La Voz de Asturias

Blanca Berdasco, escritora: «Hablar o escribir en una lengua minoritaria es un desafío y un acto de valentía»

Cultura

Jose Coto Redacción
Presentación del libro «Los Cuentines de la abuela Blanca»

La autora de «Los cuentines de la abuela Blanca» reivindica la fuerza del patsuezu a través de quince relatos que unen tradición familiar y literatura infantil

14 Dec 2025. Actualizado a las 05:00 h.

Maestra jubilada, narradora incansable y defensora apasionada del patsuezu, Blanca Berdasco se adentra en la literatura infantil para rescatar la memoria oral de su familia y de su tierra. «Los cuentines de la abuela Blanca» se convierten así en un homenaje a quienes transmitieron, cuento a cuento, una forma única de entender el mundo.

—¿Cómo surgió la idea de recopilar y escribir estos cuentos en patsuezu? ¿Fue un proyecto que maduró durante mucho tiempo o una iniciativa más reciente tras su jubilación?

—Sinceramente, la idea no fue mía. Estoy muy vinculada al mundo del patsuezu y en nuestra zona hay un grupo numeroso de personas que trabaja para que no se pierda la nuesa tsingua. Entre ellas está Guadalupe Lorenzana, escritora y amiga, con quien comparto muchas actividades: hacemos un programa de radio quincenal, visitamos colegios para realizar actividades en patsuezu, contamos cuentos, escenificamos y participamos en certámenes literarios...

Un día me dijo: «Cuando te jubiles tienes que escribir un libro de cuentos en patsuezu, porque no hay literatura infantil en la nuesa tsingua». En aquel momento dejé la idea aparcada. Más tarde, ya jubilada y tras el nacimiento de mis nietos, retomé la tradición de contar cuentos, que había perdido desde que mis hijos crecieron, y recordé la sugerencia de Guadalupe. Así nació Los cuentines de la abuela Blanca.

—El libro rinde homenaje a la figura de su padre, al que describe como «un gran contador de cuentos». ¿Qué influencia tuvo en las historias que eligió y en su amor por la tradición oral?

—Mi padre era un gran contador de cuentos. A mí me narró muchos, y a mis hijos aún más porque. los niños pasaban mucho tiempo con mis padres y, si algo definía a mi padre, era la paciencia. Por supuesto no recuerdo fielmente las historias que él me contaba pero sí su esencia.En el libro he recogido frases que recuerdo exactamente tal y como él las decía. Una parte importante de los cuentos procede de esa tradición oral familiar.

—¿Cómo fue el proceso de cuatro años para dar forma a los quince relatos que componen la obra?

—El proceso fue largo. No empecé a trabajar en el proyecto justo tras la jubilación, aunque sí tenía ya algún cuento escrito para actividades del colegio. Cuando decidí ponerme con ello, recopilé esos textos y pensé que sería buena idea estructurar el libro en tres bloques.

El primero reúne los cuentos que me narraba mi padre, de los que conservo fragmentos y expresiones muy suyas. En el segundo incluí versiones propias, más amables, de cuentos clásicos, además de adaptarlos al patsuezu. En el tercero reuní los cuentos escritos por mí, algunos ya existentes y otros creados para el libro.

Escribir para niños me resultó más difícil que escribir para adultos: son un público muy exigente. Una vez terminados, llegó el momento de corregir. La corrección en castellano es fácil, el corrector de Word te ayuda, en cambio cuando escribes en patsuezu se convierte en tu enemigo porque corrige todo aquello que no le suena a castellano. En esta tarea conté con la ayuda de Guadalupe Lorenzana y Roberto González-Quevedo. Con la corrección terminada volví al colegio donde había trabajado para comprobar si los niños los comprendían, y surgió la idea de organizar un certamen de dibujo para que ilustraran lo que les sugería cada cuento. Sus trabajos reflejaron perfectamente el espíritu de los relatos.

