El aire sucio que preocupa a los gijoneses
Gijón
Colectivos vecinales y ecologistas valoran el aumento de la conciencia social ante la contaminación y sus consecuencias
20 May 2016. Actualizado a las 05:00 h.
Son varios los hechos verificados sobre la contaminación del aire que respiran los gijoneses. Primero, y yendo a los informes de la Unión Europea, Gijón siempre ha estado en el punto de mira por la concentración de industrias pesadas en la zona oeste del concejo. Por ejemplo, en octubre de 2014, cuando la Comisión Europea (CE) dio dos meses a España para proteger a los ciudadanos de la polución, se mencionaba expresamente a Gijón, junto con otras zonas de Andalucía y Barcelona, para alertar de la «exposición continua o casi continua a niveles excesivos de PM10 desde 2005 hasta, al menos, 2012». Otros estudios de la Agencia Europea de Energía incluso han calculado el coste millonario de la contaminación por empresas concretas.
Segundo, con un ejemplo del pasado diciembre, cuando el Gobierno asturiano activaba el nivel de prealerta (son tres niveles y este es el segundo) por contaminación. Entre las recomendaciones a los ciudadanos, se aconsejaba a quienes tuvieran problemas respiratorios que evitaran realizar actividades que implicaran un esfuerzo físico al aire libre.
Tercero, las evidencias en forma de nubes no naturales que tiñen el paisaje. La última, anteayer, era de carbón.
Cuarto, un estudio del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) de Austria, que se hacía público a principios de 2015, incluso apuntaba que Gijón sería una de las seis grandes ciudades europeas más contaminadas en 2030.
En 2014, el Gobierno asturiano implantaba un plan de mejora de la calidad del aire en Gijón y Carreño, cuya revisión acaba de salir a concurso y cuyos resultados en la atmósfera no acaban de convencer a quienes respiran en Gijón. Y es que algo que sí ha cambiado en estos años, probablemente debido también a las continuas noticias y evidencias sobre el cambio climático en todo el planeta, es que cada vez más gijoneses se preocupan sobre el aire que respiran.
«Al menos hace tres años no se hablaba tanto y se ha dado un paso en ese sentido. Aunque podamos situar el epicentro de la contaminación en la zona oeste, es un problema de Gijón sobre el que cada vez existe más preocupación. Algo se consigue simplemente con que hablen de ello, pero sabemos que es una lucha a medio y largo plazo», indica José Luis Rodríguez, miembro de la Federación de Asociaciones de Vecinos de la zona urbana y de la Plataforma contra la Contaminación de Gijón que se creaba hace dos años. «Hay más conciencia, más gente joven que se implica y que tiran de las riendas. Estamos viendo respuesta y eso es importante», añade.
La salud es una cosa seria y, con el boom de los estilos de vida saludable, sería de necios no plantearse si el aire que se respira también lo es.
¿Qué calidad tiene el aire de Gijón?
La respuesta es algo complicada. Si se toman los datos de las estaciones oficiales, un día como ayer, los resultados de los componentes contaminantes que se analizan son buenos o incluso muy buenos casi siempre. Sin embargo, quienes controlan estos datos a diario, como el portavoz de la Coordinadora Ecologista de Asturias, Fructuoso Pontigo, aseguran que no son buenos aunque los componentes analizados estén dentro de los parámetros permitidos por Europa, mucho más permisivos que los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sí han mejorado con los años, pero «no en proporción a los cierres industriales».
«De España somos los peores en PM10», indica Pontigo, refiriéndose a las micropartículas que se analizan por su alta toxicidad para el ser humano y que agravan la salud sobre todo de las poblaciones más vulnerables (ancianos, niños y jóvenes). Las de menos de 10 micras entran por la nasofaringe y, las de menos de 2,5 micras, que están consideradas las más tóxicas, llegan al riego sanguíneo. Que Gijón aparezca en los estudios como una potencia en estas partículas preocupa, y más cuando el nivel de prealerta que se establecía el pasado diciembre se debió a que durante varios días seguidos se superaron los parámetros máximos en una de las cinco estaciones públicas que miden la polución del aire y que está situada en la avenida de la Argentina.
