Fallece el exconcejal de Gijón Francisco Sarasúa
Gijón
Fue elegido en la primeras elecciones municipales y contribuyó a la modernización de la ciudad en plena Transición
12 Nov 2017. Actualizado a las 21:40 h.
El exconcejal de Izquierda Unida en Gijón Francisco Sarasúa ha fallecido este domingo, 12 de noviembre. Sarasúa fue una figura de gran relevancia en la ciudad en la época de la Transición. La coalición ha trasladado sus condolencias a familiares, amigos y allegados.
Paco Sarasúa, nacido en 1953 en Gijón, aunque actualmente vivía en Barcelona. Era licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Deusto y fue uno de los miembros de la primera corporación democrática establecida en nuestra ciudad tras la muerte del dictador. Formó parte de la lista del Partido Comunista en las elecciones municipales de 1979 y resultó elegido edil con tan solo 26 años. Estuvo en la corporación durante dos legislaturas.
Tras las negociaciones con el PSOE, que fue el partido más votado, entró en el Gobierno Municipal del socialista José Manuel Palacio con la responsabilidad de Hacienda durante la primera legislatura democrática. Fue el encargado de diseñar los primeros presupuestos municipales de la democracia. «El trabajo de Sarasúa, junto con el de sus compañeros del PCE Andrés Costales, Víctor del Busto y Luis Felipe Capellín, fue decisivo para iniciar el proceso de modernización de Gijón», asegura IU.
Sarasúa fue el responsable del reordenamiento económico-financiero del municipio, una obra ingente en un municipio que salía del franquista. «Se encontró con superávit en las cuentas de una ciudad sucia y embarrada, sin un alcantarillado del siglo XX y poco amable con sus ciudadanos, prueba de la ineficiencia de los gobernantes del franquismo. Dedicó su trabajo a convertir Gijón en una ciudad marítima, industrial y habitable, principales puntos del programa del Partido Comunista en las elecciones de 1979», argumenta la coalición.
A lo largo de su trayectoria, contribuyó a la recuperación del Cerro de Santa Catalina. También facilitó recursos para mejorar el urbanismo gijonés, caracterizado en los años 70 por el barro y la suciedad, con lo que se pudo emprender el arreglo y asfaltado de muchas calles de las zonas periféricas, entonces simples caminos en el mejor de los casos.