Ibon Berasategui, el donostiarra que vino a un pueblo de 15 casas de Asturias para ganar en calidad de vida: «Para mí es el paraíso»
Asturias
«Lo que yo he hecho es posible para cualquier persona; no he necesitado ni muchísimo dinero ni muchísima suerte, simplemente di los pasos que me han dicho que tenía que dar»
28 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Al donostiarra Ibon Berasategui siempre le ha atraído la experiencia de vivir en un entorno rural. Tiene 32 años y asegura que la idea le ronda desde que tenía 8. Pero tardó un tiempo en lanzarse. «Se me metía en la cabeza el miedo de pensar que eres joven, que no vas a tener nadie con socializar, esas cosas, y lo iba postergando», explica. Pero llegó un momento en el que, asentado en San Sebastián y con un negocio en marcha, dio con Axel Conenna, un argentino instalado en la zona rural de Asturias, y este contacto ha sido fundamental para su cambio de vida. «Axel, que tiene un proyecto muy bonito en el palacio de Sofelguera, supo de mi sueño y dijo que me viniese cuando quisiera». Lo tomó por la palabra y empezó a venir a Asturias todos los meses hasta que en mayo de este año se decidió y dio el paso definitivo: «conseguí comprar un terreno y me quedé aquí».
Todavía no tiene su propia casa, que debido a la inevitable espera burocrática tendrá que esperar un tiempo, pero ya está asentado en Asturias. En unos días se instalará en una casa de alquiler que ha conseguido en la zona, muy cerca de donde comenzará a construir su vivienda. Aunque de alquiler, lo importante es tener ya una casa: «La quería para tener mi propio hogar, poder traer a mi madre, mis hermanos y mis amigos, y no tener que sentir que tengo que pedir permisos a otras personas».
Una de las razones fundamentales de su asentamiento en Asturias es económica. En el País Vasco y en Navarra los precios son mucho más altos, y dar el paso se hace mucho más difícil. En Asturias no solo son más baratos los terrenos sino también los gastos del día a día. «En el tema del agua, me han dicho varios paisanos que pagan 5 euros al año porque viene de un manantial, y respecto a la luz, hablando con los vecinos me dicen también que pagan de 17 a 25 euros al mes como mucho», asegura.
«El precio de los inmuebles es más barato, la comida, más barata, la vida en sí es mucho más barata, más llevadera; yo tengo un trabajo on line y para mí es el paraíso». Además, Berasategui señala que la vida en el medio rural es hoy mucho más fácil de lo que fue en su día. «Hoy en día puedes vivir en un entorno rural y tener comodidades. Estoy a 10 o 15 minutos en coche del pueblo, donde puedo hacer una compra para toda la semana; a mí me gusta trabajar la huerta, construir un gallinero, llevar la vida rural de antes; para mí, es comodidad salir al gallinero, coger huevos y metérmelos entre pecho y espalda; entiendo que no es para todo el mundo, pero hay unas facilidades que antes no había para vivir en un entorno rural».
En su caso, tiene un centro de salud, un hospital y tres o cuatro supermercados a un cuarto de hora, y está a unos 40 minutos de Oviedo y Gijón, distancias que serían cortas en cualquier gran ciudad. Por otra parte, él sabía desde un principio que quería vivir en el Norte, porque le gusta el clima. «La lluvia es el precio que hay que pagar para tener la belleza que tenemos».
Le hace gracia, por otra parte, la gente que teme las bajas temperaturas en esta zona, que en realidad nunca son tan extremas. «Me dicen "ya verás cuando venga el invierno" como si fuese Alaska; no me voy a morir por un poco de frío». Y, en cualquier caso, si hay un calor que ha notado desde el principio es el de sus vecinos. «No tengo queja, la gente es increíble, no paran de dar, y cuando les das tú casi te lo echan a la cara, diciéndote "no tenías por qué"; "y tú tampoco", les contesto yo». Es gente, en su opinión, «majísima». En su vivienda actual hay, entre residencias habituales y algunas de fin de semana, unas 15 casas, y en el pueblo donde ha comprado el terreno y construirá su casa definitiva, algunas más, pero no muchas.
Lo que más le llama la atención es el hecho de que hay mucha gente que tiene terrenos, que está dispuesta a venderlos y que, aun así, no están a la venta en ninguna plataforma. Su caso ha sido un ejemplo palmario: «El que yo compré no estaba a la venta en ningún sitio, y lo conseguí hablando con la gente; tienes que venir y hablar». Ibon Berasategui invita, por ello, a la gente a que recorra estas tierras, que vea lo que hay y «que puedan ellos mismos prender en un entorno rural», que no se limiten en entrar en el Instagram de nadie diciendo lo que necesitan, que es lo que hace mucha gente.
Eso es, precisamente, lo que le ha pasado en más de una ocasión. «La gente me escribe como si yo fuese un agente inmobiliario, pidiendo que les busque una casa con dos habitaciones o cualquier otra cosa». Él se lo toma a risa, consciente de que las cosas no son así. Lo que no impide que quiera ayudar a otros a seguir sus pasos. «Hace dos semanas fui a hacer recados y cuando llegué a casa me encontré un mensaje en Instagram que dijo que me había reconocido por la calle; eso está bien porque significa que llegas a la gente, y muchos dicen que soy una motivación para ellos; no quiero que vengan a mi casa a tocar la puerta, no es eso, lo que quiero es que vean que lo que yo he hecho es posible para cualquier tipo de persona. No he necesitado ni muchísimo dinero ni muchísima suerte, simplemente di los pasos que me han dicho que tenía que dar, y esto ha pasado», concluye.