Tito Montero, cineasta: «El asturiano Rafael del Riego fue un revolucionario constitucional y si miró a alguien como ejemplo fue a George Washington»
Cultura
12 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Tito Montero (Oviedo/Uviéu, 1978) es cineasta, periodista, escritor y director de cine y con su Ciudadano Riego. El asturiano que no quiso ser Napoléon (Bestia Audax. Colección Aramo, 2026) sigue empeñado en desmontar algunas de las mentiras que el poder, con sus diferentes máscaras politicas, mediáticas e historiográficas, y a la vez ofrecer la alternativa de un discurso virtuoso con nombres propios. En este caso se trata de dos asturianos ilustrados, revolucionarios y demócratas, el general tinetense Rafael del Riego (1784-1823) y el economista y político somedado Álvaro Flórez Estrada (1766-1853). Montero es uno de los más destacados miembros de una relevante generación de ensayistas que ponen en el centro de su reflexión lo asturiano sin paredes, en busca de respuestas propias y globales a una civilización del bienestar y del bienser que se derrumba. Ciudadano Riego. El asturiano que no quiso ser Napoléon es un trabajo pertubador que desciende a los abismos del olvido para recuperar dos figuras que trascienden el mito. Así desmonta la doble ejecución a la que fue sometido Riego: la que le aplicó en la horca de la plaza de la Cebada Fernando de Borbón, el rey felón, y la que hoy practican los rentistas de la amnesia. No se queda ahí el trabajo del ensayista carbayón: con la actualización de Riego se sitúa con nombre propio la Ilustración Asturiana y también la relevancia de Flórez Estrada, esencial para la democracia social cuando el mundo se enfrenta al malismo ideológico del absolutismo político y tecnológico.
—Ciudadano Riego. El asturiano que no quiso ser Napoleón está claro que no es una biografía, ¿un ensayo de provocación?
—Es collage literario que convoca a cientos de personajes y rompe los códigos del espacio y el tiempo. Un enjambre de voces que reúne palabras dispersas. Pero también es un texto de montaje que bebe de mi experiencia en el campo cinematográfico. Provoca, claro, en el sentido de buscar una reacción en el lector, de estimularlo, ya que coloca juntas ideas que nunca antes lo estuvieron. Diría que es también un libro-biblioteca, un diario de lecturas. Pedro de Silva habló de él en la primera presentación como libro-película. En la segunda, Ricardo Menéndez Salmón deslizó sus cualidades como novela posmoderna o la capacidad de la estructura narrativa para generar emoción. Esas reflexiones son vitales, me ayudan a pensar el texto desde cierta distancia. Es un libro que muta según el punto de vista que tome el lector frente a él. Que la forma fuese propositiva era capital en base a la máxima de Audre Lorde: “Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo”.
—¿Una tesis contra el mito del militar ciudadano amigo del pueblo?
—El libro deconstruye muchas de las ideas preconcebidas sobre Riego que el poder que fabricó la historia del estado-nación desde mediados del XIX se esmeró en transmitir. Pero, sobre todo, reconstruye algo minimizado y ocultado de manera estratégica y sibilina: su figura política y su enorme legado en ese aspecto. Recupera una de las ideas Alberto Gil Novales, la del militar y político asturiano como «espejo del propio pueblo, imagen de su sufrimiento multisecular». Para el maestro de historiadores «Riego es grande porque supo encarnar con grandeza lo que el pueblo vio en él».
—No «quiso ser Napoleón». ¿Que quiso ser Riego?
—Sus enemigos, también mucho fuego amigo, le acusaron de querer convertirse -o pretendieron que se convirtiera- en un caudillo plenipotenciario, que fuese un nuevo Napoleón, un nuevo Oliver Cromwell. Pero él siempre entendió que era el reflejo del honor de la Constitución. Fue un revolucionario constitucional y si miró a alguien como ejemplo fue a George Washington.
—Aunque el título lo ocupa el general liberal de Tuña, hay otra figura esencial en su trabajo: Álvaro Flórez Estrada. Un tinetense y un somedano que marcaron la historia de España y Europa en el siglo XIX. Sin embargo, su legado ha sido oscurecido. ¿Tiene explicación?
—La clave explicativa es que su legado propone una línea de arranque para construir otra España y otra Europa posibles. Son la base de una lectura de los inicios del siglo XIX, de la modernidad, en clave protodemocrática y protofederal.
—Riego y Flórez Estrada son dos hidalgos ilustrados, ¿sus proyectos e ideales políticos eran las de los liberales que apostaban por la revolución burguesa o pensaban también en la «felicidad», como dicen los enciclopedistas, de la gran mayoría del pueblo condenado a la miseria?