Blanca Berdasco firma libros durante la presentación de «Los Cuentines de la abuela Blanca»

Además, Carmen G. Ordás, una compañera artista me ofreció su colaboración y le pedí realizar la portada a partir de una fotografía con mis nietos disfrutando de la lectura de un cuento y un dibujo para cada bloque del libro. Con todo ese material acudí a la Cátedra de Estudios Leoneses, donde acogieron el proyecto con entusiasmo. Consideraron oportuno añadir más ilustraciones para hacerlo más atractivo y contaron con la ilustradora Raquel Lanza, que supo integrar sus dibujos con los de Mari Carmen Gómez y los niños. El resultado es muy vistoso y la edición, muy cuidada: tapa dura, letra grande, unas ilustraciones muy adecuadas y unas guardas preciosas. Es un libro para leer, pero también para ver.

—Para quienes no lo conozcan, ¿qué es el patsuezu y cuál es su zona de influencia en Asturias?

—El patsuezu es una de las variantes del asturleonés, con características propias muy marcadas. Una de las más particulares es la llamada che vaqueira. Se habla en los concejos de Degaña, Somiedo y parte de Cangas del Narcea, en Asturias; y en León, en Babia, Laciana y Ribas del Sil. Existen variantes similares en Zamora e incluso en Portugal, en Miranda do Douro.

—¿Qué desafío y qué responsabilidad supone usar esta lengua como vehículo principal de su obra?

—Hablar o escribir en una lengua minoritaria es un desafío y un acto de valentía. Cuando escribes, quieres que te lean y te entiendan, y no siempre es fácil. Aunque hoy hay mucha gente trabajando para revitalizar el patsuezu, sigue siendo una lengua minoritaria y durante años estuvo estigmatizada.

Mucha gente cree que no sabe patsuezu, pero en actividades realizadas en Villablino hemos comprobado que sí conservan muchas palabras y expresiones sin ser conscientes de ello. En mi caso, con raíces somedanas, muchas cosas me resultaban familiares cuando empecé a profundizar en la lengua.

Y, por supuesto, escribir implica una gran responsabilidad: lo escrito queda. Afortunadamente contamos con publicaciones de ortografía y gramática que permiten trabajar con rigor.

—El libro se publica dentro de la Cátedra de Estudios Leoneses de la ULE. ¿Qué significa para usted ese respaldo institucional?

—La Cátedra acogió el proyecto con enorme cariño. El libro está tratado con mucho mimo y el resultado es magnífico. Esta Institución se encarga de promocionar y proteger todas las manifestaciones culturales y lingüísticas de la provincia, no solo de nuestro territorio. Hemos de resaltar que en nuestra zona hemos recibido un apoyo constante: no es el primer libro en patsuezu que publican. Existen numerosas obras de autores de Laciana y Ribas del Sil editadas por la Cátedra

El apoyo de la Cátedra de Estudios Leoneses y de otras Instituciones (Ayuntamiento, Diputación Provincial…) nos anima a continuar con esta tarea de promoción de la “nuesa tsingua”

—El libro se divide en tres bloques: «Los cuentines de mieu padre», «Los cuentos de la mía infancia» y «Los mieus cuentos». ¿Qué diferencias encontrará el lector?

—En cuanto a la temática sí que hay pequeñas diferencias. El primer bloque, el de los cuentines de mi padre, se caracteriza porque los protagonistas son animales prácticamente en todos los cuentos. Son animales que adoptan características humanas, nuestras virtudes y nuestros defectos. Al tsobu, por ejemplo, le asignamos el papel de Fatu, y Fatu se quedó. La raposa, en cambio, es muy lista, es capaz de engañar al lobo siempre, en todos los cuentos.

En el segundo bloque, la temática es más variada. Está Caperucita Roja, están Los Siete Cabritines y el Lobo, está Blancanieves y los Siete Enanitos… Son cuentos tradicionales que he versionado con unos personajes un poco más amables que los de esos cuentos que nos contaban en la infancia.