Pontigo, al igual que otros miembros de la Plataforma contra la Contaminación de Gijón, también recuerda que existe un «claro efecto entre los ingresos por enfermedades respiratorias» y que la mayoría de las muertes prematuras que se achacan a la polución atmosférica son debidas a estas micropartículas.
¿Cuántas estaciones miden la polución atmosférica en Gijón?
Por lo menos 15, de las que seis son públicas y ofrecen datos de forma continua. El resto, pertenecientes a las empresas, pueden consultarse mayoritariamente a las 24 horas y se localizan en parroquias y barrios como Serín, San Andrés, Tremañes, Monteana o Viesques. El descontento de los colectivos vecinales y ecologistas con la distribución geográfica de estas estaciones es evidente y tampoco se fían de que los datos sean los que son.
Tanto Pontigo como José Luis Fernández Aguirre, tesorero de la Federación de Asociaciones de la Zona Rural Les Caseríes y miembro de la Plataforma contra la Contaminación del Aire de Gijón, insisten en que la ubicación de las estaciones no es la adecuada. «Existe un problema grave y es que están colocadas intencionadamente mal», asegura Pontigo, que apunta a la de Monteana como la que peores picos registra aunque «no la tienen en cuenta en los datos oficiales».
¿Qué mejoras ha implicado la puesta en marcha del Plan de Calidad del Aire?
La primera, sin duda, ponerlo en marcha. Mas si se tiene en cuenta que Europa contaba con que los países miembros implantaran medidas para proteger la salud de los ciudadanos desde 2005. Sin embargo, para quienes viven en la zona oeste, en áreas en contacto directo y palpable con la contaminación de las industrias cercanas y del puerto de El Musel, también las mejoras deberían ser palpables. Pontigo apunta a los parámetros laterales que evitarían que las corrientes de aire provocaran esas nubes de carbón y a otras medidas que sí dice están implementando en el puerto de Avilés.
Aguirre y Rodríguez, que viven en la zona oeste, hablan con sorna de los lavarruedas. «Tienen que ir más allá, las empresas tienen que realizar inversiones para contaminar menos», indica Rodríguez, que sí valora como un paso adelante que el Ayuntamiento de Gijón esté actualizando la ordenanza municipal de protección del medio ambiente. Pontigo también menciona que en la térmica de Aboño se haya acometido una inversión para construir una planta de desnitrificación que va a reducir en un 80% las emisiones contaminantes.
Pero las medidas del plan se siguen considerando insuficientes y se apunta a que la Administración regional debería destinar más personal a inspeccionar que se cumplan las normativas europeas y sancionar con más firmeza «para que no sea más barato contaminar que no contaminar».
«No deberían estar jugando con la salud de la gente. Cada día hay más datos concluyentes sobre el impacto de la contaminación del aire en la salud», insiste Pontigo, que recuerda que uno de los últimos estudios sobre las consecuencias del aire sucio en la salud lo ha elaborado la Consejería de Sanidad y se presentará próximamente.
¿Qué avances se han conseguido para reducir el aire sucio de Gijón?
Para quienes forman parte de la Plataforma contra la Contaminación de Gijón, el más evidente es que «el clamor es cada vez más popular». En esa labor de concienciación social, el colectivo tiene previsto aprovechar el próximo día mundial del Medio Ambiente (5 de junio) para realizar varias actividades en las inmediaciones de la Casa del Mar y la Empresa Municipal de Aguas.
«La sensación es contradictoria», apunta José Ángel Muñoz, que también pertenece a la plataforma, «por un lado vemos que hay más preocupación social sobre la calidad del aire y eso hace que haya más presión sobre las administraciones y se vean obligadas a ser más exigentes. Eso es bueno, pero el problema es difícil porque son empresas muy grandes y juegan con el chantaje del empleo».