La Voz de Asturias

Sólo palabras

Opinión

Luis Ordóñez

09 Oct 2016. Actualizado a las 05:00 h.

Hay una marca de pantalones que se anuncia estos días con una pregunta «¿Por qué tantos emprendedores usan pantalones tal?». Me tiene fascinado el cartel, por muchos motivos. Primero ¿será cierto que tantos emprendedores visten esos pantalones? No podría asegurarlo, los que veo más bien se ponen un traje formal que tiene pinta de haber sido adquirido en un centro comercial, del mismo corte y porte de los jefes de planta que los venden. En la foto de cartel tampoco hay muchas pistas que nos indiquen por qué los dos mozos de la imagen son emprendedores y no, simplemente, unos pijos.

Lo maravilloso es la construcción del concepto de emprendedor, de unos lustros a esta parte. Antes había empresarios (y empresa era antes de la revolución industrial sinónimo de aventura) pero se fue desgastando el término a fuerza de constatar que la mayor parte de ellos tenía muy poco, por no decir nada, de pioneros aventureros sino más bien (como sigue ocurriendo en la actualidad) herederos de la fortuna familiar; porque no hay nada mejor en este mundo de libertad de mercado en el que cada cual cosecha lo que se labra que partir con unos cuantos millones de ventaja.

A grandes rasgos, y según el zeitgeist, se pueden distinguir a los empresarios de los emprendedores porque los primeros tratan de pagarte lo menos posible porque «la cosa está muy mal» y los segundos lo que te ofrecen directamente es no pagarte nada por el trabajo, no en una empresa sino en una «start up», más allá del «prestigio» y la «promoción» por regalarles tu esfuerzo. Todo con una sonrisa y muchos circunloquios en inglés que ni ellos mismos entienden pero que se los dijo el «coach».

Los emprendedores no llevan corbata (que se llama así porque era un lazo que llevaban los soldados croatas en el siglo XVII) porque a ellos les parece una cosa viejuna y reaccionaria. Esta opción estética es, de hecho, la única concesión de los emprendedores para con (lo que ellos entienden por) la modernidad, en el resto de asuntos son exactamente igual de negreros que los patrones de chistera y puro de las viñetas de humor. Aunque no fuman porque comen soylent y no llevarían sombrero a no ser que se ponga de moda. En su mundo a comer de la basura se le llama ser «freegano» y a compartir piso porque la renta es prohibitiva y los salarios de miseria se le llama «cooliving».

Esta nueva clase social es especialmente afortunada de no tener a nadie enfrente porque tampoco existen ya los obreros, sino los operarios, te tienen por un antiguo si mencionas una cierta dialéctica ideológica porque nos basta con «arriba y abajo» y, desde luego, ya no hay trabajadores porque todo el mundo es «clase media trabajadora» lo mismo la pobre mujer herniada de hacer camas a cuatro duros la habitación en un hotel de lujo que el señor con una cadena de cuatro locales de hostelería o similar pero que no tiene empleados porque todos son falsos autónomos. De hecho igual esos cuentan como emprendedores. Que aproveche.  


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