La Voz de Asturias

«El reto del movimiento vecinal de Gijón es entender que no estamos solos en la ciudad»

Gijón

E.G. Bandera Gijón Presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos
Adrián Arias, a las puertas de la sede de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Gijón

«Los presupuestos participativos tenían visos de construir un espacio de participación muy ambicioso, pero están siendo un fracaso por la falta de iniciativa política», asegura el presidente de la FAV de Gijón, Adrián Arias

03 Oct 2016. Actualizado a las 05:00 h.

Adrián Arias (Gijón, 1988) ocupa desde marzo la presidencia de la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAV) de la zona urbana de Gijón. Este licenciado en Derecho es el mejor ejemplo del cambio generacional que, de un tiempo a esta parte (llámese 15-M), fluye de forma lenta pero imparable. Arias, además, procede de los movimientos estudiantiles, tiene experiencia en organizaciones juveniles y políticas (fue secretario de Organización de IU en Gijón) y se inició en el asociacionismo vecinal en La Camocha. Hace seis años, le invitaron a formar parte del equipo de la FAV y, tan sólo un año después, la anterior presidenta, Tita Caravera, le incluyó en su candidatura. Fue secretario durante cuatro años (los mandatos vecinales duran dos años) y, este año, Caravera le dio el relevo. «Una cosa es predicar y otra dar trigo, y ella siempre tuvo claro que, tras un proceso de aprendizaje, los relevos son naturales. Y es de agradecer, porque no siempre ocurre», asegura, insistiendo en ese agradecimiento.

A Arias no le gusta el término ciudadanía y prefiere vecinos y vecinas, «porque implica reivindicación y crítica, gente vinculada a su barrio y al carácter solidario de los barrios». Su caballo de batalla, dice, es conseguir que los movimientos vecinales de Gijón participen realmente en la toma de decisiones sobre la ciudad. «La participación no puede reducirse a dar un cheque en blanco cada cuatro años, sino que tenemos que crear herramientas de participación real y cotidiana, no anecdóticas», asegura, dejando claro que aunque se estrella todos los días contra el mismo muro, no se da por vencido: «Luchar por la participación colectiva de todos es una conquista fundamental. No hay fuerza más rompedora que el poder de lo colectivo».

-A sus 28 años, representa el mejor ejemplo de la regeneración en el movimiento vecinal de Gijón. ¿Están los jóvenes más interesados en participar?

-Hay activistas más jóvenes que están viendo en el movimiento vecinal una oportunidad de cambiar sus barrios y, por otro lado, creo que nos queda muchísimo trabajo por hacer ver a la gente joven lo útil que es el movimiento vecinal para sus barrios. Pongo un ejemplo paradigmático: Nuevo Roces, un barrio de nueva creación, en el que la mayoría de los vecinos son jóvenes y que, cuando empezaron a tener problemas, crearon una asociación de vecinos que ya está integrada en la FAV y en la que el más mayor tiene 40 años. Uno de mis objetivos es precisamente acercar la utilidad del movimiento vecinal superando la concepción de que los barrios ya no necesitan servicios públicos como antes porque, salvo Nuevo Roces, en la mayoría de barrios de Gijón ya se han conseguido, pero sí tienen problemas asociados a la segunda generación de vecinos y vecinas, como es la mejora de esos servicios públicos, que haya actividad cultural y festiva, que también es muy importante, y que haya dinamización en el barrio en definitiva. Cada vez vamos más a visiones globales, pero desde lo concreto, desde los barrios, es desde donde más se puede solucionar mejor la vida y los problemas de las personas.  El movimiento vecinal es la primera trinchera para solucionar las condiciones de la gente, construyendo además un cierto contrapoder a la institución.

-¿Cómo tiene previsto la FAV acercar esa utilidad del movimiento vecinal a los más jóvenes?

