La Voz de Asturias

Marc Silver, director de cine: «Ya hay suicidios por culpa de la IA; su falsa voz humana es más dañina que las redes sociales»

Asturias

Adrián Morán Pérez Redacción
Marc Silver

«Trabajé en la historia de Cambridge Analytics y pasé mucho tiempo con el chivato, con lo que aprendí mucho sobre cómo se pueden usar las redes sociales para alterar psicológicamente el comportamiento de alguien»

16 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.

El director de cine, Marc Silver, visitó Gijón de la mano de la empresa asturiana Empathy AI -coproductora de la película- para presentar su nueva obra, «Molly vs The Machines», que se podrá ver en los próximos meses en Movistar después de causar una revolución en el Reino Unido, llevando al prime time televisivo el debate sobre la regulación de las redes sociales. Semanas después se ha iniciado el proceso de prohibición de acceso a menores de 16 años en el país britanico.

—¿Cuándo comprendió que la historia de Molly Russel podía explicar el funcionamiento interno de las redes sociales y cómo pueden ser tóxicas para la gente?

—Había trabajado en la historia de Cambridge Analytics y pasé mucho tiempo con el chivato de esa historia, con lo que aprendí mucho sobre cómo se pueden usar las redes sociales para, me parece, alterar psicológicamente el comportamiento de alguien. Después de eso, conocí a esta autora que no había sacado aún, pero estaba a punto de sacar su libro «La era del capitalismo de la vigilancia», que es una especie de desglose de cómo ha evolucionado el modelo de negocio de Silicon Valley a lo largo de 20 años. Y gracias a estas dos formas de educarme, entonces me encontré con un pequeño artículo acerca de Molly Russel, alrededor de un año antes de la investigación forense. Muchos autores estaban hablando del caso por este artículo, y de la protección de menores. A causa de esta experiencia y de «la era del capitalismo de la vigilancia», me di cuenta de que podíamos contar la historia de los peligros y daños relacionados con la muerte de Molly, en algo así como una fábula.

Cuando me encontré con la historia de Molly, entendí que no era solo una historia de seguridad de menores online, lo que realmente era, como si alguien contara una fábula… Podríamos capturar la historia de la vida de Molly, que se desarrollaba en paralelo con el modelo de negocio, y cómo estas dos trayectorias se cruzaron de la manera más trágica.

—¿Cómo fue el proceso de trabajar con la familia Russel, con una materia tan íntima, sin convertirlo en una fuente de entretenimiento más?

—Sí, fue un proceso muy lento y deliberado para construir una relación con la familia de Molly. El proceso se desarrolló [así]: primero, escribí al equipo legal de la familia, les expliqué el trabajo que había hecho, y que no quería hacer una película para televisión sin más, si no una película que inspirara un cambio cultural. Porque antes de cambiar las reglas, la política o las regulaciones, antes de eso necesitas cambiar la cultura. Lo que lleva al cambio político. Así que, desde el principio, la motivación de la película era crear esta relación entre el cambio cultural y el cambio de las reglas. La familia estaba perfectamente de acuerdo y apoyaba esta idea. Y, entonces, la madre y las hermanas de Molly no querían que se las grabase; les pareció bien hacer unas entrevistas por audio, pero, al final, no las usamos. Nos centramos en el viaje del padre de Molly desde que registró la muerte de su hija hasta el final de la investigación, y más allá. Esa fue la escena final donde está escuchando el discurso de Mark Zuckerberg [acerca de la censura online].

—La película también menciona la IA. ¿Le preocupa que pueda, o ya haya, empeorar la situación?

—Creo que ya la ha empeorado. Hay varios casos de personas a quiénes los chatbots de IA les dicen que se quiten la vida. Hay uno en Florida, uno en Bélgica… sé que hay más. El por qué de que sea peor reside, potencialmente, en que las redes sociales no te hablaban con la voz falsa de un humano, donde los chatbots sí pueden. Y el mecanismo de llegada es mucho más avanzado y todavía más eficiente con la IA de lo que solía ser con las Redes.

—Recientemente, ha habido charlas acerca de prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 en Europa, aunque algunos prefieren cambiar los propios algoritmos. ¿Cree que una de estas opciones supera a la otra?

—Creo que la palabra «prohibir» resulta problemática. Prefiero hablar de «posponer». Es igual que con el sexo, conducir o el alcohol, no les prohibimos a ninguna de estas cosas a los adolescentes, pero posponemos que interactúen con ellas hasta que nosotros, como sociedad, como grupo, decidimos que tienen la edad apropiada. Esto no quiere decir que posponer o prohibir las Redes no traiga problemas. Los traerá.

Resulta muy difícil aplicar esta medida y el cómo podemos probar la edad [del usuario] supone toda una nueva gama de problemas acerca de nuestra privacidad. Creo que, como sociedad, como reguladores, hemos tenido 10 años para intentar regular los algoritmos y cambiar el modelo de negocio, etcétera. Pero no lo hemos logrado. Y en este vacío que se ha creado, en ese espacio, muchos, muchos padres, adolescentes y profesores han tenido experiencia con estos sistemas ubicuos. Todos hemos tenido experiencia suficiente para decir basta, y queremos que se haga algo YA. Y si los reguladores no pueden ofrecer nada al respecto, entonces acudimos a prohibiciones para rellenar ese espacio.

No creo que esto sea bueno, ni malo, ni correcto ni incorrecto, pero creo que si los reguladores hubieran llegado antes y hecho cumplir el cambio en el comportamiento de los algoritmos, entonces habríamos quitado presión a la necesidad de prohibir las redes sociales. Pero, como no se ha hecho nada semejante, ahora ya es un poco tarde. La gente necesita algo ya mismo y solo se les ha dejado la opción de optar por prohibiciones porque no se regularon estas empresas correctamente los últimos años. No creo que sea la solución perfecta, para nada, y he oído hablar de muchas críticas buenas acerca de por qué no lo es. Pero, a pesar de todo, al mismo tiempo se tuvo un referéndum en el Reino Unido, y fue, creo, la segunda con más asistencia de la historia del país. Algo así como un 95% de los que fueron estaban a favor de una prohibición, porque no se había hecho nada previamente. Y creo que muchos están a favor en España también.

—Finalmente, y esta es una pregunta más abierta, ¿cuál diría que fue la parte más difícil de trabajar en «Molly vs Las Máquinas»?

Creo que fue difícil en varias frecuencias. No es nada fácil trabajar con una familia en duelo, es un lugar muy sensible. Desde el primer día, hasta el día en el que sale la película, hay toda una serie de medidas de protección que se deben aplicar. Luego, creo que trabajar con el equipo legal también fue muy complicado. Algunos tuvieron que ir viendo todas las imágenes [y contenido] al que había atendido Molly. Incluso para un adulto, consumir ese material era muy difícil. Y, entonces, menos personal y más en una frecuencia de cineasta en general, creo que hacer películas sobre los sistemas de las Big Tech, y el sistema subyacente del capitalismo de la vigilancia, [es difícil] porque no hay nada que grabar… Es un sistema mayormente invisible, traspasarlo a un medio visual fue un gran desafío. Espero que hayamos encontrado una buena forma de hacerlo, pero no fue ni rápido ni sencillo. Dicho eso, al final, todas las películas son una colección de problemas a diversas frecuencias.


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