El azul es azul, por pequeño que sea
Azul Carbayón
08 Apr 2026. Actualizado a las 10:14 h.
En la vida —y más aún según pasan los años—, uno siempre percibe un hilo conductor, casi invisible a veces, que dirige sus pequeñas decisiones, que marca sus emociones y que incluso vertebra en silencio sus grandes apuestas tanto personales como profesionales. En mi caso, y en el de miles de almas azules más, ese hilo ha sido el fútbol. No el fútbol en genérico, o como ente abstracto: ha sido el Real Oviedo como idea común, inquebrantable, que nos trasciende a todos y a todas. Y creo que no somos conscientes de hasta qué punto este moldea nuestras vidas.
Ponerse de acuerdo hoy en día sobre cualquier cosa es harto complejo, pero si en algo coincidimos todos cuando nos hacemos mayores es en que el mayor activo de cualquier ser humano es el tiempo. Es uno que no vuelve como tal y que si de alguna manera se puede valorar es midiendo qué tipo de retorno nos deja como persona. He pasado el mal trago —no seré la única ni la que peores tragos ha vivido ni mucho menos— de pasar dos días con todas sus horas y minutos despidiéndome de un ser querido, a los pies de su cama, valorando juntos qué es el tiempo. Y en ese momento, con el mío detenido y el suyo agotándose, comprendí que el tiempo es algo cuyo valor solo alcanzamos a entender cuando aceptamos que ya no nos queda más.
Hoy un buen amigo, que invierte en este club 25 horas de cada uno de sus días como periodista, me pide que escriba algo sobre los 100 años de esa idea común que es el Real Oviedo. Y da la casualidad de que yo voy en un autobús rumbo a Madrid recordando qué era para mí cuando hacía este mismo recorrido, varias veces al mes, pero con quince años menos. Estudiaba Periodismo en la capital y los kilómetros que hacía para ir a ver a mi equipo al Tartiere, y los que luego inventaba para ir a La Roda, al Salto del Caballo, Zamora o Tenerife, eran inherentes a aquella cría. Era tan fácil e instintivo como respirar.
Ahora, tres lustros después, ese instinto se ha convertido en trabajo y compromiso, en responsabilidad y también —por la intensidad— en desgaste, porque nunca nadie quiere fallar pero menos aún a los suyos. Y si desde este lado, sin olvidar a la jovencita inconformista y bastante mas inocente que era, tengo que describir en no muchas palabras qué son estos cien años de Real Oviedo, os diré, queridos lectores y lectoras, que es tiempo.
Uno que cada oviedista entrega de forma altruista, y a veces vehemente, para construir una realidad más grande que las personas que la dibujan. Es un tiempo que no se traduce simplemente en minutos u horas, sino que vertebra vidas enteras y pequeñas decisiones que nos llevan a privarnos de una mejor calidad de vida por sufragar un abono o un viaje, pero que adquiere todo el sentido en los rostros y voces que te acompañan. Un tiempo que, invertido constantemente al Real Oviedo, modula nuestras emociones cada fin de semana, pero que hace mucho más que eso: nos vincula, para siempre, entre nosotros.
La persona a la que perdí yo, que no me pudo ver trabajando mi parcelina en el club de mi vida —pero sé que lo soñó muchas veces antes—, es mi padre. La persona que me sostiene cuando todo se pone gris, es mi madre. Con ella fui a ver Cumbres Borrascosas hace solo unos días, por su cumpleaños, y ese tiempo juntas volvió a recordarme por qué, cuando se trata del Real Oviedo, siempre hay esperanza por muy mal que vengan dadas: «El azul es azul, por pequeño que sea». Una adaptación de clásico romántico de la literatura anglosajona, que nada tiene que ver, y ahí estaba yo apuntando aquellas palabras porque todo es Real Oviedo para mí.
Esa frase, en medio de una tormenta en la que se buscaba un claro al que aferrarse, me recordó a todos vosotros, a todas nosotras. Estos 100 años son una obra maravillosa, única e imposible de replicar, hecha a base de vuestro tiempo, nuestro bien más preciado, y un amor irracional que te vincula de por vida. Y el azul es azul, y siempre vuelve a prevalecer, por mucho que se empeñen en taparlo quienes viven de las nubes.
Felices 100 años de éxitos y resiliencia, oviedistas.