La Voz de Asturias

Así te veo, pues así te trato: la imagen que proyectamos en los Premios Princesa de Asturias

Opinión

Álvaro Boro
El Rey Felipe VI (c) preside junto a la reina Letizia, (2d) la Princesa Leonor (2i) y la infanta Sofía (d) la 43º edición de los Premios Princesa de Asturias, este viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo.

01 Nov 2023. Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos días, gracias a los Premios Princesa de Asturias, tuvimos bastantes focos apuntando a Asturias y en especial a Oviedo. Focos y atención mediática que ni son tantos ni tan internacionales ni planetarios como muchos nos quieren hacer creer; ni ese acto insignificante y del que nos tenemos que sentir culpables según esa izquierda tan escorada que toca sus extremos. Los Premios son una de las mejores cosas que le ha pasado a esta región a lo largo de su historia, sobre todo de la más cercana: donde todo se acaba, va a menos, y el progreso que nos llega suele hacerlo mal y tarde. Y uno de sus grandes fuertes es el premiar la excelencia en diferentes ámbitos y sectores; un programa cultural  y divulgativo que hace llegar y muestra estos logros a la sociedad y la mezcla y colaboración entre entidades públicas y empresas privadas, algo que algunos ven mal porque sus prejuicios ideológicos no les dejan ir más allá.

Está claro que la Familia Real está presente y es un factor importante, los Premios sirvieron y sirven para refrendar su presencia y posición en la sociedad, su día a día y en España, sin olvidar que su comparecencia en el Campoamor es lo que asegura la de parte de patronos y su colaboración; algo que en el principio de esta iniciativa fue más importante y notorio y que ahora ya forma más parte de la tradición, porque la Fundación, con un trabajo impecable, aunque mejorable y susceptible de ciertos cambios, ha logrado dotar a los Premios de una importancia y relevancia palpables por encima de las figuras y el espectáculo de caras conocidas del Campoamor y de las copas en el Reconquista. Sin olvidar la exposición e importancia que tiene la parte de crónica social y prensa rosa.

Por todo esto y más, que cualquiera que esté al tanto de la actualidad asturiana cae en la cuenta, no deja de sorprenderme la imagen que proyectó, y pudo llegar a muchos que se acercaron esa semana, Oviedo y Asturias. Digo esto, porque varios amigos me preguntaron asombrados qué era ese decorado tan de función teatral de navidad que cubría la fachada del Hotel de La Reconquista, y no tuve más remedio que decirles que el famoso hotel y Bien de Interés Cultural, además de tener una gestión muy mejorable, parece que se cae a pedazos y de su parte delantera se desprendieron pedazos que fueron imposibles de reparar y que esa era la razón de semejante aberración; lo de que es de HOASA, una empresa del Principado de Asturias, me lo callé por vergüenza, pero aquí quiero señalarlo, porque es vergonzoso que se tenga así este edificio mítico.

Les llamó la atención el estado paupérrimo del Paseo de Los Álamos, «Cada año tiene más cemento y mengua el mosaico, de seguir así, en poco tiempo acabáis asfaltando todo»; y tuve que bajar de nuevo la cabeza y reconocerlo, y es que es una obra que siempre que salta a la palestra, desde hace muchos años y varios gobiernos, acaba posponiéndose y quedando en nada más que una propuesta junto a la infografía de rigor.

Y además de esto, que no son nimiedades, insisten en que Oviedo está más limpio y ordenado que con el tripartito, pero que no ha conseguido volver a ser esa ciudad lustrosa y señorial que les sorprendió hace tantos años; y esto es algo que varios empresarios y ejecutivos, que acuden aquí por trabajo y con regularidad, me han reiterado de forma continua.

También me dijeron que les fascinó La Vega, con su potencial increíble y Tabacalera en Gijón; que la Fundación hace unos programas de actividades muy buenos, pero que es una pena que se llenen tan pronto y que no pueda ir más gente; que se sienten siempre muy bien tratados y acogidos; que la ciudad idílica de los veinte minutos la tenemos aquí; que se come extraordinariamente y, aunque han subido algo los precios, sigue siendo bastante asequible; que hasta con lluvia luce nuestra tierra y demás elogios y reconocimientos.

Todo lo bueno que dicen y reconoce hace que uno se sienta orgulloso de ser asturiano -todo lo orgulloso que se puede sentir uno por nacer en un lugar por mera casualidad, que es muy poco si uno no es gilipollas-, y sobre todo de sus paisanos y de todo el trabajo de aquellos que hacen posible los Premios Princesa de Asturias. Aunque es de lo malo, de las críticas, de lo que ven y no les gusta tanto, de lo que tenemos que aprender, corregir y mejorar para que no se proyecte esta idea.

Cuidemos nuestros símbolos, nuestro patrimonio, nuestra cultura, y hagamos que los otros las conozcan, disfruten y quieran. La imagen, en todo, es importante, porque: así te veo, pues así te trato. Y sé que esto no está del todo bien, pero es la realidad: la imagen vende y en Asturias no estamos para desperdiciar estas oportunidades.


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