—En su apuesta revolucionaria quienes ostentaban más privilegios debían perderlos para que los ganasen las clases populares. La suya era una revolución de base ilustrada en la que, pese a la innegable ascendencia cultural monárquica y católica, debía ser el pueblo quien tuviese la capacidad de dotarse a sí mismo de leyes que le confiriese la posibilidad de regir su destino. Diría que la clave era ilustrada y parlamentaria. Buscaban una monarquía controlada por la soberanía popular como evolución política intermedia que evitase el derramamiento de sangre que habían visto en Francia. ¿Hacia dónde iba ese paso intermedio? Vuelvo a las claves protodemocráticas y protofederales. El gobierno de los ciudadanos regidos por la razón. El libro se abre con un cita tan grandiosa como desconocida que localicé en las memorias de Alejandro Dumas: «Riego dejó un canto, de ese canto nacerá la revolución, y de esa revolución, la República».
—¿Dónde reside su ejemplaridad?
— En su coherencia vital e intelectual. Aunque mis textos son importantes, el collage esta construido con fragmentos de ideas de otros. Dice uno de los historiadores más importantes de las últimas décadas, Emilio La Parra, biógrafo de Fernando VII, que a Riego «se le acusó de dictador, se le acusó de vanidoso, de crear él mismo su mito, de ser un hombre ambicioso, etc., todo lo cual no corresponde a la realidad. Es un hombre que a mí me parece que es uno de los políticos más honestos, más coherentes y más desprendidos de la historia española».
—¿Son ellos el ejemplo seminal de los movimientos progresistas surgidos desde el XIX hasta ahora?
—Detecto, y en libro trato de afianzarlo con datos, un hilo trenzable que parte de su legado hasta nuestro presente político que va de Flórez Estrada y Riego hasta Pedro de Silva pasando por Clarín, Manuel Llaneza, Belarmino Tomás, los fugaos o el movimiento sindical antifranquista.
—¿Dónde se detecta la asturianidad de ambos?, ¿en ser parte del movimiento ilustrado que Feijoo, Campomanes y Jovellanos irradiaron desde Asturias o hay algo más, de aquellos «infectos vientos del norte» que detestaba Floridablanca?
—Las ideas ilustradas permearon el imaginario intelectual y político de ambos. Pero hay en sus actitudes vitales un calado ancestral. No olvidemos el pulso democrático que late en el conceyu abiertu heredado de los astures y el resto de pueblos prerromanos norteños y que en el mismo territorio, el Reino de León -evolución política del Reino de Asturias- encontramos, reconocido por la Unesco, el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo.
—¿Se les puede considerar protofederalistas ibéricos y europeos?
—Si atendemos sin prejuicios a su vida y obra, sin lugar a duda.
—¿Ambos integran uno de los capítulos más memorables del hilo virtuoso y rebelde de la historia de Asturias?
—Diría que el más importante para nuestro presente político. El libro pone sobre el tapete que la Representación al Rey, de Flórez Estrada, fue base teórica del pronunciamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan en 1820 al mando del Batallón de Asturias. Es decir, Flórez Estrada y Riego, teoría y acción constitucional, origen de la posibilidad de una democracia moderna.
—Más Rafael del Riego y menos Pelayo, ha dicho usted. Me suena al Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff, pero ahí hay varias claves políticas frente al ultrareaccionarismo en auge.
—Reivindicar el legado de Riego es centrarse en el origen de la posibilidad democrática. No conviene olvidar que murió ajusticiado de la manera más vil por defender caminos políticos más justos para la mayoría. Y que por ello intentaron borrarlo de la Historia, es un hombre sin tumba. Por desgracia, el mito de Pelayo está casi sin trabajar desde una perspectiva que no sea ultrareaccionaria. Es importante que lo hagamos, es vital para la identidad asturiana. Pero también es una evidencia que lo hemos dejado en manos de una interpretación nacional?católica de la Historia de España -que como demuestra brillantemente David Guardado en Nunca vencida, es la misma que la nacional-liberal-. Por otro lado, la trayectoria histórica de Riego es perfectamente trazable. Es un héroe complejo y antitestosterónico. Es un ser humano de carne y hueso que peleó hasta las últimas consecuencias por conseguir ampliaciones de derechos para el pueblo.
—¿Riego frente a Trump, Milei, Xi Jinping, Putin, Le Pen y demás reaccionarios iliberales y señores tecnofeudales?
