Juan Luis García, sumiller: «Somos mucho más que una persona que recomienda vinos; transmitimos cultura, territorio y emociones»
Sabe bien
El sumiller de Casa Farpón Asador, quinto clasificado en el Top 100 Sommeliers España 2026, reivindica el papel de la sala y defiende una profesión cada vez más cercana al cliente
14 Jul 2026. Actualizado a las 05:00 h.
La gastronomía de alto nivel ya no se entiende únicamente desde la cocina. La sala ha ganado protagonismo en los últimos años y, con ella, figuras como la del sumiller, cada vez más presentes en la experiencia que vive el cliente alrededor de una mesa. Juan Luis García Ruiz, sumiller de Casa Farpón Asador, es uno de los mejores ejemplos de esta evolución. El profesional, murciano de nacimiento y asturiano de adopción, acaba de ser reconocido como el quinto mejor sumiller de España en el Top 100 Sommeliers 2026, un logro que recibe con orgullo y emoción, pero que considera resultado del esfuerzo «compartido». En la entrevista concedida a La Voz de Asturias, Juan Luis García reflexiona sobre la transformación de la sumillería, la creciente cultura del vino en Asturias y la importancia de escuchar al cliente, comunicar con cercanía y seguir aprendiendo en una profesión donde la excelencia se construye cada día.
—Acaba de alcanzar la quinta posición en el Top 100 Sommeliers España 2026. ¿Qué significa para usted este reconocimiento y cómo recibió la noticia?
—Lo recibí con una enorme alegría y también con mucha emoción. Cuando uno trabaja cada día intentando hacerlo lo mejor posible, nunca piensa demasiado en los reconocimientos, pero cuando llegan tienen un valor muy especial. Estar entre los cinco mejores sumilleres de España es un orgullo enorme porque detrás hay muchos años de esfuerzo, estudio, viajes, experiencias y también sacrificios personales. Además, lo vivo como un reconocimiento compartido. Pienso en todas las personas que me han acompañado durante estos años: compañeros, clientes, productores, bodegueros, maestros y amigos que han contribuido de una forma u otra a mi crecimiento profesional.
—Detrás de un premio de este nivel hay años de formación, experiencia y esfuerzo. Si mira atrás, ¿cuáles han sido los momentos clave de su trayectoria profesional?
—Creo que los momentos más importantes han sido aquellos en los que decidí salir de mi zona de confort para seguir aprendiendo. La formación ha sido una constante en mi carrera, pero también lo han sido los viajes, las visitas a bodegas y el contacto directo con productores de diferentes zonas. Otro momento decisivo fue mi llegada a Asturias. Aquí encontré una gastronomía vibrante, profesionales extraordinarios y la posibilidad de desarrollar una carrera que me ha permitido crecer tanto a nivel profesional como personal.
—Nació en Murcia y lleva años desarrollando su carrera en Asturias. ¿Qué le ha aportado esta tierra desde el punto de vista profesional y personal?
—Asturias me ha dado muchísimo. Llegué atraído por una gastronomía que admiraba y acabé encontrando una tierra donde desarrollar mi proyecto profesional y mi vida personal. Es una región con una identidad gastronómica muy fuerte, con grandes productores y con una hostelería que entiende muy bien la importancia del producto y del servicio. Aquí he tenido la oportunidad de crecer, de aprender y de sentirme parte de una comunidad profesional que me ha acogido desde el primer día.
—En muchas ocasiones el protagonismo recae en la cocina, pero usted defenderá la importancia de la sala. ¿Cree que la figura del sumiller y del profesional de sala recibe hoy el reconocimiento que merece?
—Se ha avanzado mucho, pero todavía tenemos margen para seguir poniendo en valor la sala. La experiencia gastronómica empieza y termina en ella. Somos quienes recibimos al cliente, interpretamos sus gustos y le acompañamos durante toda la experiencia. Durante muchos años la atención se centró principalmente en la cocina, pero afortunadamente cada vez hay más conciencia de que una gran gastronomía necesita también una gran sala.
