«¡Llevamos 20 años aquí y no tenemos nada que esconder, nos conoce todo el mundo!»
Gijón
La familia del detenido, muy conocida en el barrio, no daba crédito a lo que estaba ocurriendo
12 Oct 2016. Actualizado a las 09:31 h.
La salida de Abdellah O., custodiado entre fuertes medidas de seguridad y con el rostro tapado, tras el primer registro domiciliario hizo que se vivieran ciertos momentos de tensión en la calle Rosalía de Castro. Pasaban pocos minutos de la una del mediodía y, en los tramos más cercanos al inmueble en el que vivía el detenido, se abarrotaban curiosos, vecinos y familiares. Estos últimos se encontraban justo enfrente del portal, custodiados a su vez por algunos agentes de la Unidad de Intervención para evitar que se aproximaran al coche policial en el que se introdujo al detenido para llevarle al segundo domicilio registrado en la calle Venezuela. La mujer del detenido, muy afectada, gritó el nombre de su marido en cuanto le vio salir.
Una vez que los coches camuflados de la Policía abandonaron la calle se vivían los momentos mas tensos. «¡Llevamos 20 años aquí y no tenemos nada que esconder, nos conoce todo el mundo!», gritó en varias ocasiones una joven que se encontraba en el grupo de familiares, entre los que también se hallaban varios hermanos del detenido. Sus caras mostraban que no daban crédito a lo que estaba ocurriendo. La familia es conocida en el barrio, «estaban perfectamente integrados», aseguraron algunos vecinos que les conocen y que dijeron apreciar al padre del detenido, «muy trabajador, educado y que ya está retirado».
En todas las calles y comercios de la zona oeste la noticia corrió rápidamente y causaba gran conmoción entre los residentes, que no daban crédito. «Conozco al padre de hace muchos años, es cliente y parece increíble que su hijo haya sido detenido», indicó el dueño de un establecimiento cercano a la calle Rosalía de Castro.
Por la tarde, la mujer del detenido y uno de sus hermanos se desplazaron hasta las inmediaciones del domicilio de la calle Venezuela, en donde en un principio pasaron al portal para abandonarlo con posterioridad pocos minutos después y esperar en la calle el término del registro, que también fue seguido por numerosos vecinos de la zona. Seis horas y media después de haberse iniciado, la mujer volvía a despedirse desconsolada de su marido, que fue trasladado de nuevo fuertemente custodiado a Madrid, en donde pasará a disposición judicial en la Audiencia Nacional. Una vez que abandonaron el lugar, los parientes que fueron llegando pudieron acceder al domicilio.