La Voz de Asturias

Una distopía que empieza

Opinión

Luis Ordóñez

14 May 2017. Actualizado a las 11:19 h.

Una vez leí una entrevista a Albert Rivera en la que detallaba sus gustos literarios dejando de lado la ciencia ficción. Hay un cierto engolamiento en la gente que desprecia este género, o el de fantasía, como un divertimento menor que, al final, acaba poniendo de relieve sus carencias. Pasa lo mismo con los que no le dan el valor que merece a los cómics, como pasaba antiguamente con el cine, o como está pasando ahora también con los videojuegos. Viene al caso todo esto porque, al fin al cabo, ¿no son estas obras unas de las que mejor nos preparan para los tiempos que nos ha tocado vivir? Esos que, decía el mago Gandalf, que no se pueden elegir aunque sí se puede decidir qué hacer con ellos.

¿Es poca distopía la que vivimos últimamente? Cerramos la semana con un ataque cibernético masivo del que aún se desconoce su verdadero origen y que ha afectado a cientos de empresas en todo el mundo. A la vez se suceden las sospechas por posibles interferencias en las elecciones de distintos países, ya sea por la difusión de noticias falsas --como ha ocurrido en la segunda vuelta de las francesas con la propagación de bulos sobre Macron-- o el mismo intento de sabotear los comicios que utilicen artefactos electrónicos (y es por lo que Holanda se atechó en las papeletas de toda la vida).

Pero hay algo, una tendencia que nos acompaña desde hace ya varios años, que mina el mismo sistema de representación política y que no ha terminado de señalarse con un diagnóstico global, porque las particularidades son muchas. Pero es muestra de un declive, uno que se advierte en muchas obras de ficción. Fue ya muy mal síntoma que, pese al repudio generalizado que a cualquier persona civilizada le despertaba Berlusconi, fuera apartado como primer ministro para poner sin pasar por las urnas a Mario Monti. Es verdad que no logró repetir mandato, y que Italia tiene un sistema político tan enrevesado que puede facilitar estas cosas, tanto que hasta Berlusconi fue antecesor de todo esto. 

Después llegó Trump, que fue aniquilando uno por uno a sus adversarios en las primarias republicanas al margen del partido hasta hacerse con la presidencia. El mismo Macron que ha ganado en Francia es un lider sin partido que, una vez ganada la presidencia de la república, tiene que improvisar ahora sus apoyos para los próximos comicios legislativos de la Asamblea Nacional.

En la antigua Roma republicana, en el punto inicial de sus conquistas, vencidos ya todos sus grandes enemigos de antaño en el Meditarráneo, comenzó un giro de pensamiento que apostaba cada vez más por los hombres fuertes con el apoyo del ejército frente a las instituciones del Senado. Fue un salto al imperio que mantuvo durante un tiempo la aparenciencia de respeto a las instituciones de la república pero que ya desde el intento fallido de Julio César, desde el primer gobierno de Augusto, dejó claro que había llegado un tiempo, que se extendería por siglos, de liderazgos personales.

Llegamos nosotros a una época en la que se acrecienta la desconfianza (muchas veces de forma interesada) a las ideologías para reclamar que las soluciones las tiene, por algún arte de magia, un señor que nos dice que ha sido elegido por el destino o algo así. No es preciso que nos avancen sus planes, ya irá improvisando sobre la marcha el mesías que es una suerte de encarnación de las demandas populares. Es peligroso, muy peligroso, y ya tenemos ahí pie y medio metidos. 


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