-Por ejemplo, hay un proyecto que tenemos en mente que se llama Para qué sirve una asociación de vecinos, que llevaríamos por los institutos. Por ejemplo, en cualquier barrio seguro que hay unos chicos a los que les gusta la música y que desconocen a qué recursos municipales pueden acceder, pues hay que hacerles ver que estar asociados y tener vínculo con la asociación de vecinos ayuda muchísimo en ese sentido. O si quieren recuperar las fiestas de su barrio, pues cómo hacerlo?

-Gijón tiene 30 asociaciones de vecinos en la zona urbana. ¿Cuántos asociados tiene el movimiento vecinal en la ciudad?

-Existe un cálculo que dice que entre 30.000 y 40.000 personas se mueven cada semana por las asociaciones vecinales. Eso no quiere decir que todas estén asociadas, pero sí pasan por una asociación de vecinos porque hay cursillos, excursiones y todo tipo de actividades. La asociación tiene una doble vertiente: un asociacionismo más reivindicativo, que debe ser punta de lanza de los movimientos sociales, y otra vertiente dinamizadora de la vida interna en los barrios. Por un lado, es el vínculo y ese contrapoder en los barrios a la institución, y también esa primera trinchera de solución a los problemas, a la que la gente recurre en lo más cercano. Y, por otro, la asociación dinamiza su barrio sustituyendo en cierta manera las actividades que debían ser impulsadas a nivel municipal, como son los cursillos de yoga, pilates, academias solidarias, excursiones, fiestas, magüestos... En Gijón hay una minoría que conoce en profundidad todos los recursos y todas las iniciativas que se realizan desde las asociaciones de vecinos,  que si tuvieran que ser asumidos por la Administración local serían inabarcables e inasumibles. Hoy en día, el movimiento vecinal dinamiza tanto o más, a nivel de barrios, que el propio Ayuntamiento de Gijón. Y qué decir de las fiestas de barrios que, durante el verano, prácticamente se impulsan todos los fines de semana.

-El equipo de gobierno de Foro ya ha cumplido su primer año de legislatura.

-Hay un hilo conductor entre ésta y la anterior legislatura. Creemos que hay una continuidad en la gestión que viene marcada por la falta de proyecto estratégico como ciudad, pero con una gestión ágil de los asuntos diarios que ya existía en la primera legislatura de Foro. Creo que Gijón no ha cambiado tanto, sigue faltando ese modelo de ciudad, pero las cuestiones diarias no hay una gran diferencia. Sí se evidencian síntomas de agotamiento y falta de iniciativa política para solucionar los grandes problemas e impulsar las grandes iniciativas.

-A diferencia de la anterior legislatura, hay una mayor pluralidad política en la Corporación, en la que Foro gobierna en minoría. ¿Eso favorece?

-La minoría y la pluralidad política de este ayuntamiento es una oportunidad que no están sabiendo aprovechar por lo que decía antes. No tienen un modelo de ciudad determinado ni saben a dónde quieren ir y les falta iniciativa y voluntad política para realizar las cosas. Cuando hablamos con miembros del equipo de gobierno, siempre hablan de proyectos a corto plazo y pequeñitos. Les falta la iniciativa política de tener en mente un modelo de ciudad para los próximos 10 ó 15 años, aunque haya sido consensuado en el plan estratégico. Los gobiernos anteriores sí tenían un modelo, que nos puede gustar más o menos, pero sí se definía hacia dónde se quería transitar. Por ejemplo, se tenía muy claro que querían que hubiera centros municipales integrados en cada distrito o recursos deportivos en cada barrio.

-Tampoco están demasiado contentos con cómo se ha desarrollado la participación ciudadana en los presupuestos participativos para 2017.

