Manuel Ángel López, presidente de los jueces de paz de Asturias: «Pasamos de estar heridos de muerte a poner en valor nuestro trabajo»
Asturias
«Sólo se nos pide que sepamos discernir entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto; con esa premisa cada uno tiene muy claro el ámbito en el que puede y debe actuar y al él nos ceñimos sin discusión»
24 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.
La medalla de bronce al Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort ha supuesto el reconocimiento más importante de una trayectoria de más de 25 años para Manuel Ángel López García (Arnao, 1964). Presidente de la Asociación de Jueces de Paz del Principado de Asturias (Ajuppas) y juez de paz de Castrillón, defiende el papel de estos jueces legos como la base de la pirámide de la justicia, imprescindibles en los pequeños municipios. Sostiene que, después de estar «heridos de muerte» con la ley de medidas de eficiencia de la justicia han renovado la esperanza.
—¿Qué significa para usted la medalla de bronce al Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort?
—Pues he de decir que es el primer reconocimiento de esta relevancia que recibo y probablemente sea también el único, ya que se trata de un premio muy importante. Para mí tiene un valor especial, primero, porque es a instancia de mis compañeros jueces de paz. También porque reconoce una dedicación de muchos años, más de 25 en mi caso; y finalmente porque han valorado una serie de méritos y actuaciones personales para la concesión de la medalla. Es una satisfacción muy grande y un reconocimiento a todo un trabajo y una trayectoria vinculada a la justicia de paz y a la puesta en valor de sus servidores, los jueces de paz.
—¿De qué salud gozan actualmente los juzgados de paz, ahora llamados oficinas municipales de justicia?
—La justicia de paz estuvo herida de muerte entre 2015 y 2023. Hubo un periodo especialmente delicado cuando el ministro Juan Carlos Campo anuncia públicamente nuestra desaparición para el año 2023. Antes, con distintas reformas, ya se habían perdido competencias importantes en materia penal y de Registro civil, pero finalmente no por razones que no vienen al caso ni se eliminó la institución ni se cesó a los jueces de paz. Sin embargo sucedió lo contrario, porque con la ley 1/2025 de medidas de eficiencia se apuntaló nuestra figura, acabaron reforzándose determinadas funciones, perdiendo otras, y confirmando la continuidad de quienes ejercemos estos cargos, lo que permite mirar al futuro con una perspectiva distinta.
—¿Existe la sensación de que los jueces de paz son una categoría inferior dentro de la carrera judicial?
—Nosotros somos jueces y la jurisdicción que ostentamos en nuestro juzgado es la misma que, por ejemplo, la del presidente del Tribunal Supremo en el suyo. Otra cosa es que sabemos que somos el escalón básico, el primer peldaño, de la justicia y somos una figura particular dentro del sistema judicial, porque somos jueces legos; es decir, que podemos ejercer sin estar específicamente formados en Derecho, aunque algunos jueces de paz puedan tener esa formación. Yo sé que esto es difícil de entender para un ciudadano medio y de hecho la falta de formación jurídica siempre fue el principal argumento en nuestra contra. Pero piense en la institución del jurado, que se compone de ciudadanos corrientes, del pueblo, y sin embargo se les pide que den su opinión sobre asuntos de gran envergadura; pues nosotros, lo mismo pero sobre temas más livianos. En cualquier caso, los jueces de paz conocemos perfectamente nuestras limitaciones y nuestras competencias. Sabemos qué asuntos podemos abordar y cuáles no. Y nunca se nos va a pedir una sesuda explicación jurídica ni vamos a entrar en grandes interpretaciones legislativas ni en cuestiones de especial complejidad penal o civil. Sólo se nos pide que sepamos discernir entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Con esa premisa cada uno tiene muy claro el ámbito en el que puede y debe actuar y al él nos ceñimos sin discusión.
—¿Qué aportan los juzgados de paz a Asturias?
—Lo principal es que acercan la justicia al justiciable, es decir, al ciudadano. En muchos municipios pequeños y alejados, desplazarse hasta la cabecera del partido judicial supone tiempo, dinero y dificultades. Poder realizar determinados trámites en la oficina municipal de justicia evita esos desplazamientos y facilita mucho las cosas. La nueva ley pretende precisamente potenciar estas oficinas para que puedan realizarse desde videoconferencias hasta declaraciones telemáticas. Pero además hay que hacer una reflexión más profunda: siempre he defendido que la justicia es uno de los pilares de las sociedades democráticas y que los ciudadanos tienen derecho y el deber de participar en la administración de justicia. La justicia de paz forma parte de esa filosofía.
—Los jueces de paz reciben una indemnización muy reducida en términos económicos. ¿Dónde encuentran la motivación para continuar?
