La Voz de Asturias

Los incorrectos

Opinión

Luis Ordóñez

02 Apr 2017. Actualizado a las 13:01 h.

Lo que tenemos es a una chica que acaba de entrar en la mayoría de edad condenada por la Audiencia Nacional a un año de cárcel y siete de inhabilitación por haber publicado unos chistes sobre Carrero Blanco en Twitter. Eso es lo que hay, así de grotesco, este es el calibre del absurdo. En la sentencia se dice que distinguir el atentado de Carrero Blanco de otras matanzas perpetradas por ETA crearía distintas categorías de víctimas. Pero es que son distintas ¿de verdad es igual la masacre de Hipercor que el tiranicidio del segundo cargo de la dictadura? ¿están al mismo nivel un concejal democrático de un pueblo como Miguel Ángel Blanco al que secuestran y meten un tiro en la cabeza que un torturador como Melitón Manzanas, colaborador de la Gestapo durante la IIGM? Ni siquiera las bandas que cometieron esos atentados eran realmente las mismas, no ha habido ningún afán aquí del tribunal por defender la dignidad de las víctimas sino una indisimulada intención de escarmentar pero ¿a quién y por qué?

Sólo hace unas semanas que ETA anunció su cese definitivo y su intención de entregar las armas y no le dimos más importancia que a otras noticias del ámbito cotidiano, que a algún chascarrillo en los escaños del Congreso; nos pareció menos relevante que las bromas sobre el busto de bronce de Cristino Ronaldo en Madeira, la verdad que nos da ya un poco igual mientras no maten. Y sin embargo, la AN está más activa que nunca, entregada a encarcelar e incomunicar a dos personas por lo que aparecía escrito en una pancarta que llevaban unas marionetas, a enjuiciar chanzas sobre Carrero Blanco que se llevan haciendo desde los años 70, que están publicadas en libros. Ya se condenó a otro chico por poner junto a un fotograma de la película Operación Ogro (porque no, no es una foto del atentado de verdad, no hay ninguna del coche por los aires) el lema de Buzz Lightyear en Toy Story: «¡Hasta el infinito y más allá!». El fiscal que pidió esa pena de prisión, Carlos Bautista, es el mismo que había creado una cuenta falsa en Twitter para criticar a sus compañeros y superiores de la Audiencia. La borró y se llevó una reprimenda. Pero todos somos iguales ante la ley.

Quién sabe si, en el futuro, y ojalá sea así, llegue un correctivo por parte de los tribunales europeos. No sería el primero ni mucho menos, porque hay que recordar que si hoy los bancos están pagando el fraude de las cláusulas suelo es gracias a Estrasburgo y no a un Tribunal Supremo que quiso poner la retroactividad en un punto intermedio como si el fraude no lo fuera desde el minuto uno. Los bancos y Carrero Blanco parece ser que son los límites de actuación de las más altas instancias judiciales en España y eso sólo habla de la escasísima calidad de esta democracia.

Pero, claro, hay que vestir el desproprósito y no sobran plumas ni majaderos para tratar de justificar todo esto en nuestra «droite divine», esa suerte de columnistas carcas pero modernos. Que decimos que lo son porque no llevan correajes por encima de la camisa y tampoco se creen realmente la transubstanciación de la hostia de pan ácimo en la carne de Cristo, pero oye si le molesta al rojerío, decimos que sí y a mí la legión.

Son los «políticamente incorrectos» porque están aquí para decir en voz alta lo que todas esas feministas y maricones ya no nos dejan decir como antes. Se creen muy valientes por recuperar los chistes de enanos y gangosos de Arévalo, realmente se creen que viven «una dictadura progre» en la que «te persiguen por ser heterosexual». Pueden decirlo a voces, pueden arrancarse la camisa y enseñarnos que son muy pecholobos. La verdad es que aquí a quien se juzga y condena es una chica transexual por hacer chistes de la dictadura de verdad, la que fusilaba a gente, la que tenía cárceles con barrotes que no eran metafóricos. Ay, los incorrectos, qué fácil es jugar a ser la resistencia cuando realmente no arriesgas absolutamente nada, qué cobardía, qué cutrerío todo, qué carcunda nacionalcatólica hay que aguantar con la boca llena de bravatas que nunca, jamás, bajo ningún concepto, dirige sus dardos contra alguien realmente poderoso. Porque ahí sí que hay peligro.


Comentar