La Voz de Asturias

Test (rapidísimo) de coronavirus

Opinión

Marcos Martino

08 Apr 2020. Actualizado a las 05:00 h.

Intuyo que las hormigas sobrevivirán a la humanidad. Y las cucarachas. Entre otras muchas especies cuyas comunidades funcionan como un todo y por las que no tenemos la menor consideración en el mejor de los casos. No será por el coronavirus, no quiero ser catastrofista, sino por nuestra inercia autodestructiva. ¿Tú que crees?

¿Crees que esta calamidad, que pasará a formar parte de la historia, esperemos que no al nivel de la pandemia de gripe de 1918, nos permitirá comprender nuestra fragilidad  individual y como especie?

¿Piensas que, por el camino que llevamos, estamos preparados para afrontar las siguientes crisis en buenas condiciones? Si se puede decir que esta crisis nos ha desbordado globalmente, a pesar de que era previsible a medio plazo y de los avisos de su inminencia, ¿qué sucederá, por ejemplo, con la crisis climática? de la que tenemos evidencias sobradas y cuyas consecuencias, no por graduales menos preocupantes, se prevén devastadoras. ¿Se están tomando las medidas necesarias? ¿las estamos exigiendo? ¿o nos estamos mirando el ombligo capitalista y solo nos emplearemos a fondo en quejarnos de la incapacidad del gobierno de turno cuando las consecuencias nos empiecen a afectar de cerca?

¿Crees que hay relación entre quienes niegan toda crisis cuya prevención afecte a la extracción de recursos mediante la explotación del planeta y de sus habitantes y quienes, en esta crisis, utilizan a los muertos como arietes contra sus gobiernos cuando son oposición, y no tienen reparos en sacrificar a parte de su población para mantener el máximo nivel de extracción posible cuando son gobierno?

¿Qué estrategia crees que es mejor para conseguir cuanto antes una vacuna o material sanitario? ¿Competición o colaboración? ¿Y cuál de estas estrategias le conviene más que adoptemos a quienes especulan con fármacos y material sanitario? ¿Y a los que especulan con cualquier cosa, haya o no haya crisis?

¿Sabías que teníamos en este país tantos epidemiólogas, virólogos, neumólogas, intensivistas y expertos en gestión de crisis? Debe ser por eso, sesgos cognitivos aparte, que es tan difícil que se pongan de acuerdo en qué medidas se deben adoptar en esta situación excepcional, y en qué preciso momento. Tal vez la mayoría de los que no han sido convocados por las respectivas administraciones, graduados por la Universidad (del efecto) Dunning-Kruger, los de andar por casa, vaya, y parte de quienes sí han sido convocados, no entiendan qué es un sistema complejo y cómo los múltiples elementos que lo componen interactúan entre sí, en muchas ocasiones, de forma imprevisible e, incluso, invisible. Que no hay una ciencia exacta que dicte cómo afrontar correctamente una crisis de este tipo y que, aunque las decisiones deban basarse en un criterio multidisciplinar, son decisiones políticas, es decir, de establecimiento de prioridades. Y que esas prioridades responden a intereses que van influir en cómo se distribuye la presión que la crisis ejerce sobre los múltiples componentes del sistema, en cómo se distribuyen los costes entre la población; no solo económicos, también los electorales que, diría, entran en el cálculo de todos los gobiernos. Por tanto, qué medida, cuándo y dónde se aplica, tiene consecuencias que ni los más expertos pueden predecir con precisión, ni siquiera si no tendrán efectos paradójicos. Lo que no es óbice para que se los pueda criticar, por supuesto. Pero no es menos legítimo reclamar honestidad y denunciar la crítica espuria al servicio de los intereses de grupo del poder fáctico, trufada de prejuicio de retrospectiva (“Capitán A posteriori”).

Es en la medida en que el poder político se desmarque de la ilegítima influencia del poder económico para atender los intereses del conjunto de la población (que no es ajeno a los intereses económicos sistémicos vs. oligárquicos) en la que tendrá más posibilidades de proteger al mayor número de personas y no perjudicar más a los que menos recursos tienen.

Las preguntas de este “test” pretenden provocar una reflexión acerca de qué políticas queremos de cara a un futuro que nos planteará desafíos mayores que éste que nos mantiene confinados. Si políticas que priorizan la competición individual por la supervivencia o la colaboración; si políticas que incentivan la especulación o la solidaridad; si políticas que priorizan el lucro indiscriminado o la salud pública; si políticas que priorizan los negocios privados o los servicios públicos; si políticas que priorizan los intereses de grupo de los acaparadores de recursos o la preservación, en las mejores condiciones posibles, del planeta del que formamos parte y del que somos dependientes.

¿Y la próxima semana? La próxima semana hablaremos del gobierno.

 

 


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