La Voz de Asturias

Zagajewski: «La poesía no va de grandes números, pero sigue siendo muy importante para muchos»

Cultura

J. C. Gea Oviedo
Adam Zagajewski

El polaco se asume como un poeta «ético, pero solo como heredero del humanismo y desde la discreción de los sentimientos y el interés por la bondad de los seres humanos»

09 Jun 2017. Actualizado a las 07:29 h.

Naturalmente, tratándose de Adam Zagajewsky un aeropuerto era el escenario esperable para atender las primeras llamadas, con la noticia del Premio Princesa de Asturias de las Letras recién proclamada en los salones del Hotel de la Reconquista. Viajero por vocación y gusto -pero sobre todo por imposición y por destino, como tantos en la Europa de su tiempo- el autor de Tierra del fuego o Deseo coge el móvil en el aeropuerto de Cracovia, a punto de embarcarse para Alemania: «Créame, me siento feliz en este momento. Acabo de recibir un premio legendario con un hermoso nombre: príncipe, princesa son palabras hermosas. Esas palabras y este premio los recibo como la esencia de España».

Con el rumor de fondo de altavoces y de pasajeros -algo que también conviene a su poesía, atenta a las ciudades, a los pasajes, a sus habitantes-, Zagajewski explica que asume el «sentido ético de la literatura» que le atribuye el jurado. Pero también lo matiza. A su poesía no le conviene nada demasiado pomposo, ningún apostolado ni político ni moral aunque a Zagajewski, como a su compatriota Milosz o al peterburgués Brodsky se les invista siempre con el halo de la disidencia.

«Creo que sí, que mi poesía tiene valores éticos, que puedo contarme entre ese tipo de poetas, pero solo porque me considero parte de la tradición del humanismo europeo. Pero eso no quiere decir en modo alguno que mi poesía hable de esos asuntos levantando demasiado la voz, sino más bien desde la discreción, desde un punto de vista que tiene que ver con los aspectos más íntimos de la ética, con los sentimientos. Fundamentalmente por el interés en la bondad; la bondad de los seres humanos», puntualiza el poeta polaco, que asume también la ilustre parentela de la que el jurado le ha hecho heredero: el mencionado Czeslaw Milosz, exiliado como él; el peregrino Rainer Maria Rilke; el cabal y cristalino Machado.

«Es un honor que me sitúen junto a ellos, poetas que admiro, en esa tradición de la que también forman parte poetas como Lorca», añade el autor de En defensa del fervor, que a su vez apenas tiene tiempo ante las puertas de embarque de armar la pequeña defensa de la poesía a la que se le invita. En Houston, a las seis de la tarde, uno de los poemas más hermosos de Deseo, se habla de «la isla del poema, una isla deshabitada/ que algún día descubrirá un nuevo Cook». Pero, ¿sigue habiendo Cooks, navegantes fuera de ruta dispuestos a buscar esos islotes que gente como Zagajewski van haciendo brotar en un océano que, por lo general, los ignora?

«Por suerte, sí», responde. «Puede que no sea obvia la necesidad de buscar esas islas cuando uno está sentado leyendo el periódico o viendo la televisión, y hablo incluso de mi propia experiencia. Pero hay otras formas de leer, otros mensajes que llegan a través de lo escrito, los que solo transmite la poesía, y te das cuenta de que hay mucha gente que te hace saber lo importante que para él o para ella fueron esas palabras que alguien escribió. Es verdad que la poesía no tiene que ver con grandes números, no va de eso sino con números pequeños. Pero sigue siendo todavía muy importante para muchos».


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