Y en la última parte hay variedad de protagonistas. Hay algunos cuentos también con animales como protagonistas, pero hay un cuento en el que los protagonistas son dos niños que son hermanos, otro que es tipo leyenda en el que los protagonistas también son humanos...

—¿Hay algún cuento o personaje al que le tenga especial cariño?

—Destacaría el que abre el primer bloque: una cantilena infantil que mi padre me recitaba mientras me acariciaba la cara, y que después repitió con mis hijos. Es el de las cabras de Juan Barbeiro, que «van todas por un sendeiro», y les vas haciendo cosquillas a los niños. Coscas, como explico en el libro. Este es uno de los que más me emociona porque cuando lo estaba escribiendo estaba recordando a mi padre.

También siento especial afecto por la leyenda de la Laguna de Arbas, en el puerto de Leitariegos. Surgió a raíz de una actividad escolar y de la petición de una alumna, Alba, que me pidió que la contara en patsuezu.

Presentación del libro «Los Cuentines de la abuela Blanca»

—La presentación del libro en Villablino fue un éxito, con la Casa de Cultura casi llena y todos los ejemplares vendidos. ¿Cómo recuerda ese día?

—Fue un día muy especial. La presentación, inicialmente prevista para el 22 de noviembre, tuvo que aplazarse por el accidente en la mina de Rengos, en el que fallecieron dos mineros, uno de ellos vecino de Laciana y cuyos hijos habían sido alumnos míos.

Finalmente se celebró el 8 de diciembre por la mañana, una hora poco habitual, pero aun así la Casa de Cultura casi se llenó. Recibí muchos mensajes de apoyo y el acto fue muy emotivo. Participaron representantes institucionales: Raquel Domínguez (Vicerrectora de Inclusión, Igualdad y Proyección Social de la ULE) Mª José Pérez (Directora de la Cátedra de Estudios Leoneses) y Mercedes Fisteus (Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Villablino) las ilustradoras (Raquel O. Lanza y Carmen G. Ordás) y mi amiga Guadalupe Lorenzana. Mi hija, Rebeca Castiñeira, condujo el acto con gran sensibilidad.

Hubo una representación teatral de uno de mis cuentos por parte del Grupo de teatro El Escarpín, música tradicional interpretada por representantes de tres generaciones (Carmen Marentes, Yolanda González y Valeria Arias) y un chocolate con fisuelos —los enroscados típicos de nuestra zona— como broche final servidos por las mujeres de la Asociación Buen Verde. Nos acompañaron también algunos de los niños cuyos dibujos aparecen en el libro.

Con la inestimable colaboración de Félix Chausero y Miguel Sobral el acto quedó grabado y se compartirá en redes sociales. Me sentí emocionada, muy querida y valorada.

—Aunque ese día se agotaron los ejemplares, ¿todavía puede comprarse el libro?

—Sí. Puede adquirirse online en la web del Servicio de Publicaciones de la Universidad de León, en varias librerías con venta por internet y, en Villablino, en la librería Dorita.

—¿Cree que Los cuentines de la abuela Blanca puede fomentar el interés por el patrimonio lingüístico entre niños y jóvenes?

—Creo que sí. El libro cumple dos objetivos: despertar en los adultos recuerdos de la infancia y acercar a los niños a nuestra lengua y cultura. Estamos realizando muchas actividades en los colegios y los pequeños muestran gran interés. Amigos que tienen niños pequeños en casa me comentan que les están gustando mucho los cuentos y que empiezan a repetir palabras en patsuezu. Ellos son los futuros guardianes de nuestras tradiciones.

—Después de este éxito, ¿tiene previsto seguir escribiendo en patsuezu o trabajando en la tradición oral?

—Sí, voy a seguir escribiendo. Seguiré colaborando en libros colectivos con relatos para adultos. En breve saldrá una nueva convocatoria del certamen literario en patsuezu de la Asociación Cultural Amigos de Sierra Pambley, con la que colaboro desde hace años. 

Seguir escribiendo para niños es algo que tengo que pensar: es un público difícil, aunque también muy agradecido.

 

 


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