Paga a los 26
Opinión
07 Aug 2016. Actualizado a las 09:08 h.
Qué extraña es la ley. Qué difícil resulta a veces entenderla. La burocracia y sus normas son a veces una red espesa que tiende el sistema para protegerse de las personas. Por ejemplo, la estafa perpetrada por los bancos, que vendieron participaciones de un capital podrido que ya no tenían. Los viejos ciudadanos ejemplares desposeídos de sus ahorros con la ley en la mano. Como dice Stefan Zweig en El mundo de ayer, que un día te descubre esa persona que te conoce mejor que tú: antes de 1940 el hombre solo tenía cuerpo y alma; ahora necesita un pasaporte. Un papel, o una cuenta bancaria, o un teléfono móvil o un real decreto que dé cobertura legal a lo que a veces es estupidez institucionalizada.
Porque habrá una explicación jurídica que lo aclare, incluso circunstancias familiares que le den matices a la historia, pero que una sentencia obligue a un padre a pagarle 300 euros al mes a sus hijos de 21 y 26 años, este ya con descendencia, es una extravagancia judicial que paraliza.
Paraliza una sociedad esclerotizada en la que una persona en el mejor momento de su vida exprime el limón de la Justicia para prorrogar la infancia de paga dominical y mesa puesta.
Paraliza una sociedad en la que la falta de oportunidades concede excusas despreciables a quienes prefieren vegetar sin enfrentarse a la dureza de la vida.
Paraliza una sociedad en la que la vendimia en Francia se llena de licenciados españoles. Escuadrones de frustración que destilan un mosto perverso. La quiebra del sistema educativo como garantía de bienestar y una universidad en la que el ascensor social permanece averiado han convencido a muchos de que es mejor ser pensionista que ciudadano, hasta conformar un paisaje de vidas a medias que contamina también el orden jurídico y en el que algunos chapotean con gusto.