Bajada a los infiernos
Azul Carbayón
El Real Oviedo vivió por primera vez en su historia un descenso a la tercera categoría, novedad por aquella época
04 Apr 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Quién sabe qué hubiera pasado con el Real Oviedo si el Real Unión Club no hubiera propuesto el 8 de julio de 1976 a la RFEF la introducción de una categoría intermedia entre Segunda y Tercera División. Y es que, hasta 1977, Tercera División era la tercera categoría. Pero la falta de inversión en las ligas, unida a que grandes clubes habían terminado anclados a esa división, hizo que desde la RFEF se decidiera buscar un giro para liberar la presión que había en una categoría con 80 clubes repartidos en cuatro grupos de veinte, una barbaridad para la época.
Gracias a este cambio, el Real Oviedo pudo caer en una Segunda División «B» algo más amable.
Un ascensor de ida y vuelta
No obstante, al comienzo de los 70 nada hacía prever la caída que estaba por ocurrir. En la temporada 1970-71 el Real Oviedo consigue la permanencia en Segunda División en una promoción frente al Palencia, en la que arrasa 2-0 en el Tartiere y 1-2 en La Balastera, gracias principalmente a su entrenador, Toni Cuervo. Toni llegó en mayo, con la temporada por acabar, pero devolvió la seña de identidad perdida al Real Oviedo.
«El Oviedo es igual ahora que lo fue toda la vida. Nunca tuvo un estilo definido, siempre se basó en individualidades», señalaba por entonces Toni Cuervo.
Tras un nuevo cambio en la presidencia y en los banquillos, el Real Oviedo volvió a probar las mieles de la Primera División gracias a dos viejos conocidos: José María Velasco y Eduardo Toba Muíño —o doctor Toba—, ambos por tercera vez.
El doctor Toba encontró la infección que sufría el paciente y, con una buena alimentación, lo surtió de fortaleza atrás y efectividad delante. Alfredo Lombardía volvería a ocupar la portería, esta vez siendo el portero menos goleado de la Segunda División, y arriba Galán recordó al mejor Isidro Lángara con 23 goles, suficientes para ascender.
Con el ascenso a Primera División, el doctor le receta al club una dosis doble de goles y entra en acción un jugador nacido en Fabero, León, bajo el apodo de «El Jabalí del Bierzo». Un más que probado goleador en la Cultural Leonesa, con 36 goles, siendo el máximo goleador de toda España.
Marianín, un goleador de los de antes
En el Real Oviedo marcará 40 goles antes de que las lesiones le obliguen a volver a la Cultural y acabar retirándose en el Club Deportivo Fabero apenas dos temporadas después.
Para explicar a Marianín hay que leer a los que lo vivieron en vida: «Marianín no está para lucirse. Marianín no es un retórico del balompié, ni tampoco un prosaico. Marianín solo tiene un objetivo que coincide exactamente con los siete metros y pico que hay entre los dos palos de la portería enemiga», describía Severino Camporro.
Pese a que Marianín lo dejó todo en el verde por el Real Oviedo, incluida su salud, no sirvió para estabilizar al equipo en Primera División, aunque sí para ganar por quinta vez el título de Segunda. Y con la caída y despedida de Marianín el club azul le dice hola a la recién estrenada Segunda División «B», tras lograr un breve ascenso a Primera en 1975-76 de la mano de Vicente Miera.
La fecha: el 24 de mayo de 1978. El lugar: el Carlos Tartiere. El Real Oviedo jugaría la temporada 1978-79 en la Segunda División «B».
Las primeras palabras escuchadas en el Tartiere de cara a la nueva temporada las pronunció, el nuevo entrenador, Eduardo Gómez García Barbón, «Lalo». «Hay que dejar de pensar que el Oviedo es un club histórico y situarse en el presente. Estamos donde estamos». «Lalo» no terminaría la temporada.
La suerte al fin se puso de nuestra parte
Un Real Oviedo en Segunda B no tenía otra que volver a mirar a casa para sacar jugadores. Y así fue. Hasta seis jugadores del Vetusta fueron entrando con el nuevo entrenador y sumando opciones a un ascenso directo que se estaba complicando.
Llegó a ser tan complicado que el Real Oviedo no dependía de sí mismo para lograr una de las dos plazas que daban acceso a la división de plata.
El Real Oviedo se la jugaba en el Tartiere frente a un Club Deportivo Pegaso —ya desaparecido— que iba colista, a la espera de que el Mirandés, segundo clasificado, perdiera en casa ante un UP Langreo que ya había hecho los deberes.
No sería hasta que el Real Oviedo hubiese terminado su partido, con una nube de desánimo en la grada y el vestuario, cuando se escucharía el más dulce nombre jamás escuchado en el Tartiere.
¡ATILANO! ¡GOOOOL DEL LANGREO!
Y ahí sí, la nube desapareció y los astros parecían alinearse por una vez con las necesidades del Real Oviedo.
Se cerraba un capítulo, pero empezaba otro en los 80 que duraría casi diez años: volver a ser un equipo de Primera División.
Durante las 8 siguientes temporadas en el Carlos Tartiere se vivió una era de glaciación. Tras el obligado ascenso de vuelta a Segunda nuca se pasó del décimo puesto, salvo uno, la 1985/86, tampoco se bajó del decimosexto. Ni muy caliente para sonreír con un ascenso, ni muy frio para temblar por el descenso.
Pero un nuevo giro en el club cambia la realidad de este. La presidencia da paso a José Manuel Bango Fuente, una cabeza sensata que dará los pasos necesarios para crear: «Una familia que pueda ir con la cabeza alta por los campos de España».
Bajo su mandato el Real Oviedo volvió a conocer lo que era tocar metal gracias a ganar la Copa de la Liga de Segunda División. La competición no tuvo mucho recorrido, apenas tres temporadas, pero sirvió para darle confianza y tiempo a un grupo y una directiva que terminaría llevando de vuelta a la ciudad a Primera División.
Los caminos de Vicente Miera y el Real Oviedo estaban destinados a volver a cruzarse y Bango Fuente sería el arquitecto que los uniría en 1987. A tiempo para darle a una gran plantilla un entrenador a su medida
Nada tenía que ver con su primer paso a principios de los 70. En 1987 era uno de los grandes entrenadores del fútbol español y, desde el palco al vestuario pasando por la grada, todos estaban de acuerdo en que ese era el nombre que devolvería a su lugar al Real Oviedo. Y no se equivocaron.