La Voz de Asturias

2020 no inicia la década del 20

Opinión

Eduardo García Morán

29 Dec 2019. Actualizado a las 18:32 h.

Un niño entra en una tienda de golosinas y pide 10. Sale y va al parque y, siguiendo la regla tipo benedictina que le repiten sus padres (que ellos no suelen seguir) de que «hay que compartir», el niño da una a cada uno de los 8 peques que le rodean suplicantes. Él no se desprende de la novena, que hay también que seguir el refrán «quien parte y reparte, para sí la mejor parte». Así que el número 9, el último en llegar, se queda lloriqueando y él se zampa 2

Esta resta (10-8-2=0) fue posible porque el tendero, al venderle las 10 golosinas, empezó a contar por el 1, porque de haberlo hecho por el 0, la cantidad que le entregaría al infante no sería superior a 9, y este, al repartir, solo dispondría de dos opciones, o complacer a los 8 primeros, no pudiendo él aplicarse el refrán (9-8-1=0), o dar la espalda al octavo y saborear 2 (9-7-2=0), porque, recalcamos, la bolsita contendría 9 chuches, no 10.

La razón de que la numeración se inicie siempre con el 1 estriba en que el 0 es igual a «nada». Por eso el dependiente contó 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10=10 unidades. Sin embargo, de haber utilizado el 0, contaría 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9=9 unidades, y el pequeñín se vería en la disyuntiva que hemos planteado al final del párrafo anterior.

Bien. Entonces, ¿por qué escribir acerca de lo que está «claro»? Porque lo claro cuesta a veces ser captado. ¿No es acaso claro que no existen espíritus, fantasmas, demonios, ángeles, destinos predeterminados? Pues no, no lo es, no está claro para todo el mundo. Y es aquí donde encaja el milenarismo, que en el año 999 produjo tanto espanto a los europeos, convencidos como estaban de que el fin del mundo llegaría en el 1000. En el 2000 la atención se centró más en discutir si el 1 de enero era todavía parte del siglo XX o el comienzo del XXl.

Lo que vale para los milenios, vale para las centurias y las décadas, lo que es de sentido común, sea lo que sea el sentido común. Una década está emparentada con las golosinas del niño, porque los dos son conjuntos cerrados de diez unidades. Es decir, el próximo miércoles, 1 de enero de 2020, pese a su redondez, pese a que termina en 20, pese a que la década siguiente es la de los años 20, pese a todos estos pesares, pertenece a la década de los años 10 del siglo XXI. Porque, de no ser así, la década perderá un año o, lo que es lo mismo, un niño se quedará con las ganas de una chuche.

Para que resulte más visible (clarísimo), vayamos al dominio de la geometría-tiempo, donde pintaremos una recta que se extenderá desde hoy hasta 4.600 millones de años atrás, y colocaremos un puntito muy cerca de nosotros, solo 2.020 años. Ese puntito marca el comienzo de la era cristiana, el antes y el después del nacimiento de Jesús de Nazaret.

Con el neonato al calor del pesebre, el tiempo empieza a correr: 1 minuto, 1 hora, 1 día, 1 mes, 1 año… Y es este su primer cumpleaños el «padre» de todas las confusiones: décadas, centurias y milenios. Porque de designar ese primer año, todo él, como año 0, la primera década de nuestra era no incluye el año 10, puesto que 0+9=10. Pero antes dijimos que 0=nada (0=0), de donde el primer año de vida de «Jesusito de mi vida» es el 1, no el 0, y 1+9=10.

Por consiguiente, tanto el niño humano como el niño divino, nos susurran a los adultos que el 2020 es el último año de la primera década del siglo XXI. La segunda, la de los años 20, que no será como los «felices 20» del XX, tendrá que esperar al 1 de enero de 2021. 

 


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