—El legado de Riego es un dique frente a cualquier conato de absolutismo, por eso el poder se ocupó con tanto afán de ocultar, minimizar o vilipendiar su figura.
—La ensayista y profesora de Ciencia Política en el London School of Economics, Lea Ypi, ha dicho que frente al oxímoron de la «Ilustración Oscura», de las ultraderechas internacionales, debemos levantar la Ilustración Moral, en la que Riego y Flórez Estrada tienen nombre propio.
—En tiempos de superhéroes, neoseñores tecnofeudales e impulsos cesaristas imperiales, son un muro de contención moral. Son los valores de Riego y de Flórez Estrada sobre los que hay que edificar la Europa del presente y no sobre los de Carlomagno, lo que no implica, al igual que el caso de Pelayo, tener que olvidar su importancia política o cultural.
—El golpe internacional del absolutismo contra Riego y el gobierno constitucional, que puso fin al Trienio Liberal (1829-1823), hizo que los Borbones siguieran en el trono hasta hoy. Celebramos la Constitución de 1812, pero no al general que obligó a Fernando VII a cumplirla ¿La ocultación de su figura y de su legado pretende borrar el pecado original de la dinastía borbónica?
—Hemos tardado la friolera cerca de dos siglos en tener un sistema político similar al que pelearon por conseguir Riego y Flórez Estrada. El proyecto de Constitución de 1809 del somedano, con el que intentó influir en el debate político en Cádiz, ya habla de parlamentos provinciales con autonomía, aquí va más allá, de discutir las leyes del ejecutivo. Muerto Fernando VII, la regente rehabilitó de aquella manera el nombre de Riego, en tiempos de Mendizábal, claro. Felipe VI habló con cierta perspectiva histórica sobre él en alguna ocasión, pocas. Pero creo que la ocultación de su figura y de su legado lo que pretende borrar en realidad es el pecado original de los liberales y progresistas, su poca ambición democrática en muchos momentos y sus errores tanto en la construcción del estado nación moderno como en la construcción desde mediados del XIX de la Historia de España que conocemos. La catástrofe es que tras la muerte de Franco nadie se haya preocupado de poner las cosas en su sitio. Ni siquiera desde Asturias. Así nos va…
—¿Quién está en condiciones hoy de reclamar la herencia de Riego y Flórez Estrada?
—Cualquier demócrata tanto desde Asturias como desde España y Europa.
—¿El asturianismo político debe mirar más a estas figuras ilustradas que los héroes procedentes de las brumas de las leyendas?
—Le va la vida en ello.
—Francisco Fernández del Riego, hijo de una sobrina de Riego, fue uno de los padres del galleguismo durante el siglo XX. ¿Ahí están también las huellas ilustradas?
—Tras escapar de la prisión en la que estaba recluido en Francia, había sido capturado tras la derrota del Ejército Asturiano en la batalla de Espinosa de los Monteros, Rafael del Riego emprende un azaroso viaje de vuelta a España. A comienzos de 1814 regresa por A Coruña y, en uno de sus primeros actos allí, jura la Constitución nada menos que delante de otro de los héroes del momento, Luis Lacy, que era Capitán General de Galicia. Las ideas ilustradas y antiabsolutistas habían calado fuertemente en ciertas capas de la sociedad norteña. De hecho, tras el periplo de la famosa Columna Móvil de Riego por Andalucía restaurando la Constitución tras el pronunciamiento del 1 de enero de 1820, las primeras revueltas importantes suceden en Galicia y poco después en Asturias. Eso es, en realidad, lo que asusta a Fernando VII, que acaba jurando la Constitución y dando paso al Trienio.
—El libro no es únicamente rupturista en el tratamiento de la figura de Riego, también lo es lo formal. ¿La huella de su faceta como guionista y director de cine?
—Ciudadano Riego tiene en su origen una película, el cortometraje Un fantasma recorre […] (2019). Y en mi anterior libro, la estrategia del roble (FICX, 2022), ya ensayé una forma intermedia pero desde lo poético. Sin la labor de montaje cinematográfico desarrollada en los últimos años creo que no podría haber articulado con coherencia la estructura del libro. Fue muy importante la experiencia formal de otra película, Hilos (2022). En ella, más que la idea de guion, trabajé el texto literario con toda la ambición que pude desde lo fragmentario. Esa experiencia también está presente, estilística y argumentalmente, en el propio ensayo. Es probable que este nuevo libro aglutine, de alguna manera, todo lo aprendido y explorado en los últimos años de trabajo.