue siendo una herida abierta y ha reiterado su compromiso con las víctimas. La transparencia, la investigación rigurosa, la reparación del daño y la asunción de responsabilidades no son opciones; son obligaciones morales y jurídicas.

Las víctimas merecen verdad, justicia y reconocimiento. Cualquier intento de minimizar su sufrimiento o de ocultar responsabilidades supondría una traición a los principios éticos que la propia Iglesia afirma defender. La credibilidad de cualquier institución depende de su capacidad para afrontar sus errores con honestidad.

Más allá de las etiquetas ideológicas

Algunos intentarán clasificar este mensaje como progresista; otros lo considerarán conservador. Ambos se equivocan. Defender la dignidad humana, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la democracia, la paz, la justicia social y los derechos humanos no debería ser patrimonio exclusivo de ninguna ideología.

Quien les escribe estas líneas tampoco se reconoce en las simplificaciones políticas que tanto abundan en nuestros días. No se trata de ser de izquierdas o de derechas, rojo o reaccionario, progresista o conservador. Se trata de defender principios universales que han permitido construir las democracias más avanzadas de la historia: el respeto a la persona, la igualdad ante la ley, la solidaridad con quienes más necesitan protección y la convicción de que ninguna sociedad puede prosperar cuando convierte el odio en argumento político. Los extremismos necesitan enemigos; la democracia necesita ciudadanos. ” Porque, al final, las ideologías pasan, los líderes cambian y las consignas se olvidan, pero la dignidad humana permanece.

Cuando una sociedad deja de preguntarse quién tiene razón y comienza a preguntarse a quién debe odiar, la democracia empieza a perder su alma.

El respeto también incluye el derecho a discrepar

La defensa del encuentro, la concordia y el diálogo implica aceptar una realidad fundamental de las sociedades democráticas: el derecho a discrepar. Precisamente porque el mensaje de León XIV apela al respeto mutuo y a la dignidad humana, también resulta legítimo mantener diferencias con algunas posiciones doctrinales de la Iglesia Católica. El pluralismo no consiste en pensar todos igual, sino en convivir pacíficamente desde nuestras diferencias.

Es el caso de debates éticos y jurídicos tan complejos como la interrupción voluntaria del embarazo o la eutanasia. Muchos ciudadanos, entre los que me encuentro, consideran que la mujer debe conservar el derecho a decidir sobre su maternidad dentro del marco legal establecido por las instituciones democráticas, sin que ninguna confesión religiosa pueda imponer sus convicciones al conjunto de la sociedad.

Del mismo modo, numerosas personas defendemos que quienes afrontan enfermedades irreversibles o sufrimientos insoportables deben poder ejercer, con todas las garantías jurídicas y médicas necesarias, el derecho a una muerte digna y libremente decidida.

Estas discrepancias no disminuyen el valor de otros mensajes de León XIV sobre la paz, la lucha contra la polarización, la defensa de la dignidad humana o la necesidad de combatir la exclusión y el odio. Al contrario, demuestran que una democracia madura permite reconocer aciertos, formular críticas y mantener posiciones diferentes sin caer en el sectarismo ni en la descalificación.

Porque la verdadera concordia no nace de la unanimidad, sino del respeto entre quienes, compartiendo la misma dignidad, llegan a conclusiones distintas. La libertad de conciencia no consiste en pensar igual que los demás, sino en poder pensar diferente sin dejar de respetarlos.


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