-Son el paradigma de lo que estoy diciendo. El gobierno local tiene iniciativas pero luego no tienen un modelo de ciudad y, por lo tanto, ni de participación determinada ni la voluntad ni la iniciativa política para que salgan adelante. Los presupuestos participativos eran el primer proyecto en el que iba a haber una votación presencial y que tenía visos de construir un espacio de participación ciudadana muy ambicioso, que no se había dado con anterioridad. Sin embargo, son un fracaso en ese sentido; conocen perfectamente lo que quieren hacer pero les falta iniciativa política para llevarlo a cabo. ¿Qué quieren conseguir? ¿Lo saben?Nosotros sí lo sabemos: que todos los vecinos y vecinas de Gijón participen en el proceso en el que se decide el destino de sus ingresos. Que debatan colectivamente, que saquen conclusiones y que, además, se refrenden en votaciones presenciales, a poder ser vinculantes. Queremos que salga el proceso participativo no para que nuestro ayuntamiento sea muchísimo mejor, sino para que esa participación sea real y no nos dediquemos sólo a pasar cada cuatro años por las urnas y dar un cheque en blanco. El año pasado hicimos unas jornadas de participación ciudadana, en la que estaban todos los grupos municipales, y creo que quedó claro que el gobierno de una ciudad debe ser codecidido. Y es una larga reivindicación del movimiento vecinal.

-¿Qué va a pasar ahora, que se han recortado los plazos, con los presupuestos participativos?

-Esta semana va a ser la resolución. Como movimiento vecinal, estamos bastante molestos porque ha sido una decisión que no se ha tomado en el órgano competente para ello, que nos habíamos reunido en el verano y que es la mesa de los presupuestos participativos. La modificación del calendario fue una iniciativa de la concejala Eva Illán. El resultado de esta decisión, sin ser oráculo, es que va a salir mal, va a tener unos resultados muy negativos y corremos el riesgo de volver a espacios de participación ciudadana totalmente obsoletos y que no representan para nada a la mayoría de los vecinos y vecinas que no participan por las razones que sean. Todas las iniciativas que les hemos planteado en este sentido, las han desechado. La participación colectiva en los distritos, por ejemplo, siempre ha sido eficaz, ha tenido una continuidad y nunca se ha perdido. ¿Hay que mejorarla? Por supuesto. ¿Qué hay que adaptar el modelo? También. Las herramientas hay que adaptarlas a quienes tienen que utilizarlas. Y también falta información porque aún no se conocen a fondo los recursos que tenemos a mano para solucionar problemas que afectan directamente a sus vidas.

-¿Cuáles son ahora las principales prioridades de la FAV?

-La principal prioridad es encontrar la fórmula de acercar a la gente joven al movimiento vecinal, ampliar nuestras fronteras de actuación y vincular a muchísima más gente. Es cierto que en una ciudad como Gijón se mueven muchísimos movimientos sociales y una de las iniciativas que siempre me ha trasladado la anterior presidenta, Tita Caravera, era el lema de ‘no estamos solos en la ciudad’. El movimiento vecinal si quiere ser realmente transformador, que es su ADN, tiene que relacionarse con todo lo que se mueve en una ciudad, tengan una estructura tradicional o novedosa. Tenemos que entender ese lema de que no estamos solos en la ciudad. Somos muy importantes por nuestra trayectoria, puesto que el movimiento vecinal es un actor fundamental en las transformaciones que se han dado en Gijón, pero a día de hoy hay muchos movimientos y nuestro reto es vincular una colaboración estrecha con todo lo que se mueve en Gijón.

-¿Cuáles son las grandes preocupaciones de los gijoneses?

