¿A quién no le va a gustar Gastrollar?
Opinión
10 Nov 2022. Actualizado a las 05:00 h.
¿A quién no le va a gustar un congreso gastronómico sobre la cocina rural en la comarca de la Montaña Central de Asturias, a quién? Este congreso se llama GASTROLLAR, y acudir fue una gran experiencia de la que saqué grandes enseñanzas de todos los ponentes y varias conclusiones; quizá la más importante sea que si ya los españoles nos queremos poco, aún menos lo hacemos, o así lo demostramos, los asturianos. Somos incapaces de defender lo nuestro, de estar orgullosos de nuestras raíces, que no están en otro lugar que en los pueblos, y de comunicar y vender a los demás todo lo bueno que tenemos: en este caso la gastronomía rural.
Daba gusto escuchar a todos los que hablaron, de verdad. Ya les gustaría a muchos profesores universitarios, empresarios de otros sectores, periodistas, tertulianos y demás expresarse como lo hicieron muchos cocineros y productores, de mostrar sus proyectos, ideas y filosofía como ellos lo hicieron durante el congreso. Y esto se debe a que es gente que cree en lo que hace, que trabaja con ilusión, ganas y futuro; personas que echan horas estudiando y formándose, donde muchos lo deben todo a ese afán de conocimiento e inquietud junto a una actitud autodidacta. Aprende el que quiere, no sólo el que puede. Sólo transmiten su trabajo, lo acercan a quienes escuchamos: una forma de venta que se sustenta en el producto, la calidad, el curro y briznas de genialidad.
Un núcleo común une a todos los que hablaron, y son elementos que vienen a definir la idiosincrasia del mundo rural, y este se compone de la búsqueda del origen y la tradición; del importante peso de la familia y los tuyos; de un aprovechamiento consciente de los productos de cercanía y del amor y la entrega por lo que se hace y por el territorio.
David Remartinez (Periodista), en una de las mesas redondas, dijo: «Conciliación, sostenibilidad o economía circular son palabras que nos hemos tenido que inventar para volver a lo que era normal no hace mucho». Y es verdad, no estamos inventando nada nuevo, sólo es aplicar el sentido común. En este caso que se hablaba del comer, que siempre tiene que ser una fiesta y un momento de compartir y abrirse a los demás, podríamos empezar por eliminar los manteles individuales y volver a vestir las mesas como se merece, a compartir las cenas con los de casa, a cocinar de verdad en las casas. Instruyamos a los que vienen en la importancia del campo y la mar, a saber elegir el buen género cuando se va al mercado; porque hay que ir más al mercado sin el ‘super’ delante. No abandonemos esa cultura gastronómica que desde el más pobre al más rico tuvieron nuestros abuelos y padres: la importancia del guiso y de los cocidos como pilar fundamental. Sigamos y transmitamos esa grandiosa costumbre de celebrar en torno a una buena mesa.
Pocas cosas definen más la identidad y la cultura de un territorio que su gastronomía, y muchas veces no le prestamos la atención debida o directamente nos la cargamos. Como dice Miguel González (Restaurante Miguel González 1*): «¿Por qué reinventar? Prefiero revivir». Y ahora tenemos la oportunidad de hacerlo, pero sin las dificultades y problemas que tuvieron antaño. Ahora tenemos otros, pero bregando saldremos adelante.
Larga vida a GASTROLLAR. Aprendimos, comimos, bebimos y disfrutamos. Gracias a todos los que lo hicieron posible, esperando ansioso la siguiente edición.