—En mi caso concreto en una vocación frustrada. Siempre tuve gusto por estudiar Derecho y, aunque finalmente cursé otra carrera, esa inquietud quedó ahí. La justicia de paz ha sido una forma de realizarme personal y humanamente. Me ha dado muchísimas alegrías y satisfacciones. También me ha permitido relacionarme con los vecinos de otra manera. Cuando desempeñas un cargo de autoridad, la gente te percibe de forma diferente y tu opinión adquiere otro matiz. Me siento muy querido y muy apreciado en el seno de mi comunidad. Con motivo de la concesión de la medalla recibí una cantidad enorme de aprecio y felicitaciones y eso hace que uno se sienta querido y valorado.
—¿Cómo han cambiado las funciones desde que comenzó a ejercer a finales de los años noventa?
—Cuando empecé vivíamos lo que yo llamo la época dorada de la justicia de paz. Celebrábamos juicios de faltas, juicios verbales civiles, actos de conciliación, podíamos formar parte de las juntas electorales de zona, en ausencia de jueces de carrera y además teníamos el encargo del registro civil. Y todo ello era muy importante para los pueblos, especialmente el registro, por que es la memoria viva del pueblo: pasan por él los nacimientos, matrimonios o fallecimientos; los cambios de estado civil, las adopciones, tutelas, curatelas.... esta era una responsabilidad muy seria porque eras el encargado de todas las certificaciones que extendías y se establecía una relación muy estrecha con los vecinos. Celebrabas las bodas, registrabas a sus hijos, y años más tarde te paraba un muchachote y te espetaba un «usted casó a mis padres... y te hacías un poco más viejo...». Perdimos los juicios de faltas en 2015, el registro civil en 2021 y finalmente dejamos de celebrar bodas en 2025. Sin embargo, la nueva legislación ha reafirmado nuestras competencias civiles aumentando hasta 10.000 euros el límite económico del acto de conciliación y recupera nos devuelve las competencias penales, aumentando nuestro nivel de competencia ahora con los delitos leves. He de decir también que el Tribunal Superior de Justicia nos ha dado ya la formación oportuna para estar bien preparados. Es importante esto y hay que decir que somos pioneros en ello, cuando en otras comunidades ni se lo plantearon aún. Ajuppas tiene la formación permanente como una de nuestras funciones principales: preparar a los jueces de paz asturianos ante esta nueva etapa, para hacernos cargo de juzgar la materia penal con las mayores garantías, que esperemos que no tardemos mucho en empezar.
—¿Qué papel desempeñan en una justicia que suele calificarse de colapsada?
—La justicia de paz siempre ha sido una forma de ahorrar tiempo y dinero al sistema judicial. Su función primogénita consiste en resolver pequeñas controversias y permitir que los jueces de carrera puedan concentrarse en asuntos de mayor complejidad y enjundia. Además, favorece la participación de los ciudadanos en la administración de justicia, una de las ideas recogidas en la Carta Europea de la Justicia de Paz, cuya elaboración contó con la participación durante cuatro años de representantes de distintos países europeos y en la que tuve el gusto de poder participar, formando parte de la delegación española, cuando era vocal de la Federación española de asociaciones de justicia de paz.
—¿Sienten el respaldo de la justicia ordinaria?
—Sí. En Asturias contamos con un gran defensor de la justicia de paz, que es el presidente del Tribunal Superior de Justicia, don Jesús María Chamorro. Siempre ha estado implicado con nosotros, acude a nuestras reuniones anuales y conoce perfectamente la labor que desarrollamos en los pueblos. Conoce tanto nuestras penurias como nuestras virtudes y sabe que acercamos la justicia a los ciudadanos y que contribuimos a aliviar la carga de trabajo de los jueces de carrera.
—¿Qué recuerdos guarda con más cariño de estas décadas?
—Las mayores satisfacciones llegaron con las bodas. Ver a personas de 80 años cumplir el sueño de casarse o participar activamente en matrimonios de familiares y compañeros era algo muy especial. Pero también me marcaron muchos actos de conciliación y algunos juicios de faltas. Recuerdo asuntos muy complicados entre hermanos que llevaban años sin hablarse y que, después de mucho diálogo y de intentar acercar posiciones, acabaron llorando abrazados y reconciliándose ante mí. También hubo conflictos económicos, o entre comunidades de vecinos, que terminaron resolviéndose gracias a esa labor de conciliación. El juez de paz, por su propia naturaleza, intenta tranquilizar los ánimos y buscar acuerdos..
—¿La sociedad valora la labor de los jueces de paz?
—Creo que se empieza a valorar más ahora. Siempre he defendido una mejor y mayor formación para los jueces de paz y una buena y rápida actualización legislativa. De hecho, uno de los méritos que se alegaron para la concesión de la medalla de San Raimundo fue precisamente ese compromiso con la formación y con la defensa a ultranza de la utilidad de la justicia de paz. También se destacó mi convicción de que los ciudadanos tienen el derecho y el deber de participar en la toma de decisiones judiciales, así como mi empeño en poner en valor la utilidad pasada, presente y futura de esta institución. Esas son las ideas que han guiado toda mi trayectoria. Y así seguiré mientras goce de la confianza de los que me rodean.