La Voz de Asturias

El martes verde

Opinión

Luis Ordóñez

13 Nov 2016. Actualizado a las 05:00 h.

El martes EEUU votó de forma mayoritaria a Hillary Clinton, la primera mujer con opciones de ser presidenta y candidata del partido Demócrata. No me miren así. es la verdad. Clinton ganó en voto popular aunque el presidente será Donal Trump porque el sistema de elección es por representantes de los estados en un Colegio Electoral, es un sistema mayoritario y no proporcional de manera que, en determinados estados, el candidato con más votos (aunque sea uno de diferencia) se lleva a todos los representantes del estado. Sin duda, tiene que haber un montón de columnistas conservadores en España que están mudos de espanto porque no gobierne en candidato más votado, lo que demuestra sin duda alguna que EEUU no es una democracia, están tan mudos de espanto que no han dicho una palabra. Por supuesto que EEUU es una democracia, cada uno tiene su sistema y ya conoce las reglas antes de meterse en faena. Es una superpotencia industrial, que lidera la exploración de los límites del sistema solar y, a la vez, vota en martes porque su modelo nació a finales del siglo XVIII en una sociedad de granjeros en la que era indiscutible que el domingo se reservaba a la iglesia y el lunes para el mercado. Tras las elecciones de noviembre, el presidente electo jurará su cargo tres meses después y no antes porque, en el momento en que nació la república, ese periodo fue el cálculo realizado por los padres de la patria para que un candidato pudiera llegar a caballo desde el punto más lejano de los 13 estados originales a la capital.

En este país de enormes contrastes, la noche del martes se dio el mandato del Ejecutivo a un candidato que hizo gala durante la campaña de las más aberrantes expresiones de machismo y xenofobia y también, en cinco estados se votó la legalización de los usos recreativos de la marihuana, una iniciativa que venció en tres de ellos. La marihuana ya es legal en California, Massachusetts y Nevada; que se une a los estados donde ya lo era: Oregón, Washington, Colorado, Alaska y el distrito de Columbia. Son ya más de la mitad de los estados de la unión en los que, además, ya es legal el uso terapéutico del cannabis para tratar numerosas dolencias. Es un debate que ni siquiera está abierto en Europa y mucho menos en España, y cada vez es más urgente afrontarlo con decisión.

El pionero en tomar esta medida fue Colorado, donde la legalización de la marihuana ha supuesto la creación de 18.000 puestos de trabajo a tiempo completo (vamos a repetirlo otra vez: 18.000 puestos de trabajo que no son temporales) y un beneficio para la economía de la zona de 2.390 millones de dólares. La recaudación por los impuestos a la venta de la marihuana en Colorado se dedica a inversiones en educación (es un tributo finalista); una tendencia similar a la que se ha repetido en otros estados donde además se ha podido invertir en programas para la lucha contra las adicciones.

Legalizar la marihuana no arregla los problemas de las drogas por arte de magia, y tampoco impide que quienes hacen un uso irresponsable de su consumición de forma clandestina vayan a mejorar sus hábitos por hacerlo en un mercado regulado. Pero supone una enorme pérdida de ingresos y poderío para el crimen organizado a la par que la administración aumenta sus ingresos, se crean puestos de trabajo y se lleva un gigantesco movimiento de dinero del mercado negro a la legalidad. ¿Qué no podría hacer España --una superpotencia del turismo a nivel mundial-- con una legalización ordenada, siguiendo nuestro propio modelo sin tener que copiar a otros, que sirviera de estímulo para nuestra economía? ¿cuántos puestos de trabajo podría crear, qué cantidad se podría recaudar por su venta para las arcas públicas para ser destinada a nuestro sistema educativo, al sanitario, a otros servicios públicos? No es un debate que esté sobre la mesa, de hecho el Ministerio del Interior nos anuncia cada semana la detención de algún pringao con cuatro o cinco plantas en un invernadero como si fuera el mayor de los golpes contra la mafia internacional. ¡Qué dispendio de esfuerzos y recursos!

No todo EEUU es Trump, ni mucho menos. En nuestras sociedades conviven movimientos de absoluta vanguardia con posiciones tan reaccionarias que pensábamos que habían quedado enterradas medio siglo atrás. No hay por qué conformarse.

 


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