El rojo
Opinión
27 Feb 2017. Actualizado a las 08:08 h.
El Diccionario de la RAE recoge dos acepciones políticas de la palabra rojo: izquierdista, especialmente comunista, y republicano en la Guerra Civil española. Habría que añadir una más, acuñada por el presidente aragonés, Javier Lambán, el mismo que dijo que Susana Díaz está tocada por los dioses del socialismo y la política, que ha denunciado la «deriva roja» de Pedro Sánchez. La nueva definición es un término que aplica un socialista a otro para descalificarlo. Este barón parece decidido a hacerle la campaña gratis al ex secretario general. Es difícil recibir un mayor regalo que ser tildado de rojo por un fan de la presidenta andaluza, que, más hábil, se ha apresurado a decir que todos los socialistas son de izquierdas. Ante la avalancha de críticas recibidas, el propio Lambán tuvo que recular y asegurar que él también es rojo. Aunque para Abel Caballero, también susanista acérrimo, el PSOE no es la izquierda, sino la socialdemocracia. Este lío ideológico solo beneficia a Sánchez, que al potente relato emocional del «no es no» puede añadir el de ser un rojo peligroso, con lo que eso vende entre buena parte de la militancia. De hecho, los sanchistas ya se autocalifican con orgullo de rojos. Es indudable que Sánchez está imponiendo los marcos de la discusión política, que diría Lakoff. El debate está donde pretendía. Ahora se trata de ver quién es más o menos rojo y de izquierdas. Su ejercicio de transformismo ideológico, de pactar con Ciudadanos a cortejar a Podemos, está logrando, gracias a la inestimable ayuda de algunos barones, el objetivo que buscaba: presentar las primarias como un duelo entre un PSOE de izquierdas, que él representa, y otro a su derecha y rendido al PP, el de la gestora.