La Voz de Asturias

Siempre tú, Cervero

Azul Carbayón

La Voz Redacción
Diego Cervera.

El capitán del Oviedo vuelve a aparecer para rescatar un punto en el Carlos Belmonte // El penúltimo servicio del héroe local

17 May 2016. Actualizado a las 21:19 h.

Diego Cervero Otero, siempre él. Capitán y baluarte, el nueve del Oviedo. Cuando el Carlos Belmonte celebraba, anticipadamente, una victoria fundamental que aupaba a los manchegos fuera de los puestos de descenso, apareció él. El Real Oviedo sigue en racha y suma ya nueve partidos invictos, los mismos que el dorsal de su héroe local.

 El Real Oviedo visitaba Albacete con la vitola de favorito. El equipo de Luis Cesar Sampedro, muy necesitado, precisaba de una victoria que elevase al equipo lejos de posiciones de descenso. Los manchegos salieron al partido como un auténtico vendaval y rápidamente pusieron tierra de por medio ante la indecisión de los ovetenses. Pero la historia no estaba escrita, o alguien se saltó el guion.

Koné, que no acaba de encontrar su mejor versión y que se perdió en el verde manchego, fue sustituido cuando el partido ya agonizaba y la racha de imbatibilidad parecía escaparse, por el médico asturiano. Diego Cervero se bastó con media hora de partido para reanimar a un equipo oxidado y ausente. Su entrada al campo supone siempre una sonrisa para el aficionado carbayon, Cervero tiene un don, su presencia es siempre un recurso eficaz para voltear situaciones difíciles.

Cervero no es un malabarista del balón, ni un talento extraordinario, tampoco pasará a la historia por su dilatado palmarés ni por su técnica exquisita. Diego es una persona normal, uno más entre tantos. Cuando el Real Oviedo parecía abocado a la desaparición, ante la desesperación de los aficionados locales, un niño de apenas 19 años que por entonces militaba en el filial, decidió firmar un contrato en blanco y comprometer su futuro por un proyecto que entonces vislumbraba más sombras que luces. Ahí nace el mito. Del misticismo de la normalidad. Diego era un chico más, un fiel aficionado a su equipo del alma. Su historia es la de un sueño hecho realidad. Ese chaval, que empezaba sus estudios de medicina, estaba destinado a cambiar la historia del equipo de sus amores.

Pero sus sueños no hablaban de un Oviedo de Tercera. Ni de Segunda B. Diego anhelaba ver a su equipo luchar contra los grandes y ganarlos. Y entonces Diego empezó a prometer y prometió devolver la ilusión a su ciudad. Su gol al Cádiz fue la reafirmación de que el capitán azul es un hombre de palabra. El Oviedo regresaba al fútbol profesional después de una larga odisea. Diego cumplió con lo prometido y sus lágrimas en el Carranza emocionaron a una ciudad cansada de sufrir y esperar.

Ahora el Oviedo está a un solo punto del ascenso directo a Primera División. Diego ya no es un niño, a sus 32 años, su figura vuelve a aparecer para acabar de escribir su historia. Esa misma que empezó con un sueño que ahora parece más que nunca real. El estadio Carlos Belmonte fue testigo de uno de los últimos servicios del capitán del Oviedo. Del niño que se convirtió en leyenda, de Diego, una persona normal.


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