El Real Oviedo es inmortal
Opinión
21 Jun 2024. Actualizado a las 05:00 h.
El entusiasmo envuelve a Oviedo esta semana, brota a raudales por las esquinas, se desborda más que las calles bajo la lluvia violenta de este final de primavera y comienzo del verano. El entusiasmo y las ganas de una ciudad entera por ver a su equipo otra vez en Primera, por cerrar ese fatídico círculo del infierno, de dolor y sufrimiento, veintitrés años después de aquella última jornada en Mallorca. Los que nacieron -como yo- con el Real Oviedo en la élite jamás pensaron que esta singladura iba a ser tan larga y tan dura, pero los hechos demostrarían que aún quedaba mucho que padecer. ¡Y tanto! Cuántos se han ido sin ver a su equipo en los más alto, cuántos han llegado y sólo han visto resignación, cuántos pensaban que todo este camino sería imposible, cuántos quisieron muerto al equipo y trabajaron incansablemente para ello. Pero ya lo escribieron Campanella y Sacheri en el guion de El secreto de sus ojos: «El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión... Pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión». Y pasión es lo que sintieron, sienten y sentirán, todos los oviedistas por su equipo; por eso ha sido imposible acabar con el Real Oviedo: no sólo un equipo, una Institución de la que todos nos sentimos orgullosos. Escribía el otro día Nacho Azparren que este año ganan las camisetas del Oviedo entre los guajes que juegan en los parques, que veía las caras de asombro cuando fuera de aquí comentaba que hay muchos que se inscribieron antes en las oficinas del Oviedo que en el Registro Civil. Las pasiones, señores, se disfrutan y se contagian, por eso el Real Oviedo no se puede explicar. La razón jamás podrá entender los impulsos del corazón, y quién coño quiere que los entienda.
Una afición siempre fiel, vibrante, entregada y muchas veces tan sugestionada, sujeta a cábalas, que parece rozar la argentinidad. Si hasta casi tuvimos una bruja en nómina e hicimos de La Pixarra nuestro viejo Casale. A las puertas de la gloria, pero todavía sin nada. En esta espera agitada y entusiasta que hace que esto del fútbol sea algo tan maravilloso, sólo hay que mirar a los ojos chispeantes de los ovetenses para saber que es el momento: todos estamos a una y esta tiene que ser la ocasión. En Sarriá el RO se juega el partido más importante de su historia, lo del sábado frente al Espanyol es una final final.
Sea el resultado que sea, pase lo que pase, debemos estar orgullosos del equipo y de todas esas almas que hicieron esto posible. Si el Real Oviedo no se murió antes de llegar hasta aquí, no se muere más: es inmortal.