Enfermedades tropicales y deterioro de la salud mental: los efectos futuros de las olas de calor en Asturias
Asturias
Los expertos de Naciones Unidas alertan de que las poblaciones envejecidas son las más vulnerables a los cambios climáticos
24 Jun 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Durante las últimas semanas, la población asturiana ha venido padeciendo temperaturas inéditamente altas que han pulverizado los registros históricos de la comunidad autónoma pero lo peor es que las predicciones actuales apuntan a que esta tendencia se consolidará de manera estructural en un futuro muy próximo. Si bien los escenarios proyectados sugieren de forma consistente que el impacto térmico en Asturias será levemente mejor que en el resto de la península ibérica debido a la influencia moderadora del mar Cantábrico, el verdadero desafío radica en la vulnerabilidad social. Las olas de calor extremo tienen un impacto mucho más severo y letal en poblaciones muy envejecidas como la asturiana.
Así lo revela el Sexto Informe de Evaluación sobre Cambio Climático publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el órgano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) encargado de evaluar de forma rigurosa la ciencia relacionada con el calentamiento global. Los datos analizados en dicho documento demuestran que las olas de calor en el continente europeo serán cada vez más frecuentes, intensas y duraderas. A nivel general, el informe proyecta que, hacia mediados de siglo, aproximadamente la mitad de la población de Europa podría verse expuesta a un riesgo alto o muy alto de estrés térmico durante el verano. Para el caso de Asturias, el documento muestra que la comunidad mantendrá niveles de riesgo físico inferiores a los de la Iberia meridional y central; sin embargo, advierte que los efectos del calentamiento global serán perversos en todo el continente si se superan ciertos umbrales.
En este sentido cómo son las sociedades que sufrirán este cambio climático resulta definitivo. El texto del IPCC subraya que la combinación de dolencias crónicas preexistentes (como las cardiovasculares, respiratorias o renales) y la avanzada edad elevan sustancialmente los índices de mortalidad y morbilidad ante el estrés por calor. A esto se suman problemas colaterales detallados en la investigación que afectan de lleno a la realidad asturiana, tales como las alteraciones en la salud mental. El informe vincula los fenómenos extremos, singularmente las inundaciones fluviales y costeras, con un incremento notable de casos de trastorno por estrés postraumático, ansiedad y depresión. Asimismo, el aumento de lluvias torrenciales deteriora la calidad del aire interior de las viviendas por la proliferación de moho y humedades, agravando patologías como el asma. Por último, el calentamiento global está adelantando y extendiendo las temporadas de polinización en el noroeste europeo, lo que incrementará notablemente las alergias respiratorias entre la población local.
A nivel general, las advertencias del informe del IPCC alertan de una crisis de salud pública multidimensional y sistémica. El calor extremo ya se asocia con decenas de miles de muertes anuales en Europa, una cifra que podría triplicarse si el calentamiento global supera la media de tres grados. El documento destaca el papel perjudicial de las ciudades, donde el efecto de isla de calor urbana y la contaminación por partículas finas o de ozono multiplican la letalidad del clima veraniego. Asimismo, se constata una expansión geográfica de enfermedades infecciosas sensibles al clima, tales como la enfermedad de Lyme transmitida por garrapatas o virus propagados por mosquitos vectores, como el dengue o el virus del Nilo Occidental. Adicionalmente, el calor extremo merma directamente la productividad laboral en sectores exteriores como la construcción y la agricultura, lo que se traduce en importantes pérdidas del Producto Interior Bruto (PIB).
Frente a este panorama, el informe propone un abanico de soluciones que pasan por la implantación y el fortalecimiento de sistemas de alerta temprana coordinados y planes de prevención ante olas de calor. A nivel urbanístico, el IPCC recomienda potenciar las infraestructuras azul-verdes, es decir, la creación de parques, zonas arboladas y corredores de agua en las ciudades para refrescar los microclimas y limpiar el aire, aunque advierte de la necesidad de gestionarlos correctamente para evitar efectos secundarios como el aumento de criaderos de insectos o alérgenos. Igualmente, se preconiza la mejora de los aislamientos térmicos en las viviendas y el reforzamiento estructural de los sistemas de salud pública para garantizar que las sociedades, especialmente las más envejecidas y vulnerables, dispongan de los medios e instrumentos necesarios para afrontar la nueva realidad climática.