La Voz de Asturias

Los grandes incendios de Asturias se inician al atardecer para dificultar su extinción

Asturias

L.O. Redacción
Helicóptero de Sepa en un incendio en Asturias, en una imagen de archivo

Un informe del Prinpado destaca que en el ala oriental hay más fuegos pero en el occidente son de mayor extensión

23 Jun 2026. Actualizado a las 14:06 h.

Los incendios forestales en Asturias han entrado en los últimos años en una nueva dimensión tanto por el incremento de su extensión como por la de su duración. Un análisis detallado de los últimos fuegos ha revelado un cambio muy significativo: se producen cada vez más tarde, en una franja horaria más cercana al anochecer, lo que dificulta notablemente las labores de extinción al limitar drásticamente la intervención de los medios aéreos por la falta de luz. Además, hay otra diferencia que tiene que ver con el territorio; hay más fuegos en el ala oriental de la comunidad pero en el Occidente son considerablemente más extensos y afectan a superficies mucho más amplias.

Todos estos aspectos técnicos y estadísticos se detallan de forma exhaustiva en el documento titulado «Estrategia integral de prevención y lucha contra los incendios forestales en Asturias (2026-2030)» que ha sido elaborado por el Principado. Respecto al retraso en el encendido de los incendios el documento apunta a ese curioso movimiento temporal hacia la noche que ha variado en la última década; el mayor porcentaje de incendios en los últimos años se origina en torno a las 19:00 horas, concentrándose el 36,3% de los siniestros entre las 18:00 y las 22:00 horas. Esto contrasta con el periodo histórico de 1985-2010, cuando la mayor incidencia se registraba alrededor de las 16:00 horas. Ademas el informe recoge que los fuegos son estacionales, es decir hay una alta concentración entre la segunda quincena de febrero y la primera de abril, periodo en el que se produce el 40,3% de los incendios anuales, siendo la primera quincena de marzo la más crítica. Además, casi la mitad, el 46%, de los fuegos se originan el fin de semana.

En lo que se refiere a la asimetría territorial, la publicación indica que entre los años 2011 y 2024 se produjeron un total de 18.396 incendios que afectaron a una superficie total de 167.426 hectáreas. Las cuatro comarcas de la mitad oriental (Pola de Siero, Ribadesella, Cangas de Onís y Pola de Laviana) acumularon el 66,7% del total de los siniestros, a pesar de que su territorio conjunto solo representa el 45% de la superficie regional. En el extremo opuesto, la superficie quemada se concentra de forma mayoritaria en las comarcas occidentales de Cangas del Narcea, Luarca y Pola de Allande, las cuales sumaron casi el 46% de toda la superficie calcinada en el periodo de estudio. Cangas del Narcea registró la mayor pérdida absoluta con 29.710 hectáreas, mientras que Pola de Allande presentó el valor relativo más alto con 308,7 hectáreas quemadas por cada 1.000 hectáreas comarcales.

El informe también analiza que los fuegos son cada vez mayores y por tanto pueden suponer un riesgo desproporcionado para la población, así el análisis ve un incremento de la peligrosidad estructural, especialmente en las zonas de interfaz urbano-forestal, donde el 35,49% de la superficie evaluada se sitúa en niveles de riesgo alto o muy alto, con especial vulnerabilidad en las edificaciones aisladas, que concentran un 47,77% de sus parcelas en estos rangos críticos. En cuanto al origen de los fuegos, el diagnóstico señala que la intervención humana es responsable del 80,9% de los casos. La inmensa mayoría son provocados; el 60,3% de los incendios forestales registrados entre 2011 y 2024 fueron intencionados. Dentro de esta categoría, el 71,47% se atribuyeron de forma específica a motivaciones vinculadas con «prácticas ganaderas», lo que representa un 43,1% del total general de los siniestros de la comunidad autónoma, mientras que los incendios de origen natural por rayos se sitúan por debajo del 1%.

Las propuestas

De cara a havcer frente a la nueva dimensión de los fuego, el marco estratégico del Principado propone una estructura organizada en cinco programas principales que abarcan 58 medidas y 138 acciones operativas. Entre las propuestas normativas y de planificación (DN), se plantea la actualización del INFOPA y el impulso de planes de autoprotección locales. El programa de prevención y regeneración (PR) incluye medidas clave como el diseño y mantenimiento de una red de «puntos estratégicos de gestión (PEG)» para romper la continuidad de los frentes, la creación de áreas de cortafuegos mediante pastoreo planificado con ganado menor y la regulación del uso del fuego. Finalmente, el programa de extinción y preparación (EX) formaliza actuaciones orientadas a optimizar la capacidad de respuesta, destacando la «incorporación de maquinaria pesada en la extinción» y la consolidación de los acuerdos de cooperación con las comunidades autónomas limítrofes.

Dentro de las recomendaciones técnicas e institucionales recogidas para el periodo 2026-2030, el informe insiste en que las intervenciones preventivas en el territorio deben ser selectivas, abandonando la idea de la eliminación generalizada del matorral, una tarea calificada como materialmente imposible y ecológicamente cuestionable. En su lugar, se aconseja priorizar la limpieza y el mantenimiento estricto de la franja de interfaz urbano-forestal, así como el despliegue de una política forestal que fomente la discontinuidad de las masas arboladas productivas mediante el uso de especies de baja inflamabilidad, preferentemente caducifolias autóctonas, en las zonas de alto riesgo.


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