—¿Qué papel desempeña un sumiller en la experiencia gastronómica actual y cómo ha evolucionado esta profesión en los últimos años?
—Hoy el sumiller es mucho más que una persona que recomienda vinos. Somos transmisores de cultura, de territorio y de emociones. Nuestro trabajo consiste en escuchar, asesorar y conseguir que el cliente disfrute. La profesión ha evolucionado hacia una comunicación mucho más cercana. Antes podía existir cierta distancia o incluso cierta solemnidad. Ahora buscamos naturalidad, cercanía y hacer que el mundo del vino resulte accesible para todos.
—Asturias vive un gran momento gastronómico. Desde su experiencia, ¿ha aumentado también el nivel de profesionalización y especialización entre los sumilleres y los equipos de sala de la región?
—Sin ninguna duda. Asturias está viviendo un momento extraordinario y eso se nota también en la sala. Cada vez hay más profesionales formados, más inquietud por seguir aprendiendo y una mayor cultura del vino dentro de los restaurantes. Además, hay una generación joven que viene con mucha fuerza y con una mentalidad muy abierta, algo fundamental para seguir creciendo como destino gastronómico.
—¿Qué características considera imprescindibles para ejercer hoy la sumillería al más alto nivel: conocimiento técnico, capacidad de comunicación, sensibilidad con el cliente o quizá una combinación de todas ellas?
—La primera es la humildad. Después, la curiosidad y las ganas de aprender constantemente. El vino cambia, la gastronomía evoluciona y nunca se deja de aprender. Por supuesto, el conocimiento técnico es importante, pero también lo es la capacidad de comunicación, la empatía y la sensibilidad para entender qué necesita cada cliente. Al final, trabajamos con personas y para las personas.
—Es el sumiller en Casa Farpón Asador y, por tanto, una figura clave del restaurante. ¿Hasta qué punto un reconocimiento individual es también el reflejo del esfuerzo colectivo de todo un restaurante?
—Para mí es imposible separar una cosa de la otra. Este reconocimiento lleva mi nombre, pero detrás hay un equipo extraordinario que trabaja cada día para ofrecer la mejor experiencia posible. Casa Farpón es un proyecto en el que todos remamos en la misma dirección. La cocina, la sala, la dirección y cada miembro del equipo son parte fundamental de cualquier éxito que podamos conseguir.
—El consumidor actual se interesa cada vez más por el vino, pero también busca experiencias cercanas y auténticas. ¿Cómo ha cambiado la relación entre el sumiller y el cliente en los últimos años?
—Ha cambiado muchísimo. El cliente actual quiere participar, preguntar, descubrir y aprender. Ya no busca únicamente una recomendación; quiere conocer la historia que hay detrás de una botella. Eso nos obliga a ser más cercanos y a comunicar mejor. Hoy la figura del sumiller debe ser accesible y capaz de generar confianza desde el primer momento.
—Después de este importante reconocimiento nacional, ¿qué retos y objetivos se marca para el futuro a nivel profesional?
—Mi principal objetivo sigue siendo aprender. Creo que cuando uno piensa que ya lo sabe todo empieza a quedarse atrás. También me gustaría seguir contribuyendo al crecimiento de la sala y de la sumillería en Asturias, ayudando a que esta profesión siga ganando visibilidad y reconocimiento.
—Si pudiera sentarse a brindar con el Juan Luis García que daba sus primeros pasos en la profesión, ¿qué consejo le daría? ¿Y qué mensaje trasladaría a los jóvenes que empiezan ahora ese mismo camino?
—Le diría que disfrute del viaje, que tenga paciencia y que nunca pierda la curiosidad. Muchas veces nos obsesionamos con llegar lejos y olvidamos disfrutar del camino. A los jóvenes les diría que escuchen mucho, que sean humildes y que aprovechen cada oportunidad para aprender. Esta es una profesión maravillosa porque te permite conocer personas, historias y lugares únicos. Si se trabaja con pasión y constancia, las recompensas terminan llegando.