-Evidentemente el paro, y añadiría dos elementos fundamentales que no se mencionan cuando se habla de desempleo y que son la temporalidad y la precariedad del empleo. Las condiciones laborales a día de hoy son lamentables. También preocupa la contaminación, que es algo que está muy vinculado a la plataforma contra la contaminación en Gijón de la que somos parte y creo que el vínculo entre el movimiento vecinal y ecologista está siendo muy importante y fundamental. Gijón, además, tiene sin resolver las grandes infraestructuras que nos convierte en la única ciudad al menos del norte de España, con casi 300.000 habitantes, sin una estación ferroviaria digna y con una estructura de transportes tercermundista. No tenemos intermodalidad y una estación de autobuses en medio de la ciudad que responde cuando menos a intereses curiosos, por no hablar del metrotrén, del tunelón y de todo lo relacionado con el plan de vías, en donde englobo también la penetración ferroviaria, soterramiento de vías y solución de la intermodalidad entre el tren y el autobús. Todo junto. Hay una cuarta preocupación, que es el modelo de ciudad que queremos construir en los próximos años, con todos los temas de movilidad, urbanismo, cómo proyectarla a nivel cultural, social, qué turismo queremos? Esto está en la mente de todos pero como no es algo concreto como una estación intermodal ni un gran problema como no tener trabajo? Pero lo tenemos en la mente, por ejemplo, cómo queremos que sean los conciertos de verano, que precisamente fue una de las iniciativas de participación ciudadana que quisimos impulsar. Que la gente pudiera decidir la programación del verano. Lo planteamos en una mesa de debate del plan estratégico de Gijón, pero ahí se quedó. No se tomó en consideración.

-En todo caso, hay un debate pendiente sobre los festejos de la ciudad?

 -Este verano llegamos al culmen. No se puede volver a repetir cosas como el festival que se hizo en el parque de Isabel la Católica cuando se tiene el parque de Hermanos Castro al lado para hacer esos eventos. Y las fiestas de los barrios, que se impulsan de manera altruista, están teniendo demasiadas trabas burocráticas, problemas de permisos, se reducen las subvenciones y el modelo tiende a la privatización. Existe una privatización encubierta y las fiestas de barrios y parroquias quedarán en manos de  tres o cuatro promotores. Y no  se puede privatizar el modelo de ocio de Gijón.

-¿En qué debates están inmersos ahora?

-En todos. La Federación de Vecinos es impulsora, construye y tiene opinión prácticamente sobre todos los proyectos del Ayuntamiento de Gijón como no podía ser de otra manera. Lo que tenemos ahora entre manos es, por un lado, la ordenanza municipal de Medio Ambiente, que no hubiera tenido ni impulso ni seguramente el mismo contenido sino hubiera estado trabajando el movimiento vecinal junto con el movimiento ecologista articulados en la plataforma contra la contaminación de Gijón. La ordenanza de Medio Ambiente sale adelante por ese trabajo y me gustaría citar a José Luis Rodríguez Peón, que es el portavoz en temas de medio ambiente de la federación. También tenemos por delante todo lo que tiene que ver con el modelo de ciudad: el plan de movilidad, el desarrollo del plan estratégico de la ciudad, el plan de vías y el Plan General de Ordenación.

 -El Plan General inicia precisamente su segundo periodo de información pública. ¿De ésta irá la vencida?

-Los planes generales siempre tienen dos problemas en todos los sitios. El urbanismo vincula la vida de las personas a unos niveles inimaginables. Por ejemplo, en el parque de La Serena, en donde urbanísticamente se decidió construirlo de una manera, con espacios cerrados que provocan problemas de convivencia. En los espacios abiertos es más difícil ese vínculo con comportamientos antisociales y simplemente por una decisión urbanística. Todas las decisiones urbanísticas tienen unas vinculaciones enormes con la vida de las personas. Y, por otro lado, son documentos tan complejos técnica, administrativa y jurídicamente que cualquier persona puede tumbar con una reclamación bien estructurada. Y eso sólo se cura con participación ciudadana. Pidiéndole a los vecinos y a las vecinas cómo quieren el urbanismo de su barrio van a tener la visión global de cómo se tiene que estructurar el urbanismo en la ciudad y si también participan en la construcción de un PG no tendrán que verse abocados a ir a un juzgado a hacer una reclamación individual. El segundo periodo de información pública va a servir sobre todo de fundamento. Es difícil que con un segundo periodo de alegaciones y de participación ciudadano alguien a nivel individual te tumbe un plan.

 


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